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Islamista radicalizado residente en un pueblo de 86 habitantes




La Audiencia Nacional juzga este lunes a Ali Afarkhane, un marroquí residente en Padilla de Arriba, un pequeño pueblo de Burgos, que recorrió en autobús 4.500 kilómetros hasta Turquía en 2016 con la intención de pasar desde allí a Siria para unirse a las filas del Daesh. Siete años de prisión pide para él la Fiscalía por un delito de integración en organización terrorista, así como otros diez de inhabilitación absoluta y seis de libertad vigilada.

Al Afarkhane vivía en Padilla de Abajo, un pueblo burgalés de 86 habitantes donde trabajaba en una explotación agropecuaria, pero el 12 de abril de 2016 «desapareció repentinamente» sin avisar a su jefe, que fue quien alertó a la Policía, según explica el Ministerio Fiscal en su escrito de conclusiones provisionales. Era, según el fiscal, «una persona de un estricto espíritu religioso y con escasa actividad social», de quien destacaba «su aislamiento social y el uso frecuente de su móvil y ordenador» y que terminó integrándose en el Dáesh.


«Pese a carecer de recursos económicos, ni siquiera para garantizar su mínima subsistencia, se desplazó a Santander, donde permaneció hasta el 16 de abril y desde allí tomó un autobús para un viaje de unos 4.500 kilómetros que le llevó hasta Gaziantep (Turquía) pasando por Rumanía y Bulgaria», explica el escrito del fiscal.


ENTRÓ EN TURQUÍA EL 20 DE ABRIL, PERO SU PLAN SE VIO TRUNCADO CUANDO UNOS DÍAS DESPUÉS SE PRODUJO UN ATENTADO EN UNA COMISARÍA DE LA LOCALIDAD

Afarkhane tomó esa ruta por «discreta y segura» y decidió ir a Gaziantep, una localidad turca en la frontera con Siria por ser uno de los puntos utilizados habitualmente por el Daesh como puerta de entrada de combatientes.

Entró en Turquía el 20 de abril, pero su plan se vio truncado cuando unos días después se produjo un atentado en una comisaría de la localidad, y las fuerzas se seguridad realizaron una redada tras la que fue detenido e internado en un centro de extranjeros antes de ser expulsado el 4 de mayo. A su llegada a España, Afarkhane siguió mostrando interés por desplazarse a Siria, consumía material adoctrinador yihadista y participaba en debates defendiendo ideales neosalafistas, lo que le permite concluir al fiscal que se encontraba en España como miembro del Daesh.

Para la Fiscalía, Afarkhana «siguió escrupulosamente los manuales» del Estado Islámico en los que se aconseja abandonar repentinamente el país sin móvil o posibilidad de contacto, mentir acerca de su estancia en el extranjero y decir que está en un viaje turístico si acaba siendo detenido como así ocurrió.Efe

Cuando fue arrestado el 26 de septiembre en Valladolid, la Policía encontró en su móvil una herramienta informática recomendada por el Daesh con la que pirateaba redes wifi para evitar dejar rastro de sus datos de navegación. También se encontraron en su teléfono «contenidos sobre adoctrinamiento yihadista» y en sus perfiles de Facebook y Twitter los agentes hallaron «búsquedas de perfiles de corte radical».

Todo esto, señala el fiscal, «hace palpable la interiorización de la filosofía yihadista» transmitida por el Dáesh. Afarkhane tenía una «precaución especial» a la hora de realizar publicaciones en internet y llevó a cabo una actividad de «proselitismo del Estado Islámico», en la que destaca una contestación a un imán que rechazaba la violencia en el islam. La réplica de Afarkhane supone, según el fiscal, una «férrea defensa de la yihad» y defiende «la lucha contra los enemigos de Alá».

El acusado también tenía varios libros que animaban a hacer la yihad «contra los enemigos de Dios todopoderoso» y que alimentaban el odio contra Francia «por sus intervenciones militares en África realizadas para frenar levantamientos militares islamistas radicales».
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