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La sagacidad de Enric Juliana




José Simón Gracia.- “El expresidente Puigdemont, instalado entre la vergüenza y el ridículo, empieza a sentir el fuego bajo sus pies. No estar encarcelado le está achicharrando”.

El separatismo todavía mantiene buen pulso en la calle, pero su discurso victimista cada día es más cuestionado. Nadie, más allá de incondicionales y mermados intelectuales, compra los presos políticos o la España franquista. Al contrario, dentro y fuera de España, aumenta la percepción de estar ante un relato fraudulento que pretende ocultar la falsificación de la historia, la malversación de fondos públicos, la violación de leyes fundamentales, la usurpación de funciones, la ruina económica, la fractura social, el engaño masivo, la rebelión, la sedición y la fuga.



Se escapan los votos con cada imagen de niños sentados en carreteras o en las vías del Ave; con cada piquete que violó impunemente el derecho a no hacer huelga; con cada lágrima regalada a los presos golpistas y hurtada a las víctimas de los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils; con cada empresa que abandona Cataluña; con cada escrache al CNP y a la Guardia Civil; con cada ofensa al Rey y a la bandera.

Tras el renuncio de la hooligan Carmen Forcadell, el procés está muerto y Carlos Puigdemont es, en Bruselas, un cadáver político en descomposición. Artur Mas, que nunca ha creído en la República catalana, lo sabe y por eso ha viajado a Bruselas -con pasaporte del Reino de España- junto a Marta Pascalpara entrevistarse con él e intentar convencerle de que la patria catalana necesita héroes y no cobardes. No sería de extrañar que el correoso abogado de Puigdemont acabara pidiendo al juez que su defendido sea entregado a las autoridades españolas antes de agotar los plazos.

Por el contrario, intuyo que Oriol Junqueras no tiene prisa por salir de la cárcel. Las circunstancias y los tiempos le son favorables para desalojar del Palacio de la Generalidad al caganer; nadie le perdonaría perder esta oportunidad de oro. Junqueras no necesita renegar de la República catalana ni aceptar el 155, al menos antes del 21D. Bruselas resta votos mientras que las rejas los garantizan. Puigdemont, instalado entre la vergüenza y el ridículo, empieza a sentir el fuego bajo sus pies. No estar encarcelado le está achicharrando. Y luego dice el sagaz Enric Juliana que el encarcelamiento del govern fue un colosal error político. Pues menos mal que fue un error.

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