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Acabar con los nacionalismos de un plumazo, por Monti


Monti -El Cardenal Cisneros acabó con las rebeliones de la turbulenta nobleza y con la amenaza de sus enemigos cuando con una soberbia desmedida le preguntaron con qué poder quería imponerse a ellos. “Estos son mis poderes” fue la escueta respuesta del cardenal conduciéndolos cortésmente ante un gran ventanal del patio de su palacio y corriendo de golpe las cortinas. A sus chulescos enemigos se les cayeron los palos del sombrajo cuando percibieron la realidad que se presentaba ante ellos. “Estos son mis poderes”. Y en el patio un moderno batallón de artillería esperaba órdenes en perfecta formación de combate y armados hasta los dientes… “Estos son mis poderes”.

Cisneros acabó con “el procés” independentista de los nobles de un plumazo, y ahí terminó la anécdota: se acabó el independentismo. Los nobles rebeldes agacharon las orejas y aquí paz y después gloria. Cisneros pudo dedicarse a cuestiones de Estado más importantes para España. Actualmente, esa misma contundente demostración de poder la podría realizar cualquier presidente de los Estados Unidos ante un intento de secesión en su nación. Otro tanto podría hacer el presidente francés ante la misma situación. Por muchas lenguas y características culturales que se den en Francia un procés desintegrador de la unidad de la nación francesa es irrealizable e impensable. Dejamos para luego por qué se da esa circunstancia, pero avanzaremos que, en realidad, depende de dónde proviene el poder.

¿Por qué unos miserables se atreven a intentar desintegrar nuestra nación y el gobierno lo permite? ¿Cómo han llegado las élites secesionistas a inculcar el virus del odio a España utilizando ingentes cantidades del dinero de los españoles; todo con la connivencia y el permiso de los sucesivos gobiernos españoles? ¿Cómo han dejado los distintos gobiernos de España gestar una enfermedad como el independentismo en la sociedad catalana? ¿De dónde han salido estos gobiernos pusilánimes y consentidores? ¿Cómo es posible tanta locura? ¿Por qué ningún gobierno emuló al Cardenal Cisneros?

Os voy a decir lo que nadie se atreve a deciros. La respuesta está en la gran mentira: nunca ha habido democracia en España. Los españoles nunca lucharon por la democracia y nunca la conocimos. Estos mitos de nuestra lucha por la democracia y contra el franquismo no son más que fabulaciones históricas y la prueba es que el Caudillo murió en su cama. Fabulaciones de los que quieren vivir sin dar palo al agua. Nadie fue capaz de echarlo por mucho que todos digan haber luchado contra el franquismo. De haber tenido tanta gente en contra nunca habría podido mantenerse en el poder durante tanto tiempo. Lo que dicen los políticos son mentiras, lo que dicen los medios son mentiras, Todo mentiras, mentiras como las que usan también los independentistas en sus iluminadas fabulaciones históricas.

Los independentistas son los del odio a España. Son los peores entre los peores y más peligrosos, ya que a este grupo pertenecen unos verdaderos fascistas con un enemigo inventado inyectado en vena. Son los que odian a los españoles porque los consideran diferentes y ellos superiores. En el odio al diferente, "al inferior" está el núcleo del fascismo. Todo nacionalismo es fascismo, extrema derecha porque esos miserables ignorantes que llaman fascista al diferente y a nuestras fuerzas del orden desconocen y nunca han leído a Lenin; a un Lenin que despreciaba a los nacionalismos y precisamente quería lo contrario: "obreros del mundo, uniros y laminar las fronteras". Y estos catetos aldeanos llaman fascistas a nuestras fuerzas de seguridad y los apedrean, Y encima los muy ignorantes se creen de izquierdas, Nacionalista e izquierda es un coctel imposible. No existe.

Ante toda esta indignidad el gobierno ha encerrado en unos barcos a nuestros esforzados cuerpos de seguridad. Y los ha dejado indefensos y solos ante el peligro frente a las salvajes y descontroladas hordas de una masa bestial callejera. Solos ante el peligro, ante el monstruo de la bestia negra que rebosa odio por cada uno de sus poros. Y deja que policías y fuerzas de seguridad sean apedreados por la bestia negra. Y deja que nuestros héroes sean cercados, echados de pueblos, hoteles y acosados como perros por verdaderas turbas de bárbaros espoleados por élites separatistas henchidas de odio y poder; promoviendo la barra libre para acosar, maltratar, apedrear, agredir, insultar… mientras nuestra heroica policía permanece sin poderse defender, con la orden de dejarse aniquilar bajo el eufemismo de que “respondan proporcionalmente a los bestiales ataques”, es decir, de que no puedan defenderse cuando tienen la profesionalidad, capacidad y medios para hacerlo. Rajoy ha escogido la guerra y la indignidad por sacrificar a nuestras fuerzas de seguridad y doblegarse a los nacionalistas.

Cuando a Rajoy se le dio el poder de cambiar las cosas no lo hizo. Y se conformó con la comodidad y las migajas de poder de la partitocracia. Ha sido la única vez que nos acercamos algo a la democracia sin usar el reglamento de la democracia por el desastre que dejó Zapatero. Se le dio una mayoría como nunca para que lo que hizo ZP no pudiese repetirse. Rajoy desconoce que nunca en países donde el presidente de su gobierno haya sido elegido democráticamente, respetando la absoluta separación de poderes y la representación del pueblo; y no la unión de poderes por y para los políticos enrocados en sus partidos; nunca una democracia cuya normativa haya sido recogida por una constitución. Nunca, repito, se podría dar el bochornoso espectáculo del triunfo de la sedición sin castigo. Del derrumbe del Estado de derecho en contraposición al Estado policial que se da en Cataluña, ya que la policía catalana está politizada. Solo entonces el presidente de España no necesitará de consensos para aplastar como gusanos a los sedicionistas, porque el poder no lo habrán recibido de los partidos políticos, sino directamente del pueblo; y entonces no se encontrará con las manos atadas para salvar al pueblo. Una verdadera democracia nos uniría a todos bajo una misma bandera; la de España y acabaría de un plumazo con los sedicionistas. Solo que entonces les podríamos enseñar a los separatistas: “estos son nuestros poderes” y les podríamos mostrar una constitución de verdad, y no una ley fundamental hecha de espaldas al pueblo por y para los partidos políticos. Piensen en ello. Estamos aquí gracias a una luctuosa cadena de traiciones a España.

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