POLÍTICA

[Política][bleft]

SOCIEDAD

[Sociedad][bsummary]

FIRMAS INVITADAS

[Firmas%20invitadas][twocolumns]

La solución final, por Antonio Rodríguez Burgos



Antonio Rodríguez Burgos.- En la táctica de los separatas catalanes asistimos a un proceso de provocación al Estado de Derecho, para inducir al Gobierno a una acción punitiva o neutralizadora que sea de tal naturaleza que favorezca una reacción popular multitudinaria y que resulte incontrolable para las fuerzas del orden. Creo que el Gobierno se está conduciendo acertadamente, tratando de evitar la trampa que conlleva esta táctica. Sin embargo, la citada reacción popular multitudinaria también tiene, como en cualquier país democrático, una solución: el uso de gases lacrimógenos, aerosoles de pimienta, balas de goma y chorros de agua. De esta manera la Guardia Civil y la Policía Nacional no hubieran quedado cercadas por los separatas manifestantes a las puertas del Palacio de Justicia y frente a la sede del Departamento de Economía, ante la desleal pasividad de los Mozos de Escuadra.



Es opinión común, expresada por tantos columnistas de la prensa nacional, como en tertulias radiofónicas y televisivas, que dialogar con quien pone como condición la de recibir privilegios y pesetas, convierte el diálogo en algo ruinoso. Como se ha venido comprobando desde la sacrosanta Transición: cada vez que el Gobierno de turno (PSOE o PP) necesitaba de los votos de los nacionalistas, estos le pedían el oro y el moro, y el Gobierno se lo concedía aunque traicionando a sus votantes de la forma más cínica y desleal. Y así, cada vez que las circunstancias se repetían. Por eso no me extraña que Podemón quiera tensar, esta vez, la cuerda hasta la exageración, para conseguir o bien la separación de la región catalana o bien, ante el miedo del Gobierno, muchísimos más privilegios y más pesetas. A sabiendas de que en la próxima ocasión pedirán más todavía. Como hasta ahora han tratado con unos poco patriotas y bastante indecentes presidentes del Gobierno, para quien lo único importante era y es seguir con el culo pegado al sillón de la Moncloa, los actuales separatas albergan la fuerte esperanza de que el truco funcionará una vez más. Esta actitud suele llamarse “voracidad insaciable” de los separatas y de otros cuando pueden chantajear al Gobierno. Sin ir más lejos, Urkullu ya ha pedido 23 prebendas más que no poseen las demás Autonomías. Sin olvidar, los millones que se han llevado los vascos y los canarios para que Rajoy consiga que les voten los Presupuestos.

Ha habido dos sucesos protagonizados por los desvergonzados políticos y que producen escalofríos: los más representativos de los políticos separatas dicen que “ellos están dispuestos a dialogar hasta en el último minuto”; y los ministros Luis de Guindos e Íñigo Méndez de Vigo dicen que aceptan el diálogo, pero el día 2 de octubre, es decir, después del último minuto. Incluso de Guindos ha especificado que se puede ofrecer "más dinero y mayor autonomía financiera" a Cataluña si el Govern retrocede en las demandas de independencia. Esto se llama tropezar en la misma piedra y bajarse los pantalones impúdicamente. Es una traición a los votantes del PP y a la mayoría de los españoles. Hace unos tres días, La Gaceta lanzó la votación sobre si el Gobierno acabaría cediendo al chantaje separatista: más del 80% votamos que sí. Por las palabras citadas, parece que hemos resultado proféticos y se ha mostrado que la gente va conociendo de qué pie cojea el PP y el de otros que también preconizan el compadreo.



