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GRACIAS ESPAÑA, GRACIAS


José Medina Pedregosa.- Eran las 11’22 cuando empezó el Himno Nacional y estaban subiendo poco a poco la Bandera de España a lo más alto de su mástil, fue en esa momento solemne cuando se me aflojaron las lágrimas, fue, así como lo presentía, dentro de la órbita de mis ojos todas querían brotar al mismo tiempo, fue cuando, al toque de esa canción, cuando la pena nos alcanza/ por un hermano perdido/cuando el adiós dolorido/busca la fe su esperanza…/ mi sístole y diástole estaban acompañando con el dolor de esos caídos por la patria, en defensa y en defensa de su honor.

Me viene a la memoria cierto día en la Ciudad de Maastricht (Holanda) donde estaba ubicada el Consulado español en dicha ciudad. aquella tarde era fría, lluviosa, la niebla de esa ciudad se mezclaba con el humo gris-azulado que salía a borbotones de las chimeneas de esa urbe industriosa y el humo se combinaba con el ocre marengo de los tejados. Recuerdo ese día como el día de hoy en el desfile en la fiesta del Día del Pilar. Esa bonita población y el barrio que caminábamos dos amigos y el que garabatea esta misiva, para los tres fue un resorte de ánimo y calor—por aquella tarde-noche de frío intenso—cuando nos sorprendió aquella melodía reconocida, admirada y escuchada, era el Himno Nacional. Poco a poco la íbamos escuchando más cerca. Y de pronto y por arte magia, no lo esperábamos, estaban arriando la bandera de mi patria, de mi nación. Nos quedamos parados los tres en una esquina de aquella estrecha calle. Cuando me creía fuera de mi España, de mi nación, me sentí en ella misma. Mis dos pies quedaron pegados al frío pavimento de aquella recoleta plaza. Mi sístole tocaba el tambor y mi diástole la trompeta. A dúo tocaban el Himno Nacional.

Al término de la canción cuando la pena nos alcanza mis lágrimas aún resbalaban de pena y de alegría, de pena por los amigos fallecidos defendiendo el honor y la alegría por tener la esperanza de una España unida y hermana. Lo mismo que besé mi bandera en aquella recóndita y agraciada plazoleta —después de pedir permiso—y ahora desde la distancia he visto este año el desfile del día de la hispanidad o el día de la raza. Ese trayecto ha sido muy corto, posiblemente haya sido el más cercano que he estado, porque he comprobado que aún tengo lágrimas de alegría, ya que he visto ondear al viento y plegada la bandera, que por los avatares de nuestras gestas dio a España, días de gloria, donde hombres de corazón valiente y obligada fidelidad, trajeron desde tiempo inmemorables a nuestra nación. “Pido a Dios que os proteja a todos y que nos ayude a cumplir el sagrado deber de honrar y defender en esta bandera, que constituye la representación de la Patria y la Corona” (Palabras que pronunció la reina Doña Sofía el día 14-10- 80, en el Cuartel Regimiento de Infantería la Reina nº 2)

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