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No nos engañan, Cataluña es España



José Simón García.- “La convivencia imposible entre irracionalidad y verosimilitud empezó a manifestarse en la calle al grito de “no nos engañan, Cataluña es España”

Pocas cosas producen más admiración que las que carecen de razón; nada tiene más fuerza que los irracional. El hechizo, la magia, el encantamiento, lo inverosímil, lo absurdo, ha humedecido hasta el éxtasis al movimiento separatista durante los últimos años. Una irracionalidad que Carlos Puigdemont, Carmen Forcadell, Oriol Junqueras, Jordi Sánchez o Jordi Cuixart han venido representando con excelencia, especialmente los días 6 y 7 de septiembre cuando el Parlamento catalán fulminó el Estatuto de autonomía y durante el referéndum del 1 de octubre y la posterior pseudo declaración de independencia.



Durante el mismo tiempo, la mayoría de los catalanes no independentistas se ha mantenido pasiva, apática, incapaz de activar el interruptor capaz de plantar cara a quienes, en nombre de un inexistente derecho a decidir, pretenden destruir Cataluña y, por lo tanto, España. Afortunadamente, cuando parecía que nada podía arrancar a los otros catalanes de la zona de confort, el discurso del rey Felipe VI obró el milagro. Cientos de banderas de balcones, terrazas y ventanas dieron el pistoletazo de salida a la manifestación más multitudinaria que se ha celebrado nunca en Barcelona en defensa de Cataluña y de España.

A partir de ese momento, la convivencia imposible entre irracionalidad y verosimilitud empezó a manifestarse también en la calle al grito de “no nos engañan, Cataluña es España”. Que se evidencie con claridad meridiana ya solo depende del gobierno de la nación y de los partidos políticos que siguen defendiendo los valores que consagra nuestra Constitución; es decir, los que defienden la democracia, la libertad y la igualdad de los ciudadanos ante la ley. 

La puesta en marcha del tan denostado artículo 155 es la última inyección para recuperar el discurso verosímil; para recuperar el sentido común de quienes con tanta alegría lo han abandonado en las últimas décadas; para recuperar la imprescindible tolerancia que sume esfuerzos en favor de una convivencia que jamás se debió violentar.

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