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La historia interminable en Cataluña


Monti -Parécese ser que en esta partida de ajedrez las pelotas (con perdón) van de un tejado a otro a cámara lenta y nadie quiere tenerlas. Ante la situación confusa y caótica que planteó ayer el Sr. Puigdemont, el presidente Rajoy sigue con su postura contenida. Pero pedirle al Sr. Puigdemont que rompa su ambigüedad es pedirle peras al olmo. Es la perfecta excusa para no tomar decisiones por parte del Sr. Rajoy y que todo quede ahí congelado en el tiempo. Está claro que lo único que hizo Puigdemont fue salvar su culo y ganar tiempo para insuflar oxígeno usando los contactos internacionales ,nada más y nada menos. Aparte, lo que no ve Rajoy es que las ambigüedades las carga el diablo. Puigdemont le responderá que estaba claro lo que dijo y se limita a contestar que dijo lo que dijo, ni más ni menos. Dejará pasar la legislatura y el final de este drama lo decidirán los catalanes en sus próximas votaciones. Si surge un gobierno no nacionalista en Cataluña el huevo de la serpiente del fascismo nacionalista seguirá incubándose sin que nadie se acuerde de él. Pero eso no significa que haya desaparecido. Puigdemont ya ha declarado la república catalana y esa afirmación no es baladí. Es como esas leyes de las que nadie se acuerda, pero siguen ahí, y el día menos esperado te las aplican. Eso de ahora paras tú o ahora paro yo no deja de convertir una partida de ajedrez en un juego de niños porque simplemente faltan hombres de Estado. Ambos salvan el culo, pero a largo plazo dejarán latente el problema. Y dejar latente el fascismo nacionalista no deja de ser un juego muy peligroso para la libertad de todos los catalanes primero y del resto de españoles también. Y lo que es peor, mientras la espada de Damocles siga pendiendo sobre nuestras cabezas los inversores no moverán un dedo. Si a ninguno de ellos les importamos sus respectivos seguidores y mucho menos el pueblo, por lo menos deberían preocuparse por la economía ¡Ah!, que eso tampoco importa. Ojalá me equivoque porque no saben cuánto lamentaría tener razón en mi predicción.

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