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Y España regresó a Cataluña


             

Los dos grandes partidos que han gobernado España hasta la fecha, son responsables, en buena medida, del roto que se está produciendo en la nación a cuenta del golpe de Estado propiciado por los supremacistas catalanes que ahora dirige, al menos formalmente, el golpista Carlos Puigdemont.

No piensen que soy equidistante. No. Les hago responsables porque fueron ellos quienes decidieron y permitieron que el Estado abandonara Cataluña. PSOE y PP, izquierda y derecha, han permitido por activa y por pasiva que, desde inicios de los ochenta, el nacionalismo catalán construyera un Estadito, a cuyo parto acabamos de asistir.

Unos y otros, regalaron el control de la región más próspera de España a un virrey indecente y corrupto llamado Jordi Pujol Soley, confiando, ingenuamente, en que así desaparecerían las tensiones nacionalistas catalanas. Menudos estrategas. Le dieron la llave del corral al lobo.

Mientras robaba a espuertas, Jordi Pujol tomó el control de los medios de comunicación, del mundo asociativo, empresarial, académico y social en gran parte del territorio. Expulsó el español de la vía pública, de la Administración, de la enseñanza y de los medios, hasta relegarlo, social y profesionalmente, a un segundo plano. Retiró de las calles a las fuerzas de seguridad estatales (Guardia Civil y Policía Nacional) y las reemplazó por una policía propia controlada por adeptos al régimen nacional supremacista.

Y así todo, hasta lograr minimizar cualquier presencia del Estado que pudiera alimentar el orgullo de ser español, como un partido de la Selección Nacional de Futbol en el Nou Camp, o un desfile de las Fuerzas Armadas en la Avenida Diagonal. Fuera España.

Consolidada la desaparición de España de la vida cotidiana y el español de la vida pública, solo quedaba proceder al borrado emocional. La escuela y los medios de comunicación se han encargado de ello: se construye un marco mental que habla de catalanes y españoles como entidades distintas (los catalanes no son españoles), se habla siempre en nombre de todo el pueblo catalán (despreciando  al 50% de los catalanes) y, finalmente, se asocia valores positivos (Inteligencia, democracia, tolerancia, libertad, diálogo,..) a los catalanes y negativos (subsidios, autoritarismo, violencia policial,. ) a los españoles.

Los catalanes que nos sentimos tan españoles como los andaluces o los madrileños, llevamos años denunciando ese abandono sin que se haya visto ninguna iniciativa seria, con visos de solvencia para frenar el golpe. Afortunadamente, el nacimiento de Ciudadanos, de Sociedad Civil Catalana y de otras entidades asociativas sí han sido capaces de canalizar las inquietudes de los catalanes huérfanos de España para luchar por la defensa de nuestros derechos y libertades.

Al principio fuimos unos pocos quienes en la calle y en las redes plantamos cara. Las primeras manifestaciones apenas reunían unos pocos cientos de personas. Soportando las burlas y el desprecio de instituciones y medios catalanes, logramos sumar cada día a más ciudadanos comprometidos. Las carpas de Sociedad Civil Catalana pasaron a ser parte del paisaje urbano de Barcelona (solo ellos y sus voluntarios saben cuánto sacrificio ha costado) y los manifestantes, a contarse por miles, por decenas y centenas de mil, hasta superar el millón el pasado 8 de octubre.

El milagro tiene otro responsable: nuestro rey, Felipe VI. Cuando más necesitábamos a España, el jefe del Estado apareció, se dirigió a todos los españoles y nos dejó un mensaje escueto y nítido: España no se va a romper. No hacía falta nada más para entender. Los españoles lo entendimos y el día 8 de octubre, España regresó a Cataluña

He tenido el privilegio de vivir esa manifestación, de sentir ese cúmulo de sensaciones y emociones que, además, eran verbalizadas y compartidas por muchísimos deconocidos compañeros de paseo. Fue realmente maravilloso sentir de nuevo la sensación de recuperar libertad perdida, de enterrar el miedo, sí, el miedo a hablar, a sacar una bandera, a salir a la calle y gritar, gritar y gritar: ¡No soy fascista, soy español!

José Simón Gracia




2 comentarios:

  1. Si a si fue, yo votava partidos estatales tapándome la nariz, y cuando Montilla el cordobés "nefasto! entonces deje de votar a ningún partido.. votaba en blanco, hasta que salió ciudadanos C's, yo pensaba quién es ese tío desnudo? me enteré que era uno que quería luchar contra el nacionalismo supremacista catalán, yo pensé que estraño uno que piensa como yo, a qui en cataluña, Levante la caveza y dije por fin un partido catalan que lucga contra la xenofòbia catalanista, y aquí estamos y a qui nos quedamos.... vamossss C's..........

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  2. Esperemos que en las próximas elecciones autonómicas vean recompensado su trabajo en forma de votos y escaños.
    Saludos

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