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El conflicto secesionista: hacia la España 2030




Por Diego Pappalardo

En seis artículos precedentes hemos sostenido como certeza analítica que España estaba en el radar del despliegue de una nueva estrategia de los poderes fácticos internacionales y que la mundialmente publicitada plataforma de secesión catalanista respondía a esos mismos intereses.

De la misma manera, aseguramos que la colisión que se da en la superficie entre el Palau de la Generalitat, La Moncloa y La Zarzuela era una estratagema coherente con el diseño de los fundamentos y los objetivos geopolíticos del Poder Global realmente existente.

En efecto, manifestamos que los círculos globalistas perseguían -persiguen- insertar a España en el mundialismo todo (Les remitimos a nuestros artículos Bilderberg, España y Albert Rivera y Albert Rivera, un político del Atlantismo) y que específicamente el conflicto catalán era sólo una estrategia de tensión y de debilitamiento, ya que no había unanimidad en los clanes de la Superestructura del Poder Mundial respecto de una posible independencia catalana y que se fraguaba otro escenario querido por todos los arquitectos y operarios de ese mismo poder (Les recordamos los cuatro últimos artículos del abordaje que hicimos del conflicto catalán).

De modo que, en todo momento, humildes pero convencidos, desechamos el parecer de que la razón principal de la discordia aludida fuera el juego tramposo de la casta política, la aspiración del incremento crematístico de las élites catalanas o la mera aplicación de un modelo constitucional cuya invención original es atribuida erróneamente a un PSOE, ya sea bajo el liderazgo de Zapatero o de Sánchez.

La naturaleza geopolítica de España -su pasado imperial, su geografía rica y su población- la hace ser apetecible por los poderes fácticos dominantes en Occidente y éstos, desde hace más de cuatro décadas, fueron incrementando su interferencia y el dominio sobre ella.

Esto explica la lamentable situación de la institucionalidad española, carente de pensamiento y accionar geopolíticos propios y asertivos, y la continuidad de los males patrios.

De cara al 2030 y al 2050, la España bajo el esquema post-franquista de 1978 queda anticuada e incluso, en algunos pasajes de la misma, obstruye el desenvolvimiento pleno de la agenda mundialista; por lo tanto, debe ser demolida con paciencia estratégica y reemplazada sucesivamente por un modelo globalista.

Ello se logrará a través de la interconexión y la dinámica de las redes adscriptas a las diferentes facciones internacionalistas, quienes, reiteramos, aunque disguste a muchos, tienen presencia directriz y efectiva en los principales actores domésticos españoles.

La declamada "España Federal", tal y como la definen los mismos globalistas, que han desestimado el uso del término "confederal", es indesligable de una Unión Europea, cada día más recusada, pero también cada vez más intrusiva y totalitaria. No tenemos que olvidar que la Unión Europea nació por el proyecto de dominación de las élites occidentales vencedoras en la II Guerra Mundial y de que es un ensayo macro-regional para un planeado gobierno mundial.

Tanto la ingeniería sobre la mentalidad de la población, como una progresiva reforma constitucional y la modificación de las estructuras productivas-económicas implementarán perspectivas, pautas e infraestructuras funcionales al Poder Global para convertir a España en componente integrable del sistema mundialista, es decir, en una factoría formal y material.

España tiene varios puntos calientes en su interior, pero de ahí no se puede derivar de manera concluyente y excluyente la opinión que el país, de aquí al 2030 -por dar una fecha clave-, implosionará totalmente por la balcanización, la escalonada suplantación racial-cultural de su población, la continúa abyección de su clase dirigente política al Imperialismo Internacional del Dinero y la inacción relevante de sus ciudadanos.

El centro del Poder Mundial quiere una España reducida a su mínima existencia, desprovista de poder propio, con un pueblo sin conciencia histórica nacional y sin voluntad geopolítica, incapaz de volver a ser un imperio, un eje mundial y un faro civilizatorio. Es la reactualización del inveterado anhelo del British Power, al que adhieren por igual Henry Kissinger y George Soros, y al que sirven por profesión y oficio las principales élites políticas y empresariales de la España actual.

Del laberinto geopolítico en la que España está inmersa, sólo saldrá por arriba.

Rogamos a Dios que cada día más españoles tomen conciencia de la arquitectura que la Plutocracia Global puso en funcionamiento en España y hagan todo lo posible para ponerle un freno.

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