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25 años ya de unos asesinatos sin resolver



Toñi, Miriam y Desiré

El 13 (viernes, ¡viernes y 13!) de noviembre de 1992 fue la última vez que vieron con vida a Toñi, Miriam y Desiré, tres quinceañeras residentes en el municipio valenciano de Alcàsser. Cuando setentaicinco días después fueron encontrados sus restos cerca de la presa de Tous, por dos apicultores, supimos enseguida que nos encontrábamos ante un crimen horrendo.

Las tres amigas habían sido sometidas, antes y quién sabe si después de muertas, a abusos sexuales y todo tipo de vejaciones, según acreditó la autopsia. Las investigaciones policiales apuntaron a que las asesinaron dos delincuentes comunes jóvenes: Miguel Ricart y Antonio Anglés. El primero fue apresado y tras cumplir condena (de los sesenta y cinco años iniciales a los veintiún rebajados) salió recién de prisión. Anglés, de quien se especulaba planificador del crimen que conmocionó a aquella España, no fue apresado jamás y su existencia supone todo un misterio... Que trataré de contribuir a resolver.

En la que no sabían iba a ser última noche de sus breves vidas, las tres adolescentes salieron de sus casas para acudir a la discoteca Coolor, en Picassent, localidad distante dos kilómetros de Alcassèr. Lo habitual, dentro de ese tipo ocio de los finde en aquellos parajes, era solventar el problema de una carretera sin iluminar realizando autostop. Y ya podemos imaginar lo que les pasó a las infortunadas. Las alarmas saltaron en la mente y las emociones de sus madres y padres cuando llegó el lunes 16 y ellas sin aparecer. Se esperanzaban con una huida inocente de fin se semana y, para no venirse abajo, apostaron entonces por la posibilidad de un rapto.

Las averiguaciones de la policía, apoyadas en numerosos testimonios, descartaron que las menores llegasen a la discoteca. Y, cuando el caso adquirió repercusión nacional, algun@s bienintencionad@s aseguraron haber visto a alguna de ellas en Granada o en Pamplona, por ejemplo. Y como nota añadida a valorar por vosotros, si os merece la pena, Felipe González recibió en persona por Nochebuena a las atormentadas familias, a quienes les transmitió su ‘profunda preocupación como padre’.

Hasta que el 27 de enero de 1993 aparecieron sus cuerpos en las condiciones ya explicadas. Los apicultores descubrieron un brazo semienterrado y, cuando se personó en el lugar el juez asignado, la Guardia Civil, que aguardaba, procedió a excavar. Y descubrieron tres cadáveres en avanzado estado de descomposición, dos de ellos con la cabeza seccionada del tronco. En cuanto se supo de quienes se trataba, se convocó a sus padres y madres en el ayuntamiento de Alcassèr para notificárselo. Por la noche se personó allí el President de la Generalitat para darles el pésame. Se trataba del socialista Joan Lerma (faltaban aún dos años largos para que buena parte de la Comunitat Valenciana perpetrara otro tipo de crimen no menos execrable: conceder veinte años de gobierno a la organización criminal que les saqueó a manos llenas)

A Ricart se le apresó (Anglés muy presuntamente huyó) por un papel, hallado junto a la fosa con los cadáveres, que resultó un volante hospitalario de su socio que informaba, por cierto, que padecía sífilis. Pero el juicio ofreció no pocas irregularidades… Como que por ejemplo se desechó la valiosa pista de pelos hallados junto a los cadáveres que no correspondían a ellas ni a ninguno de los presuntos únicos culpables. O la de muestras de esperma, en la alfombra que envolvía los tres cuerpos, que ninguna instancia oficial se dignó en analizar!

Con la impresión de que la instrucción del caso había estado presidida por la negligencia y sin descartar que existiera una ocultación deliberada, según fue deslizando en diferentes medios, Fernando García, padre de Miriam, decide investigar por su cuenta. Se rodea de un equipo en el que destaca el criminólogo y periodista Juan Ignacio Blanco y trabajan conjuntamente una teoría de la conspiración. Según la cual los dos delincuentes de poca monta habrían raptado a las niñas para disfrute de unos poderosos y éstos, ante el temor de que acabara delatándolos, habían asesinado con posterioridad al misteriosamente desaparecido, hasta hoy, Anglés.

