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“Esto no es un tratado de paz, es un armisticio de veinte años”, por Alberto Ojeda

Manifestantes por la independencia de Cataluña


Alberto Ojeda.- Estas palabras fueron pronunciadas por el mariscal de campo Ferdinand Foch a la firma del tratado de Versalles en 1919, y vaya si tuvo razón, a los 20 años y pocos días estalló la guerra más mortífera de la historia con más de 50 millones de muertos. Estas palabras y hechos que pueden parecer lejanos en el tiempo y tan fuera de contexto actualmente, se pueden aplicar a la situación que vive España respecto a Cataluña hoy en día. Desde que en 1978 se introdujese en nuestra Constitución ese infame y ruinoso estado autonómico, las prerrogativas a grupos nacionalistas y separatistas han sido incesantes, en parte para pescar en un gran caladero de votos y en parte para achicar el agua que se colaba en ese barco agrietado y apolillado en forma de "deseos" de independencia.

No hace falta retrotraerse en exceso para encontrar un discurso encendedor e irresponsable que puede constituirse como uno de los gérmenes de este reciente brote independentista. Nuestro querido y proclamado ex presidente de "la alianza de civilizaciones", José Luis Rodríguez Zapatero dijo en aquel momento "Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán"... y claro de esos polvos, estos lodos.

Las políticas de apaciguamiento no funcionan, ni funcionarán nunca. Lo vimos cuando un pusilánime Neville Chamberlain firmó, ufano él, los acuerdos de Múnich, condenando a la indefensión a casi 4 millones de checos que posteriormente serían parte del régimen más totalitario y tirano de la historia reciente. De la misma manera, nuestro actual presidente en un alarde de "madurez política" según él y de cobardía según la inmensa mayoría de este país, hace gala de las mismas políticas de apaciguamiento que llevó el primer ministro inglés en 1938.

Nadie tiene una bola de cristal para saber lo que pasará el día 2 de octubre, pero sí se puede adivinar a ciencia cierta que la única manera de frenar este nacionalismo y esta "jaula de grillos autonómica" es que el Estado recupere ciertas competencias como la Educación y la Justicia. Sin demasiadas "luces" se puede observar que unos de los pilares de este fuerte sentimiento nacionalista, ha sido el adoctrinamiento masivo que se ha llevado a cabo durante más de 30 años, cambiando la historia de los libros de texto, por una "alternativa" y beligerante historia antiespañola.

El otro de los pilares, de este "orgullo catalán", ha sido el idioma, si bien es importante que la gente conozca el idioma de su comunidad y entorno, no se puede permitir que el castellano desaparezca de las aulas de ninguno de los rincones de este gran país que es España. Durante el mandato de Artur Mas se le dio la puntilla de oro y capotazo final (como se diría en un espectáculo taurino), a nuestro rico y milenario idioma, sepultando finalmente el influjo de cultura española.

En definitiva, si el Gobierno pretende frenar esta absurda y anárquica situación que vive Cataluña y que preocupa a gran parte de los españoles, debe dejarse de complejos, de esconderse debajo de las faldas de los tribunales y sobre todo de dar nuevas prebendas a los parlamentos autonómicos como derecho de pernada, porque entonces no tendremos la paz, si no un armisticio a 20 años ...  o quizás menos.



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