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Los separatistas corren despavoridos a esconder su dinero fuera de Cataluña


Redacción - Es un secreto a voces en los medios, las rrss y en la calle: los secesionistas saben que sus delirios no solo constituyen un factor de riesgo para los grandes bancos, el capital y las empresas sino para los pequeños ahorradores. La prueba está en la huida despavorida de catalanes con sus ahorros a mejores puertos españoles lejos de las ínfulas de los golpistas separatistas. El motivo es que hay algo más timorato incluso que un gobierno tan reacio a dar buena cuenta de un golpe de Estado; y eso tan asustadizo es el dinero. Los primeros asustadizos han sido los separatistas, que han ido veloces a reguardar su dinero en España “por lo que pudiera pasar”. Curioso patriotismo el de estos independentista cuyos líderes han marcado la espantada del capital ajeno y propio hacia España, sustituyendo el mástil de la estelada por el del “salut y força al canut”.
Recordemos que el canut no se refiere a lo que piensan. Para los catalanes el canut se refiere a  la caña en cuyo interior se guardaban las monedas antiguamente. En eso se ha quedado la estelada: en un mástil de caña repleta de dinero que se hinca fuera de Cataluña. Y no ha sido España el que les ha dicho a los separatistas “traedme vuestro dinero, que yo os lo guardaré de mil amores”. Han sido las grandes agencias de inversores extranjeros que de verdad maneja el bacalao. Y si todo se lo advirtieron a Puigdemont y sus secuaces por activa y por pasiva, ellos siguieron con su ilimitada ambición de convertirse en reyezuelos de la república independiente de su casa. En eso consiste el nacionalismo: lo inician unos mediocres incompetentes ahítos de todos los vicios que se puede conseguir con el dinero: personajes buscando nuevos horizontes donde gastar el dinero que les sobra. En definitiva, lo inicia la más extrema derecha de la derecha. Quieren entonces dar un nuevo paso en sus más bajas pasiones; y es cuando fijan sus objetivos en convertirse en reyezuelos: en mandar en una nación porque ya lo han probado todo y nada les satisface.  Aspiran a convertirse en monarcas  absolutos o algo así; y cuando se dan cuenta de que no pueden mandar en una gran nación, se inventan la suya propia. Para ello convencen a los aldeanos, a los tontos útiles, y aprovechan el amor que estos sienten por su terruño para transformarlo en odio hacia lo foráneo; fraguan un enemigo ficticio que sea la causa de todos los males que ellos mismo han causado en el pueblo y les prometen el gran oasis. Y así nacen los nacionalismos y el fascismo, que siempre van de la mano.

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