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¿Por qué desconectarse de las redes sociales?


¿Por qué desconectarse de las redes sociales?


Desde que el WhatsApp se crease en el año 2009 y se convirtiese en un fenómeno mundial ha llovido mucho. Los hay que no dejan el móvil ni en los momentos más íntimos, y otros han decidido apartarse de la red de redes en busca de lo que ellos llaman beneficios emocionales. ¿Dónde está el equilibrio si es que lo hay?

Algo de razón puede que tengan figuras como Aristóteles en esto de que la virtud está en el justo medio entre dos extremos viciosos, y Confucio que habla también de la virtud desde el camino del centro. Esto viene a colación por la cantidad de desertores a las redes sociales que están saliendo por todos los rincones del mundo. Y es que cada vez hay más personas que deciden desconectarse de las redes sociales como WhatsApp, Twitter o Facebook, (por citar algunas de las más usadas) con la intención según ellos de tener vidas más saludables. Sin embargo, ¿es todo o nada?


¿Tanto poder ejercen sobre nosotros las redes sociales?



Hay datos para todos los gustos y con ellos se pueden generar diversidad de informes, que pueden demostrar una cosa y/o su contraria. Por ejemplo, un estudio realizado por el Happiness Research Institute, constata que las personas que se han retirado del Facebook más de una semana se sienten más felices y menos preocupadas. Esto se traduce básicamente en que un 34% de la gente estudiada en esta red social se sentía triste y depresiva, y un 25% sola.

Ahora bien, también podríamos hacernos la siguiente pregunta ¿son las redes sociales las que nos hace sentirnos así, o más bien es que lo llevamos con nosotros mismos? A veces parece como si las aplicaciones, plataformas e incluso la tecnología gozasen de una vida propia y pudiesen decidir por nosotros.

De esta opinión parecer ser Ferran Lalueza, profesor de comunicación de la UOC y experto en Social Media Management, quien afirma en este reportaje de lavanguardia.com, que “decir que las redes sociales de manera implícita conllevan infelicidad me parece extremo y fuera de lugar”. Y el docente además, añade: “vivir dentro de una burbuja y no exponerse a nada nos hace creer que somos felices, pero estar en contacto con la realidad no es nada malo. Por esta misma razón, una persona también puede ser más feliz sin leer la prensa para no enterarse de las desgracias que suceden. Para Lalueza en resumen y casi haciendo mención de nuevo al punto medio de Aristóteles y del centro de Confucio dice: “el boom de las redes sociales es todavía reciente y necesitamos hacerlas nuestras, y decidir qué nos aportan de nuevo, y qué cosas nos pueden perjudicar, lo ideal es saber encontrar un equilibrio”.


Alternativas, ellas sí que existen…



Otro tema más allá de si las redes sociales nos hacen más felices, infelices, dependientes, es si hay alternativas para por ejemplo tener más protegidos nuestros datos personales. Así, tenemos el caso de programas como Telegram, que tal y como se cita en este artículo de 1and1 sobre alternativas a Whatsapp, “se distingue sobre todo por su papel como aplicación segura. Sus desarrolladores ofrecen dos tipos de cifrado diferentes: la opción cifrado cliente-servidor y los llamados secret chats, que hace que los emisores y los receptores sean los únicos que puedan leer los mensajes. Y es que además, Telegram no puede acceder a los contenidos ni tampoco puede transmitirlos de manera voluntaria o por obligación a otras empresas o servicios de seguridad”.

Entonces podemos comenzar a centrarnos más allá de fijarnos en lo que las redes sociales nos produzcan, en verlas como un instrumento más que como un fin en sí mismo. Tal vez lo más sensato sea ver como WhatsApp, y otras redes sociales influyen en nuestra vida y a partir de ahí empezar a construir sobre esta base.

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