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Pongamos los medios para protegernos y dejemos de decir sandeces, por @jsobrevive


@jsobrevive.- Tras los últimos atentados yihadistas perpetrados en Barcelona y que han provocado, al menos, quince muertos han sido varias las reacciones tanto de políticos, como de ciudadanos. Una de las que más me ha llamado la atención fue la protesta convocada en Barcelona en los últimos días y que acabó con el famoso grito: "no tenemos miedo". No entro a valorar las bondades de ese grito ni la voluntariedad del mismo, pero sí creo que debemos valorar la realidad.
La realidad evidente es que después de lo que ha pasado, de lo que pasa y de lo que pasará, si las cosas siguen como hasta ahora, es que sí debemos tener miedo. Y debemos tener miedo porque está claro que a este tipo de terrorismo le da igual las protecciones de las que podamos disponer, porque encontrarán nuevas formas de matar. Pero es más evidente todavía que las que tenemos no son suficientes porque necesitamos más.

Se habla mucho del tema de los famosos bolardos y del "es imposible poner puertas al campo", pero a las administraciones y a los infinitos gobiernos que tenemos en España no les resulta imposible hacerlo cuando se trata, por ejemplo, de recaudar. Hoy en día puedes circular en coche por cualquier carretera de España y tu velocidad está siendo vigilada casi por tierra, mar y aire, no por nuestra seguridad, más bien para pegarnos el gran sablazo. Ese es solo un ejemplo de cómo, cuando les interesa, encuentran métodos para poner esas puertas al campo, que en otros casos, como este, parece ser que les resulta tan difícil.
Gritar que no se tiene miedo en estas circunstancias estaría muy bien si fuera real, si fuera creíble, pero el miedo es lo único que nos puede salvar en muchas ocasiones ante este tipo de circunstancias, aunque en otras pudiéramos hacer el ridículo. La situación que vivimos es excepcional y se debe tratar con la misma excepcionalidad por nuestra parte. Es evidente que el miedo es libre, pero es más evidente todavía que esos gritos del otro día eran muy poco creíbles. En mi caso no me duelen prendas en decirlo abiertamente, yo sí tengo miedo, estoy aterrado.

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