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De la disidencia, las estrellas excluyentes y las banderas ignífugas, por Alicia Rubio


Alicia Rubio.- Imagino el desconcierto de los alemanes no afines al partido nazi cuando, una vez éstos tomaron el poder, las banderas nacionales se sustituyeron por la roja y negra del partido gobernante. La foto de las avenidas y las grandes plazas llenas de esvásticas y en la que por ningún lado es visible la bandera que representa a todos los alemanes, es una imagen que recordamos cuantos la hemos visto. Diríase que, los que exhiben e imponen como único emblema ese que sólo les representa a ellos, excluyen de forma inadvertida, pero intencionada, a todos lo que no se sienten identificados con la bandera nazi.

Por eso me centro en el desconcierto, el desagrado y la indefensión de los no adeptos al partido frente a la maquinaria del poder. Esa sensación de que, en un momento dado, se les ha expulsado de la vida pública salvo que asuman, como suya, la bandera de algunos. Simplemente recuerden la última escena de Cabaret cuando, al canto de un adolescente de las juventudes nacionalsocialistas, todos se levantan por adhesión, por miedo, por no destacar, por sentirse del grupo poderoso… brazo en alto coreando la melodía mientras un hombre permanece sentado, desconcertado, molesto, indefenso, excluido, solo.

En aquella época no se sabía lo que ese régimen traería a Europa como no se sabe lo que la locura independentista, que necesita para su cohesión de un enemigo externo, traerá para España. De momento las banderas de la estrella que excluyen, molestan y desconciertan a muchos, se imponen en las calles, plazas y organismos públicos sustituyendo a la que es de todos y de la que se han desmarcado, voluntariamente y esgrimiendo una historia inventada y agravios inexistentes, los que ondean la bandera de la exclusión.

¿Ustedes creen que, mientras fue posible, no se descolgaron, quemaron y trataron de eliminarse las banderas nazis? Seguro que sí, hasta que su proliferación y la violencia de sus defensores lo hicieron imposible.Los hombresque no se levantaron a cantar hicieron cuanto pudieron para mostrar su disidencia frente a quienes les expulsaban de la res pública y les arrebataban sus derechos. Porque una democracia es el gobierno de la mayoría respetando a la minoría y, si se la excluye, o una minoría se impone mediante el miedo, lo que hay es una dictadura, unrégimen totalitario.

Si en Cataluña hay un régimen de una mayoría que excluye y conculca los derechos de una minoría, o si hay una minoría gobernando con la voluntad de muchos, corrompida a golpe de talonario, miedo o manipulación, es algo que yo no tengo muy claro, aunque me decanto por lo segundo pese a que intentan hacerme creer lo primero.Lo que tengo claro es que muchos no viven en una democracia, ni les ampara la Constitución Española.

¿Saben que las banderas anticonstitucionales que llevan una estrella y que los ayuntamientos colocan, al margen de la legalidad y de sus atribuciones, son ignífugas?

Lo que sí que sé es que esas banderas de la vergüenza se descuelgan y se queman como única forma de defenderse de una maquinaria implacable, una dictadura dentro de una democracia en la que el Estado que debía defender a estos ciudadanos ni está, ni se le espera.

¿Cuántas banderas de la estrella no se habrán quemado para que hayan decidido encargarlas ignífugas?

No se dice, no sale en ningún lugar; la eliminación de estos ciudadanos es tal que no existen porque en los Estados de derecho hay disidencia, pero los totalitarismos no pueden permitirse una fisura en la adhesión generalizada.

Abandonados por un Estado cobarde, pactista y cortoplacista sea cual sea su color (de hecho ya empieza a ser arcoíris su bandera) los catalanes a los que se les prohíbe ser españoles queman las banderas de la ignominia. Y la Generalidad las envía ignífugas. Dinero no falta. Lo que falta es libertad hasta el punto de que, como es más rentable que no se sepa que existen, nadie habla de esto. Ni la prensa, ni los boletines de los ayuntamientos.

Me lo contaron ellos. Los españoles de Cataluña que queman las banderas de la estrella excluyente. Los españoles de Cataluña condenados a no existir. Los disidentes de un régimen que vulnera derechos, enfrenta y persigue. Los españoles de Cataluña, desconcertados, molestos, indefensos, excluidos, solos, que se niegan a levantarse brazo en alto a cantar una canción que, como el hombre de la película Cabaret, posible combatiente en la Gran Guerra, ya conocemos qué trae.

Con todo mi respeto, mi admiración y mi cariño a los disidentes. A los que sabéis que el ultraje es ignífugo pero siempre inaceptable. Que la ignominia se impone pero la dignidad no la admite.


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