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España está necesitada de una cirugía de "hierro", por Carlos Aurelio



ESPAÑA ESTÁ NECESITADA DE UNA CIRUGÍA DE “HIERRO” QUE LA CURE, QUE LA LIBRE DE LAS MALAS MEDICINAS QUE LE SON ADMINISTRADAS POR LA PARTITOCRACIA TÓXICA QUE LA TIENE SECUESTRADA.

Cuando uno tiene la feliz ocurrencia de acercarse a la Historia de España de los últimos siglos, para estudiar la política española y a sus “políticos”, acaba observando poco más o menos que la nación española está subyugada como si fuera una mula, atada a una noria dando vueltas y más vueltas, sin poder avanzar, siempre caminando sobre el mismo terreno, siempre tropezando en las mismas piedras.

Da la impresión de que los españoles estamos amarrados a los mismos “problemas” desde hace más de un siglo; cada cierto tiempo vuelven a reabrirse los mismos debates: que si monarquía o república, que si estado unitario o estado de las “autonomías”, que si somos aliados de tales o cuales naciones y luego dejamos de serlo, que si seguimos con concordato con la Santa Sede o se abole, que si continuamos con un régimen de economía de mercado, o por el contrario implantamos un régimen intervencionista con planificación centralizada de la economía, que si adoptamos un régimen de democracia liberal o por el contrario un régimen autoritario, de partido único…

Después de la restauración de la monarquía parlamentaria (o algo parecido), a finales del siglo XIX, centuria a la que algunos consideran como aquella en la que se dio el despertar de la Nación Española, durante y tras la guerra de la independencia frente a las tropas de Napoleón; y tras sufrir unas cuantas décadas convulsas, pasando por la primera república, el cantonalismo, y sublevaciones, pronunciamientos y golpes de estado enésimos, aparte de tres guerras civiles, más la pérdida del imperio de ultramar; en España surgieron voces que pretendían promover aquello que a algunos se les ocurrió denominar “regeneracionismo”, de cuyo movimiento el principal representante fue el torulense Joaquín Costa.


Por poco que uno se pare a pensar, llegará a la tristísima conclusión de que la España que describía Joaquín Costa apenas transcurridos 25 años desde la Restauración Monárquica de 1876 (tras otro “paraíso republicano”) se parece demasiado a la actual. Joaquín Costa afirmaba entonces en “Oligarquía y caciquismo como la forma actual de gobierno en España: urgencia y modo de cambiarla” que el régimen político existente en España era un régimen oligárquico y caciquil. España, decía, estaba “gobernada por una oligarquía de ‘notables’.”

Joaquín Costa no proponía, reformar el régimen existente en aquel momento, sino, su supresión. Hablaba de la necesidad de un cambio constitucional. Decía que “este régimen caciquil que adopta una forma de monarquía parlamentaria, en vez de subordinarse los elegidos a los electores, son éstos los que están sometidos a los elegidos. Además, tampoco la ley contempla o considera de forma ecuánime a todos los ciudadanos. “Quod oligarchae placuit, legis habet vigorem.”, que significa, para aquellos a los que la LOGSE y demás leyes educativas “progresistas” los apartó del latín, que: Lo que place al oligarca tiene fuerza de ley.

En la España caciquil, -tal como en la actual España- los oligarcas se reparten el país por áreas de influencia política. Cada oligarca disfruta de su correspondiente feudo-taifa. Los oligarcas se agrupan en asociaciones o “bolsas de empleo” llamadas partidos políticos y hacen como que deliberan en las Cortes. En España más que Cortes y partidos políticos existe una caricatura de ambas cosas. Los grupos políticos no responden más que a intereses pasajeros y provisionales personales y particulares de grupos de interés (lobbys, o grupos de presión se denominan hoy) Por lo demás, el parlamento no representa a la nación. Las elecciones son organizadas por los que realmente gobiernan para obtener el resultado electoral apetecido…
España posee un régimen bastardo, de imposible clasificación. Por todo ello, J. Costa no condena el régimen parlamentario sino su corrupción oligárquica. En España, afirmaba, hay dos gobiernos: uno fantasmal: el sistema de monarquía parlamentaria, con constitución y elecciones y otro el real, efectivo y esencial que es el caciquismo oligárquico.

La oligarquía de la que habla Costa posee un poder absoluto, sin ningún tipo de freno o contrapeso. Por encima del Rey está Su Majestad el Cacique. De esta manera describía Joaquín Costa la realidad política existente en la España de 1899: “gobierno del país por una minoría absoluta, que atiende exclusivamente a su interés personal, sacrificando el bien de la comunidad.”

Joaquín Costa añade aún más: “la existencia de la oligarquía política compromete la unidad de España y fomenta el secesionismo político y territorial. Para que subsista España como Estado nacional es preciso que desaparezca la oligarquía. La oligarquía desnacionaliza España”.

Hace casi un siglo que el bisabuelo de Don Felipe VI encargó (aunque según algunos le fue impuesto) al General Primo de Rivera que emprendiera una profunda regeneración, para acabar con el tremendo caos, la enorme crisis que padeció el sistema político de entonces. Hasta tales extremos de latrocinio, corrupción, etc. se había llegado que la mayoría de los españoles de hace un siglo, independientemente de su formación y su extracción social, o cualquier otra circunstancia personal, aplaudió la iniciativa del General Miguel Primo de Rivera.

