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Entre fantoches anda el juego de la unión de España, Editorial


Si los presentes y futuros gobiernos continúan protegiendo y dejando crecer al monstruo del nacionalismo catalán no solo demostrarían que carecen de representatividad ante el electorado sino que también desean la destrucción de Cataluña. Rajoy está obligado a destituir fulminantemente al ministro Méndez de Vigo desde el mismo momento que este ha animado a Puigdemont para presentarse a las próximas elecciones en nombre del gobierno. Ante el esperpento de la figura del sedicioso Puigdemont no podemos nosotros presentar en contraposición a un desquiciado todavía peor. Dar un mensaje tan claro ante la opinión pública extranjera de que entre fantoches anda el juego solo hace que nivelarnos en ridiculez con los separatistas.

El presente y futuros gobiernos no solo deberán abortar un mal que ha enraizado durante casi cuarenta años, sino corregir muchos vicios ocultos y presentes. Y eso solo puede conseguirse recuperando las competencia de educación y cadenas mediáticas; ambas verdaderas correas de transmisión del fascismo nacionalista. La educación tampoco puede continuar en manos de maestros y profesores fascistas que son verdaderos pederastas doctrinarios. Localizarlos y expulsarlos de las aulas no será tan difícil como deshacer la doctrina separatista que han inculcado a los pequeños durante todos estos años. Cataluña tampoco puede continuar con una guardia pretoriana de mozos de escuadra al servicio de la protección de nidos de traidores, cuyo único objetivo continúa siendo la destrucción de España, aunque se disfracen de asociaciones culturales. No lo son: son asociaciones doctrinarias. Es mucho lo que hay que corregir. Es mucho lo que hay que cambiar si queremos que Cataluña empiece a ser de nuevo una Cataluña próspera y admirada. Las dos manifestaciones multitudinarias en Barcelona y otras capitales españolas dan a Rajoy la representación necesaria para actuar de forma determinante.

Esta vez no es una representación efectiva de la mayoría absoluta en la cámara baja como la vez anterior, pero si lo es moral. Si la otra vez pasó por alto las tristes condiciones de los españoles en manos de fanáticos en este rincón de España porque le preocupaba arreglar el desastre económico y moral de Zapatero, ahora debe prestar todo su esfuerzo y atención a esta parte de España: Cataluña. No puede tener a semejante incompetente como el ministro Méndez de Vigo soltando lindezas por ahí.

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