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Cataluña, el antro del fascismo, por Monti

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Monti.- De haber intuido el Sr. Tarradellas el derrape hacia el fascismo rayando el nazismo que sufriría la clase política catalana dominante no en busca de separarse de España, sino de formar un estado totalitario. Por eso los políticos sedicionistas no defienden en sus discursos a los ciudadanos de Cataluña y en eso sus discursos no mienten. Ellos mismos lo dicen. Defienden las instituciones de Cataluña. En definitiva, defienden el estado catalán totalitario. Ante el panorama presente puede que Tarradellas jamás hubiese pronunciado, a su vuelta del exilio, su famosa frase: “ya sóc aquí”, léase como “ya estoy aquí”. Y el motivo es que ni hubiese vuelto a Cataluña. A Tarradellas le repugnaba el nazismo.

La visión del papel de Cataluña en la España de Tarradellas y la de Pujol eran antagónicas y nada tenían que ver. Mientras para el primero la inclusión de Cataluña en España y del bienestar de los ciudadanos catalanes formaban parte del su planteamiento político, para el segundo solo mantenía al respecto una ambigüedad calculada con objeto de arrebatar concesiones al Estado. La adoración del Estado por parte de Pujol hizo que él y los suyos solo quisieran más Estado para Cataluña y la libertad o bienestar de los ciudadanos jamás estuvieron en sus planes. Es mentira que los secesionistas quieran independencia para el ciudadano: lo que quieren es estatalismo. Lo que quieren es mandar ellos y esquilmar ellos las riquezas. Quieren el poder por el poder… Y eso es puro nazismo: incluir al ciudadano dentro del Estado. Nazismo es embarrarse en una corrupción total que ojalá se hubiese mantenido en tan solo un 3 % y robar el dinero de los españoles y especialmente de los catalanes en cantidades pantagruélicas con el apetito voraz de un tiburón hambriento. Los sedicionistas catalanes no aman a Cataluña: aman la idolatría del Estado. Ojalá fuesen nacionalistas de verdad, Son estatalistas puros y duros.  Tan estatalistas como lo fueron Hitler o Stalin.

Luis XIV tuvo la valentía de pronunciar una frase que ha quedado para la posteridad: “el Estado soy Yo”. Pujol dijo lo mismo, pero sin la valentía y gallardía de Luis XIV cuando desde el balcón de esa corrupta institución llamada la Generalidad pronunció: cuando me atacan a mí están atacando a Cataluña, Pues sí Sr. Pujol, El Estado soy yo. Tuvo Vd. razón. Pero no olvidemos que dentro de la visión personal de Pujol de “el Estado soy yo”, por extensión dicha filosofía ha pasado a todos los sedicionistas. Si alguien arremetía contra Pujol, los corruptos medios de comunicación arreciaban el mensaje del victimismo del pujolismo, y así asuntos como la corrupción de Banca Catalana quedó bajo el paraguas de la impunidad. El Estado soy yo, decía Pujol, y todas las corrupciones de su partido quedaban impunes. Y los estatalistas (me niego a llamarles secesionistas) se apuntaron a la orgía de poder y dinero. El resultado de esa corrupción consentida desde España fue Pujol 1 España 0. El triunfo del nazismo en su estado más puro y del pensamiento único que continuó desde un control férreo de los medios, adoctrinamiento en la escuela de adoración a las instituciones del Estado Catalán, por corruptas que fuesen y el odio al enemigo inventado ha sido el triste resultado en el que ha acabado Cataluña.

No sé si alguna vez esa parte de España podrá salir del nazismo, pero que el fascismo extremo esté en una parte ya institucionalizado es preocupante para el resto de España.

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