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Peñarroya Pueblonuevo, mi pueblo por Gabriel Muñoz Cascos



G.M.C.- Hoy voy a escribir, sobre mi querido pueblo, Peñarroya-Pueblonuevo, un pueblo serrano, donde vi la luz por primera vez e inicié mis primeros pasos. En él viví solo trece años, porque mis padres trasladaron su domicilio al cercano Belmez (mi segundo y también querido pueblo).




Nunca perdí de vista a Peñarroya-Pueblonuevo porque, aun viviendo en Belmez, fue, en la Academia Cervantes de Peñarroya-Pueblonuevo, dirigida por mi recordado Don Alfredo Gil Muñiz, donde realicé todos los estudios de bachillerato y -por libre- la carrera de Comercio. 

Y escribo con la mayor satisfacción, porque cualquier noticia que me llega de allí la recibo con interés. A pesar de que vivo en Córdoba desde 1970, nunca me olvidé de mis dos pueblos; es más, siempre he dicho, porque así lo siento, que hay tres poblaciones que llevo en mi corazón. Son Peñarroya-Pueblonuevo, Belmez y Córdoba. 

Y el motivo de escribir hoy sobre Peñarroya-Pueblonuevo, es porque acabo de leer en ABC de Córdoba del 1-9-2017, el artículo de Aristóteles Moreno, titulado “Hágase la luz” en el que relata cómo un eminente oftalmólogo cordobés, el doctor Villarrubia, de la Fundación Arruzafa, ha protagonizado un acto solidario y desinteresado a favor de un niño africano al que le ha dado la luz que perdieron sus azules y ojos. Yo no tengo el gusto de conocer al Dr. Villarrubia, pero sí conocí a toda su familia, naturales -como yo- de Peñarroya -Pueblonuevo, como a su padre, a su tía Carmen y especialmente a su tío José Mari (q.e.p.d.) con el que compartí muchos juegos en mi niñez. Le doy mi más sincera enhorabuena a la Fundación Arruzafa y especialmente al Dr. Villarrubia, por sus grandes éxitos profesionales y su inmensa generosidad.






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