El General Primo de Rivera hizo lo equivalente a desmantelar el “estado de las autonomías” y toda la inmensa red clientelar, de corruptela, de gangsters, delincuentes que tal como ocurre en la actualidad, entonces campaba por sus fueros, y condujo a España a una terrible situación equiparable a la que actualmente aqueja a España… Por ahí debería empezar la acción regeneracionista, quirúrgica a emprender…

Lástima que lo que comenzó con muy buenas intenciones, acabara desvariando, e incluso lo que se pretendía que fuera transitorio, acabara de malas maneras; desgraciadamente Miguel Primo de Rivera se fue inclinando hacia la forma de estado corporativista, e incluso intentó imitar a Benito Mussolini… Como bien saben los que saben de Historia de España, la cosa acabó debido a la diabetes de Miguel Primo de Rivera… Tras aquello, vino el caos que algunos pretenden vendernos como el “Edén”, la mejor de las Españas posibles que, se frustró debido a unos bárbaros egoístas, insolidarios,…
Bien, volvamos al siglo XXI: España está necesitada de un plan de choque que como mínimo, empiece por desmantelar el denominado “estado de las autonomías” (es la única forma de acabar con las oligarquías y caciques presentes por todos los rincones de nuestra patria y la corrupción sistémica actual).

Un plan de choque que prosiga con la derogación de toda la maraña legislativa de las diversas taifas/feudos, para recuperar la unidad fiscal en todo el territorio español, la igualdad de todos los españoles ante la ley, para recuperar también la unidad de mercado, y proseguir en la dirección del estado unitario, que centralice, igualmente, todo lo concerniente a la enseñanza/instrucción pública, en todos los niveles desde el parvulario a la universidad; y lo mismo en la sanidad pública y los servicios sociales más esenciales…

Un plan de choque que elimine los diversos tribunales superiores de justicia de las actuales comunidades autónomas, y sus competencias retornen al Tribunal Supremo; tribunal en el que también habría de integrarse la actual Audiencia Nacional; y por supuesto, un plan de choque que suprima el Tribunal Constitucional, y sus competencias sean asumidas, igualmente por el Tribunal Supremo; una reforma profunda de la Justicia, que obligue a los jueces a someterse al imperio de la ley (y no al revés) y que en sus resoluciones respeten escrupulosamente la Constitución, y se acabe con la sensación general de arbitrariedad e inseguridad jurídicas que actualmente padecemos. Pues los españoles no merecemos la “injusta justicia” que padecemos, lenta, cara y arbitraria; estamos hablando de un plan de choque que haga lo posible para acabar con la idea que tiene la mayoría de los españoles, tanto de la judicatura, como de la “clase política”, de que son dos castas privilegiadas que gozan de impunidad e inmunidad absolutas.

Un plan de choque que cree una Administración de Justicia realmente independiente, lo cual significa, también, que el nombramiento de los órganos judiciales y de la fiscalía no se realicen por parte del poder ejecutivo o del legislativo.

Un plan de choque para acabar de una vez por todas, con la situación de transitoriedad en la que España está instalada, en ámbitos en los que debería haberse ya alcanzado un acuerdo perdurable, un consenso nacional, un acuerdo de mayorías que asegure estabilidad y durabilidad. Posiblemente somos el único país occidental que en cada legislatura se cuestionan el sistema de enseñanza, la política exterior, el sistema sanitario, el sistema tributario, el modelo de Estado. Un plan de choque que trate de preservar el Estado del bienestar, ¡Si! Pero aunque la universalidad de la sanidad, la educación, la atención jurídica o la previsión de la vejez son conquistas irrenunciables, es indudable que no están siendo gestionadas de la mejor manera posible…

Un plan de choque que vaya en la dirección de una democracia “más profunda, y permanente”; profunda en el sentido de que no se dé un cheque en blanco a los políticos sino un mandato concreto, y permanente porque los actuales medios tecnológicos permiten frecuentes consultas a la ciudadanía.

Un plan de choque que ponga en marcha un sistema electoral más justo que el actual, matemáticamente proporcional a lo votado, sin las perversiones actuales que propicia la Ley d’Hondt.

Un plan de choque que entre otras cosas elimine la financiación -con nuestros impuestos- a los a los partidos políticos, a los sindicatos, a las patronales, y a toda clase de entidad privada, pues debe ser la sociedad, o mejor dicho cada ciudadano, la que libremente costee a aquellas entidades que prefiera.

Sería imperdonable, que se siga apuntalando el sistema sin ir a la raíz de los problemas.

España necesita una operación quirúrgica con valentía suficiente y la altura de miras que exigen los terribles momentos por los que actualmente atraviesa nuestra patria, y particularmente el intento de ruptura de la Unidad de España que se está produciendo en Cataluña en el momento presente; la única esperanza que le queda a España es que un grupo de “hombres sabios y buenos” desaloje de las instituciones a la pandilla de golfos que nos mal-gobiernan, y que conduzca a España a un periodo realmente constituyente, de ruptura con las formas caciquiles y oligárquicas como forma de gobierno, y acabemos finalmente homologándonos con los regímenes políticos más avanzados y las naciones más prósperas de nuestro entorno cultural, político, económico…
Y ya, para terminar: Felipe VI está demasiado callado. Joaquín Costa proponía que la Corona «practicara», que el jefe del Estado dejara de ser un poder teórico, qué asumiera la jefatura del Estado y se pusiera al frente de la imprescindible regeneración-quirúrgica que España necesitaba con urgencia extrema; que emprendiera acciones políticas libertadora, pedagógica y económica para hacer de los españoles una nación moderna, digna sucesora de aquella que se labró, se construyó a fuerza de paciencia y de genio, a lo largo de los siglos.

Carlos Aurelio Caldito Aunión.

Badajoz, taifa hispánica del suroeste, junto a la “Raya”.

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