En su afán por divulgar a la opinión pública lo que les parecía una clamorosa estafa procesal, Fernando y Juan Ignacio desarrollaron su tesis en el programa televisivo de Tele 5, nocturno y de máxima audiencia, Esta noche cruzamos el Mississippi. Conducido por un personaje que no hacía ascos a ganar como fuese audiencia, del que ignoro si creía o no en lo que denunciaban sus particulares invitados, el caso es que Pepe Navarro se prestó a lo que, algunos así lo sentíamos, parecían denuncias más que razonables. Sobre todo si se parte de la fundada sospecha acerca de la naturaleza moral que se adueña cada dos por tres de España.

Por cierto que me parece oportuno abordar el caso de otro importante comunicador de tele visión como es Xavier Sardá. Desde el modelo de programa sensacionalista desarrollado por aquél, éste creó para Antena 3 el espacio llamado Crónicas marcianas. Acabó degenerando, según lo vemos algunos, en un espectáculo nauseabundo y, consciente de ello, de que para hacerse millonario había contribuido a embrutecer-envilecer aún más a cierta audiencia que entiendo es mayoría en este país, Sardá se ha redimido admirablemente. Para quien lo desconozca, ha echado el resto, en la tertulia que modera su amigo Ferreras, para arrojar luz sobre la oscuridad que se esconde en el conflicto catalán. Y ha contribuido a tender puentes como el que más para la resolución menos cruenta posible para un enfrentamiento social que, casi al cincuenta por ciento, enfrenta a dos sensibilidades, ahora antagónicas, en un territorio de siete millones y medio de personas. Pero vuelvo al caso que me ocupa…
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Las acusaciones que, vertidas por Fernando García y su equipo, fueron tan tremendas como sugerir que, cuando tuvieron lugar los trágicos hechos, el fiscal Enrique Beltrán y el entonces Ministro del Interior, el en nada buena persona (es una opinión mía, claro) José Luis Corcuera, habían dado órdenes para que la Guardia Civil destrozara delicados objetos para la autopsia y para que el forense ocultase según qué averiguaciones. El problema para Quijote y Escudero, que luchaban para esclarecer quiénes abusaron y mataron a las tres niñas, era que a menudo carecían de pruebas. Por ello, aparte de no reabrir el caso, tuvieron que afrontar denuncias y satisfacer indemnizaciones a sus acusados.

Pero las respuestas tan tristes que recibió un padre a quien le han asesinado a su hija y todo lo demás no acabaron ahí… Fernando García, en su cruzada, logró no pocas donaciones con las que tratar de averiguar la verdad. Para tratar de resarcir a las otras dos familias, también con la mosca tras la oreja. Pero la madre de Desiré decidió un buen día desmarcarse de él y amenazarlo judicialmente si usaba para sus fines el nombre de su hija. Sin pruebas tampoco fehacientes, aquél la acusó de haber recibido dinero, a saber de qué poderoso o institución, para interferir en su investigación. El pulso lo ganó finalmente la infamia, pues de nada sirvió que 1.500 vecinos del pequeño municipio de Alcassèr se manifestaran en las calles apoyando la petición de su vecino para que el juicio se aplazara hasta que se practicaran esas pruebas forenses que reclamaba. Lo que, inexplicablemente, se denegó.

El mediático caso sirvió para tomar el pulso espiritual al país… Yo creo que acertadamente, se consideró que el crimen de Alcassèr supuso el desembarco patrio de la televisión basura. Enorme impacto tuvo el espacio de Antena 3 De tú a tú conducido por Nieves Herrero. Quien, en cuanto descubrieron los tres cadáveres, trasladó el plató a aquella localidad y se permitió mostrar la foto de una de las asesinadas a su madre y decirle ‘¡Abrace a su hija, abrácela!’

http://www.euromundoglobal.com/noticia/414419/opinion/25-anos-ya-de-unos-asesinatos-sin-resolver.html

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