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Che Guevara, o cómo tener a un CARNICERO por ídolo.


Luis Barros.- Hoy la izquierda está de luto, triste, deprimida, y va lamentando por los rincones su gran pena. Porque hoy hace medio siglo que moría ese carnicero que tienen por ídolo, el che. Recordemos que Ernesto Guevara fue fusilado en Bolivia el 9 de octubre de 1967, tras una vida sanguinaria al servicio de la revolución. Cincuenta años después sigue siendo un icono para la izquierda y muchos de ellos desconocen el alcance de sus crímenes y el odio que predomina en su pensamiento político. Por lo tanto, a todos esos que alaban sin saber a un asesino, habría que recordarles ciertas cosas de lo que en realidad era su ícono tan preciado.



Para empezar, aunque todos le conozcan con el mote de ‘El Che’, adjudicado por su procedencia argentina durante su estancia en Guatemala en 1954, este no fue su primer apelativo.


De niño, para diferenciarlo de su padre, le llamaban ‘Ernestito’; y la niñera le llama ‘Teté’. Siendo un adolescente en Argentina ya era conocido como ‘El chancho’ (el cerdo) por su escasa disciplina en el aseo personal y ‘Pelao’ por haberse rapado el pelo. También fue en esos años conocido como ‘El loco’.


Como parte del equipo de rugby, le pusieron ‘Fuser’, acrónimo de “Furibundo Serna”. Él mismo firmaba en la revista que fundó sobre este deporte con el pseudónimo “Chag-cho”. Ya en la Sierra Maestra de Cuba, firmaba en El Cubano Libre con el sobrenombre de ‘El francotirador’.


Tuvo otros nombres de guerra como ‘Tatu’ (en Congo) o ‘Ramón’ y ‘Fernando Sacamuelas’ (en Bolivia). La CIA se refería a él con el crptónimo ‘Amquack’.


Un sanguinario que su lema era, “ante la duda, mata”. Aprendió las técnicas guerrilleras cuando conoció a Fidel Castro en México en 1955. En 1959 entró en La Habana y en pronto se hizo con el control de la fortaleza de San Carlos de La Cabaña, donde ordenó el asesinato de miles de hombres. Los que le conocían decían de él: “El Che nunca trató de ocultar su crueldad, por el contrario, cuanto más se le pedía compasión, más se mostraba cruel. Estaba totalmente dedicado a su utopía. (…) En La Cabaña, cuando las familias iban a visitar a sus parientes, Guevara, en el colmo del sadismo, llegaba a exigirles que pasaran delante del paredón manchado de sangre fresca“.


Para él, el odio era su elemento principal. Aquí unas de sus frases para adoctrinar:


“¡Los jóvenes deben aprender a pensar y actuar como una masa. Es criminal pensar como individuos!”



“En esta lucha a muerte entre dos sistemas tenemos que llegar a la victoria final. Debemos andar por el sendero de la liberación incluso si cuesta millones de víctimas atómicas.


“Hay que acabar con todos los periódicos. Una revolución no se puede lograr con la libertad de prensa”.


“Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento, la prueba judicial es innecesaria. Estos procedimientos son un detalle burgués arcaico. ¡Esta es una revolución! Y un revolucionario debe convertirse en una fría máquina de matar motivado por odio puro. El odio es el elemento central de nuestra lucha. El odio tan violento que impulsa al ser humano más allá de sus limitaciones naturales, convirtiéndolo en una máquina de matar violenta y de sangre fría. Nuestros soldados tienen que ser así”.


“No demoren las causas, esto es una revolución, no usen métodos legales burgueses; el mundo cambia, las pruebas son secundarias. Hay que proceder por convicción”.


“El camino pacífico está eliminado y la violencia es inevitable. Para lograr regímenes socialistas habrán de correr ríos de sangre”.


Este tipejo es al que la izquierda idolatra con gran fervor, y al que llaman el gran revolucionario, el ejemplo a seguir. Un genocida que mataba a todo el que no pensaba como él, y otras veces, un carnicero que torturaba y asesinaba simplemente por placer. Se dice, que llegó a confesar a su padre que le encantaba matar.


Hoy hace 50 años de su muerte, sí, y el mundo fue un poco mejor.

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