Ante esta realidad, de nada sirve “mejorar las Autonomías” como pretende el desnortado Pedro Sánchez del PSOE con la “Comisión de Evaluación y Modernización del Estado Autonómico” que ha aceptado el PP, con su habitual cobardía y falta de convicciones ideológicas. En estos 40 años de democracia, tenemos unos políticos tan mediocres que solo piensan en subirse el sueldo con ocasión o sin ella, y en enchufar a sus parientes y amigotes, y en hacer chanchullos para meter lo que roben en una cuenta de Andorra, Suiza o Panamá. Los Partidos no tienen para el país más proyectos que los que caben en la actual legislatura: el invierno demográfico, que lo resuelvan otros el siglo próximo y si la electricidad es cara, pues para qué construir centrales nucleares si se puede importar la que producen las centrales nucleares de Francia donde los socialistas franceses las aplauden. Y como ejemplos, bastan estos dos. Sobre estos cimientos los males de los políticos y de los partidos se multiplican en España por 17: casualmente el número de nuestras adoradas Autonomías. Si no se han mejorado en 40 años, resulta grotesco que Sánchez con su potente cerebro de serrín monte la “Comisión de Evaluación y Modernización del Estado Autonómico” a la que se suma el cordero pepero. La situación a la que hemos llegado es la prueba del nueve del fracaso de la partitocracia “que nos dimos los españoles”. Dicho a las claras: no tenemos un solo partido constitucionalista que valga un duro.

Por crudo que resulte reconocerlo y decirlo, no hay otra solución definitiva que la abolición de las adoradas Autonomías. De aquí arrancan muchos males de nuestra convivencia: en un país moderadamente pobre, no nos podemos permitir el gasto tan exorbitado que ellas representan, ni el aumento de las facilidades a los políticos para que nos roben, para que se autosuban sus sueldos, para que puedan crear sociedades paralelas a las del Estado, y se rodeen de una corte de consejeros abusiva. Excepto Madrid ¿no resulta acabalabrante que existan Autonomías con una sola provincia? Y esto lo forjaron ¡los padres de la Constitución! Gente muy sabia. Ya es hora de enmendarlo.

Respecto a las Autonomías naciones o nacionalidades ¿Qué decir de la cacareada “identitat”? Pues que a identitat cada uno puede presumir de lo que le convenga. Con este fondo subjetivo, la discusión se presume inacabable. ¿Y de tener una Historia antigua e importante? Como andaluz diré que cuando en Tartesos, en plena Edad de Bronce, había una potente industria y un comercio cosmopolita, en Cataluña y el País Vasco todavía saltaban de rama en rama. Extremadura, tan menospreciada en Cataluña y en el País Vasco, luce con esplendor su capacidad conquistadora en América. Cataluña también ha hecho algo en América, justo es decirlo: el ron Bacardí. No quiero seguir abundando en la mitología catalanista.

Después de 40 años de Autonomías hay suficiente experiencia para hablar con datos en la mano y para evitar la ingenuidad cometida durante la sacrosanta Transición, cuando los nacionalistas y las izquierdas vestían piel de cordero y ahora muerden incluso al mismísimo Tribunal Constitucional y ofenden a tantos ciudadanos con su rampante cristofobia.

Sé que es un tabú en los medios de comunicación decir la verdad sobre las adoradas Autonomías, sé que no es políticamente correcto, pero sí de esto se habla en la calle hasta la saciedad y ya también ocurre en los medios no convencionales, es imperativo que estas opiniones salten a los medios más convencionales. Es posible que se pierdan algunas subvenciones, pero el asunto es tan grave que es de obligada responsabilidad. La administración española debe volver de manera total a su unidad nacional, de lo contrario la tabarra catalana y vasca será infinita. Los separatas han entrado en una fase de fanatismo tal que todo diálogo es imposible e inútil (excepto, cuando arañen privilegios y pesetas).

España tiene que volver a antes de Francesc Macià, de Sabino Arana, de Blas Infante y de Fuco Gómez (que no lo conoce ni su padre). Y de ahí empalmar con el siglo XXI. En mi opinión, y en la de tantos ciudadanos que ganaríamos un referéndum, la abolición de las Autonomías es la única solución final de la inacabable, puñetera y nauseabunda paranoia separatista.


No hay comentarios: