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MIENTEN: No existe el derecho a decidir. No todo es opinable. Por Monti


Monti - Hemos estado escuchando a Mariano Rajoy y a miembros de su gobierno afirmar por activa y por pasiva que el referéndum no iba a poderse realizar, y que sería impedido por carecer de garantías legales. Los medios de comunicación constitucionalistas se han sumado a esa tesis. Pero exponer la separación de Cataluña de España como una simple cuestión jurídica técnica, cuyas líneas rojas se traspasaron en el parlamento de la Generalidad los días 6 y 7 de setiembre limita y simplifica el problema laminando cualquier análisis serio. Ese es el juego trilero que nos han estado intentando vender unos y otros ¿La escisión de España es una simple cuestión jurídica mal planteada por el gobierno catalán? Hierve la sangre para cualquiera con dos dedos de frente la tomadura de pelo que  encierra dicho tratamiento porque sus consecuencias abre caminos aterradores en el futuro y encima  no deja de seguirles el juego a los sedicionistas.
La gran mentira relativista que los sedicionistas (junto a la extrema izquierda y algún político socialista) han colado en toda España con la ayuda de sus correas de trasmisión; a saber, casi todas las televisiones y tertulianos, ha sido y es la de afirmar que todo es discutible; que toda opinión es respetable, que todo es negociable existiendo un derecho a decidir sobre cualquier cosa: hoy puede ser la separación de Cataluña y mañana podríamos plantearnos ejecutar con una inyección letal a todos los votantes mayores de cincuenta años. Y podría llegar a darse el caso, si continuásemos en semejante delirio con mil disparates más porque cualquier pazguato puede proponer algo y todo se puede votar y todas las opiniones son respetables: digamos la ablación del clítoris o colgar de una grúa a los gais como ocurre en algunos países islámicos. Pasen señores, el circo está servido y aquí puede votarse cualquier cosa: votar equivale a democracia. Vamos, que meter un papelito en una urna garantiza la democracia; aunque se proponga cometer un delito. Los demagogos del derecho a decidir son tan cobardes que se escudan en el pueblo afirmando  representarlo, atribuyéndose directamente que ellos son el pueblo con todo el cinismo, cuando no tienen ni idea ni les interesa lo que significa la representación y mucho menos les importa el pueblo y la democracia; algo que por cierto desconocen totalmente y además odian con toda su alma porque en sus obscenas ansias de poder quieren incrustarlos, pobres infelices,  dentro del Estado: todo estado; el sueño de Hitler. Sus pobres seguidores y acólitos creen que son separatistas, cuando lo que sus líderes son es estatalistas: adoran al dios estado, el que les daría el poder absoluto.

Seamos serios: el problema no radica en las garantías de la mecánica jurídica en la que se ha asentado ni el procés ni el plebiscito, sino en el contenido de la pregunta en sí. El problema es que no todo es votable, no todo es opinable. Hay que saber decir NO, desde el principio y con todas las letras a los nacionalistas. La unidad de España no puede ser cuestionada y quienes lo hagan desde las instituciones públicas deben pagar las consecuencias penales sin ningún titubeo, sin dilación. Y ante el delito de sedición debe aplicarse el código penal, como con cualquier otro delito, ¿o es que tenemos delincuentes de pata negra en nuestro cacareado Estado de derecho? Proponer y meter una papeleta es delito si lo que se plantea en la votación es cometer o no un delito: y la traición a la patria y la sedición son delitos. Ah, bien: todo es discutible y se puede hablar. Pues hablemos Sr. Puigdemont ¿Qué diría Sr. Puigdemont si mañana montásemos un plebiscito para despojarle, por las buenas, a Vd. de su patrimonio y dárselo a los pobres? Como todo es opinable y votable pues yo opino que me quedo con su casa y se la ofrezco a quien me da la gana... Lo sometemos a votación inventado cuatro leyes de cualquier manera en la Generalidad, y mañana lo sometemos a votación. Seamos serios. O si algunos plantearan ejecutar con una inyección letal a aquellos cuyo apellido empezara por P, o a los mayores de cierta edad, como en la distopía de Huxley del “mundo feliz” que Vd. plantea. Esas propuestas serían tan delictivas como meter una papeleta para separar Cataluña de España. La mayor parte de los ciudadanos españoles están horrorizados ante las mentiras y los engaños del derecho a decidir. No existe tal derecho. No todo es opinable. Los sediciosos no se han limitado a atacar la legalidad, han atacado la integridad de España. Son enemigos de España y de Cataluña porque han engañado al pueblo, y ello hay que decirlo alto y claro. El gobierno tiene el deber de salvar al pueblo ante este ataque a nuestra gran nación. No habrá restablecimiento de la normalidad institucional hasta que los sediciosos sean juzgados y se les aplique la ley como a cualquier delincuente. Y lo que causaría un sufrimiento insoportable al pueblo es que encima el gobierno tuviese la indecencia de tapar la boca a los sediciosos premiándolos con ingentes cantidades de dinero para que pudiesen seguir traicionando a España y viviendo de la mamandurria. Lo que ha ocurrido es tan grave como lo del 23F o más, aún. No veo que a los golpistas del 23F se les haya premiado por su hazaña. Solo faltaría que a Puigdemont y a su panda se les premiara por el golpe de Estado.

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