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Diálogo, ¿qué diálogo? ¿Estáis tontos?, por Monti

Monti- Indudablemente, lo ocurrido en Cataluña demuestra fehaciente que debemos replantearnos la administración territorial de España. Mi opinión personal es que las autonomías deberían desaparecer, ya que no son más que nidos de derroche y corrupción. No nos podemos permitir mantener diecisiete estados. La genialidad de Shakespeare queda patente en el caso de las autonomías, quien predijo lo que nos ocurriría con este invento: es evidente que si el Estado deja sus funciones completamente en manos de terceros está actuando igual que el rey Lear, que perdió la vida y su reino cuando lo dividió entre sus hijas.

No podemos permanecer en la ingenuidad de que un nacionalista se conformará dándole más competencias y dinero, porque nunca le parecería suficiente. Es más, de conseguir su objetivo el nacionalista y lograr separarse de España tampoco estaría conforme. Además de quedarse por la jeta con todas las infraestructuras españolas, pagadas entre todos, y no pagar la cuota de deuda que precisamente ellos en sus delirios han contribuido a incrementar como nadie, nos exigiría reparaciones por haberles oprimido durante tanto tiempo; y la culpa de sus inevitables y múltiples fracasos la seguiría teniendo España por sécula seculórum. Eso es lo fácil y lo que hace el nacionalismo: el nacionalismo siempre encuentra un enemigo exterior al que culpar de sus fracasos. El nacionalismo surge de la extrema derecha y permanece en la extrema derecha fundamentándose en el odio al diferente.

Con un nacionalista no se puede dialogar porque el diálogo implica racionalidad y el nacionalista ha sustituido la racionalidad por el sentimiento negativo hacia lo que no pertenezca a su tribu. Por lo tanto, el diálogo es totalmente imposible; y de intentarse el nacionalista te bajará a su delirio y ahí te gana por experiencia. Si encima el sentimiento es de odio y rechazo tampoco puedes ni debes intentar ningún diálogo porque tú, afortunadamente, no te hallas en ese plano y lo único que te podría ocurrir es que te arrastrase a su oscuro mundo y cambies tu patriotismo español por nacionalismo español. Igual que no podemos percibir a un ser o a ningún objeto que se encuentre en la cuarta dimensión porque vivimos en la tercera dimensión, tampoco podemos dialogar con un nacionalista. Así, que todo ese atajo de políticos y tertulianos de todo pelaje que salen con el mantra de que el problema del nacionalismo se arregla con diálogo, son unos simples ignorantes que desconocen lo que es el nacionalismo ni saben de lo que hablan. Para que exista diálogo ambos parlantes deben de estar en el mismo plano y no vivir en diferentes dimensiones.

Es evidente, pues, que la organización territorial de las autonomías ha colocado a ciertas regiones en dimensiones distintas: en distintas realidades. El único idioma que entiende un nacionalista es decirle desde el principio un rotundo NO. Como cuando se le dice a los niños que los reyes magos no existen para que salgan del mundo imaginario de Peter Pan. En su delirio, el nacionalismo no deja de tener una gran carga de infantilismo y ya va siendo hora que los catalanes nacionalistas pasen de la etapa infantil en la que se hallan a la de la adolescencia, antes de ser adultos. Hay que reeducar a los nacionalistas para que pasen a su estadio de adultos pasando antes por una adolescencia, porque nadie se hace adulto de golpe. Para ello hay que recuperar la competencia de educación y sustituir a los catequistas fascistas por verdaderos profesores. La escuela catalana pasa por ser una escuela española porque Cataluña es tan España como Aragón o Extremadura.

No pueden permanecer los profesores que han adoctrinado a los niños en ninguna escuela de España. Deben dedicarse a otra cosa.

1 comentario:

  1. Y sobre todo, Monti, que al pedir dialogo se establece una equivalencia entre el que infringe la ley y el que defiende su cumplimiento. El diálogo es esencial en todos los campos de la vida; pero cuando hay una norma establecida, primero se cumple y despues se dialoga.

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