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Esperpento nacionalista: ¿Roma ‘castellanizó’ Galicia siglos antes de aparecer el castellano?




UN EJEMPLO DE HASTA DÓNDE LLEGAN ALGUNOS EN SU AFÁN POR DESTERRAR EL ESPAÑOL

En 1983 se aprobó en Galicia una “Ley normalización lingüística” por la que los topónimos de esta comunidad bilingüe pasaron a ser monolingües, siendo su única forma oficial en lengua gallega.

Topónimos originales en latín son tachados de ‘deturpados’

Es totalmente anormal imponer una toponimia monolingües en una comunidad con dos lenguas oficiales, hablándose ambas desde hace siglos, una decisión política que conectaba con uno de los propósitos más ruines del separatismo: extender la idea los gallegos hispanohablantes somos extranjeros en nuestra propia tierra y no tenemos derecho a nombrar en nuestra propia lengua los sitios en los que vivimos. Aquella decisión fue un claro caso de exclusión lingüística y, como tal, dio lugar a una larga serie de disparates. Paradójicamente desaparecieron las formas originales de ciertos topónimos en los documentos oficiales. Tal es el caso, por ejemplo, del nombre de Bayona, que apareció por primera vez en una carta-puebla concedida por el rey Alfonso IX de León, un documento medieval escrito en latín: “Et impono eidem villae de novo nomen Bayona”. En el gallego medieval se usaba la letra Y, pero en el gallego actual no, así que hoy en día y con mucha frecuencia los nacionalistas tachan de “deturpado” (es decir, manchado, afeado, estropeado) lo que en realidad es el topónimo original en latín. Un completo absurdo.

Finisterre: un topónimo latino conservado fonéticamente intacto

Pero hay un caso aún más disparaado: el de Finisterre. El famoso cabo y la localidad homónima reciben su nombre del latín Finisterrae, un topónimo que se pronunciaba “Finisterre” en latín vulgar, como se ha conservado en el idioma español. La razón de ser de este topónimo es la misma que la de su homónimo francés, que designa la zona occidental de Bretaña. Uno y otro designaban los extremos más occidentales de la Hispania y de la Galia romanas, respectivamente. Sin duda alguna, el actual topónimo gallego Fisterra es una versión más deformada del topónimo original latino que el español Finisterre. Pero esto a los nacionalistas les da igual.

Atribuye el topónimo latino a una ‘obsesión por castellanizar’

En 2006 hubo una discusión en la Wikipedia española relativa a los topónimos de la provincia de La Coruña. Un usuario que apoyaba los planteamientos nacionalistas dijo que, por coherencia, el topónimo español debería ser Finistierra. Este lumbreras olvidaba o ignoraba que los topónimos no siempre se forman por mera traducción, y que lo más frecuente es la adaptación fonética. Eso fue precisamente lo que ocurrió con el topónimo Finisterre, que se ha mantenido inalterado en lengua española respecto de su pronunciación original latina, limitándose a plasmarla con la grafía española. De hecho, si los topónimos se hiciesen siempre por traducción, en gallego debería escribirse Finterra y no Fisterra. La presencia de esa letra S se deriva, precisamente, de una abreviación de su forma original latina. Lo más surrealista es que dicho usuario acusaba a la Wikipedia de una “obsesión por castellanizar”, y eso después de rechazar un topónimo español que conserva el original latino intacto, a diferencia de lo que ocurre con el topónimo gallego.

Un diputado del BNG tacha de ‘castellanizado’ el topónimo latino

En junio de 2009, el diputado Bieito Lobeira, del Bloque Nacionalista Gallego (BNG), presentó una iniciativa en el Parlamento de Galicia para que el gobierno autonómico exigiese al Instituto Cervantes que “corrija” unos topónimos gallegos que tachaba de “castellanizados”. Entre los ejemplos concretos que citó el señor Lobeira estaba el de Finisterre. El diputado del BNG calificó de “intolerable” que el Instituto Cervantes usase el topónimo en español. La intolerancia de este señor le impide comprender, por lo visto, que según la RAE, al hablar en español se deben usar los topónimos en español, de igual forma que al hablar en gallego se dice Castela e León en vez del nombre oficial de esa comunidad, que es Castilla y León. Pero fijémonos bien en el absurdo: Lobeira cree que Finisterre es una versión “castellanizada” de Fisterra, cuando no es más que la pronunciación exacta del topónimo original latino. A lo mejor el señor Lobeira piensa que los romanos tenían un Ministerio del Tiempo y que hacían viajes al futuro para castellanizar topónimos en gallego antes siquiera de que existiesen el castellano y el gallego…

La Marea considera ‘deturpada’ la pronunciación del original latino

En la misma línea y el pasado mes de junio, el Ayuntamiento de La Coruña, en manos de la Marea Atlántica (una coalición de nacionalistas y ultraizquierda en la que figura Podemos), cambió el nombre de la Avenida de Finisterre entre otros topónimos que tachó como “deturpados”. En su lugar ha puesto Avenida de Fisterra, un topónimo mucho más deturpado respecto del original latino que el topónimo en español. Y es que en el fondo les importa un pimiento que un topónimo conserve o no su forma más genuina. Lo único que les importa es desterrar el español de la toponimia, aunque eso implique borrar topónimos mucho más antiguos que sus formas actuales en gallego. Pero por si alguien no lo ve claro, el siguiente ejemplo despejará toda duda.

Los viajeros romanos del tiempo llegan a la Villa y Corte de Carmena

El pasado mes de abril un vecino de Cambados reclamó al Ayuntamiento de Madrid que renombrase la Calle de Finisterre, entre otros topónimos que considera “castellanizados”. Una vez más nos encontramos con el rastro de los sorprendentes viajes en el tiempo de los antiguos romanos para castellanizar topónimos en gallego antes de que nadie hablase ni en castellano ni en gallego. La repanocha… Lo más absurdo es que el gobierno podemita de Manuela Carmena se ha comprometido a revisar esas calles. Es decir, que ahora no van a permitir que se usen topónimos en español ni siquiera en la capital de España. Eso sí, si en Barcelona hay un Carrer de Saragossa y a los zaragozanos no les gusta, pues sólo les queda aguantarse. Y es que aquí de lo que se trata es de es aplicar una sola regla: hacer siempre lo que sirva para desplazar los topónimos en español. Si los topónimos oficiales están en gallego, entonces son sagrados y todo el mundo debe decirlos en gallego. Pero si los topónimos oficiales están en español, entonces no importan y se pueden usar exónimos en otros idiomas. Personalmente ya estoy harto de esta doble vara de medir.

http://www.outono.net/elentir/2017/09/18/esperpento-nacionalista-roma-castellanizo-galicia-siglos-antes-de-aparecer-el-castellano/

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