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La Hispanidad, la gesta más importante de la Humanidad




José Quijada Rubira.- Tras décadas de transferir la educación a cada uno de los 17 reinos de taifas que son las aberrantes autonomías, la enseñanza se ha convertido en un arma de destrucción intelectual masiva dirigida contra la Historia de España, con una manipulación permanente de todas nuestras gestas y un falseamiento de todos nuestros logros, en una orgía de mentiras de todas nuestras glorias. Y es inevitable que este “aprendizaje” ideologizado y de odio a España estalle en la sociedad actual, a rebosar de mentes cercenadas e incapaces de discurrir y aprender, formateados y moldeados para la hispanofobia. Y esta reescritura adulterada de la Historia de España tiene como principal objetivo la Hispanidad, llevada a cabo por la izquierda española de manada y berrea que se traga todos los injertos emocionales y clichés ideológicos que el enfermizo sistema de enseñanza introduce en sus amorfos cerebros, con la connivencia de una derecha que ha desertado de la lucha por la verdad, dejando libre el camino a la infamia e injuria. Como ejemplo de ahora, el Parlamento navarro sustituye el Día de la Hispanidad por el Día de la Resistencia Indígena. Como comentaba, cerebros hechos papilla.




Julián Juderías, en su insuperable “La leyenda negra”, decía sobre la Hispanidad: “No registran los anales de la Historia acontecimiento semejante, ni se mencionan en sus páginas proezas parecidas remotamente a las que realizaron aquellos españoles en el siglo XVI”. Y el historiador norteamericano Lummis, remataba: “… Y durante ese siglo la flor de España realizó maravillosos hechos. Ella fue la única nación de Europa que no dormía…La primera población inglesa en América del Norte no se fundó hasta 1607… Los españoles habían ya descubierto la mitad de los Estados Unidos, todo Méjico, Yucatán, la América central, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Perú, Chile, Nueva Granada… Ha llegado ya el tiempo de que hagamos más justicia a un asunto que debiera ser del mayor interés para todos los verdaderos americanos”.

Los españoles les mostramos a los indígenas de América el uso del hierro y del candil, les dimos una moneda, les enseñamos leer y escribir, latín y ciencias, y aprender muy bien los oficios que había en España. En lo referente a la justicia, les enseñamos a guardar y cumplir, y cada año elegían sus alcaldes ordinarios y regidores, alguaciles y fiscales… España desarrolló la industria americana pero aún es más importante el elemento político representado por la Leyes de Indias, cuyo espíritu general, desde la primera a la última, es el principio de civilización, reprimiendo severamente los abusos. Los tres primeros fundamentos de las Leyes de Indias son la escuela, el municipio y la iglesia, por los que va ingiriendo en aquellos pueblos todas las corrientes de la civilización. Las Leyes de Indias igualan la condición del indio a la del blanco, todos iguales ante Dios. Los reyes de España jamás vieron en América una colonia de explotación, sino el propagar la fe y la civilización en aquellos nuevos dominios.

Otro elemento clave fue el religioso, representado por las órdenes monásticas, acelerando por todos los medios posibles la educación moral e intelectual de los naturales del Nuevo Mundo. Escribe Solórzano: “… pues de más de la luz de la fe que dimos a sus habitantes… les hemos puesto en vida sociable y política, desterrando su barbarismo, trocando en humanas sus costumbres ferinas y comunicándoles tantas cosas tan provechosas y necesarias…”. Se desarrolla la organización de la cultura que comienza en las escuelas de las misiones y tiene su manifestación más elevada y perfecta en las Universidades de Méjico y Lima, fundadas en 1553 la primera y 1551 la segunda, dotadas por Carlos V con todos los privilegios de la Universidad de Salamanca. A principios del siglo XVII había en la Universidad de Lima cátedras de Teología, Derecho, Medicina, Matemáticas, Latín, Filosofía y lengua quichua… La primera imprenta de América fue traída por los españoles a la Ciudad de Méjico en 1539. Antes de terminar el siglo XVI se imprimían libros que estaban escritos por los nacidos en Hispanoamérica. En Méjico se enseñaba la Medicina, el Derecho y la Teología. Un siglo después del descubrimiento ya había concursos literarios y científicos.

El escritor inglés míster Bryce hace observar la diferencia esencial que se observa entre la América española y la inglesa: la de que no existe el odio de razas. Dice Bryce: “… los americanos españoles no se conducen con los indios como los yanquis, los holandeses y los ingleses… quizá se deba esa diferencia a la que existe entre el catolicismo y el protestantismo; al hecho de que el indio en las posesiones españolas nunca fue legalmente esclavo y a que los españoles, al llegar a ellas sin mujeres, consideraron como legítimos a los hijos mestizos…”. Remata Julián Juderías: “Lo que los españoles, mejor dicho, sus monarcas deseaban era el triunfo de una idea: el triunfo de la idea católica sobre la idea protestante… el triunfo del concepto católico de la vida, concepto eminentemente espiritualista, sobre el concepto protestante de la vida materialista y utilitaria”.

La obra de la Hispanidad es tan gigantesca que, al mirarla, apenas conseguimos abarcar su grandeza. España ha perdido en América la soberanía política, pero todo lo demás permanece: sangre, religión, lengua, carácter y hasta los defectos. Al descubrir las rutas marítimas de Oriente y Occidente, la Hispanidad hizo la unidad física del mundo y, por tanto, el progreso. El gran pensador e hispanista Ramiro de Maeztu, en su maravillosa y preciosa “Defensa de la Hispanidad”, apostillaba con entera verdad: “La Hispanidad creó la Historia universal, y no hay obra en el mundo, fuera del cristianismo, comparable a la suya”. Nada más se puede añadir excepto sentir un orgullo enorme de la Hispanidad.




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