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Las fotos de los gatitos y el soma de la felicidad artificial, por @jsobrevive


@jsobrevive.- Tras el penúltimo atentado yihadista, esta vez cometido en España, concrétamente en Barcelona, se ha producido un duro debate sobre si compartir fotografías y vídeos con las víctimas del atentado o no hacerlo. Por un lado están los que dicen que no, las fuerzas de seguridad apoyadas, esta vez sí, por la izquierda más reaccionaria, y por otro lado estamos los que pensamos que sí. En su lugar se ha decidido compartir fotos de gatitos como muestra de rechazo y solidaridad con las víctimas. Lo más curioso de todo es que esto lo defienden los mismos que nos inundan las redes con fotos de niños de Palestina o del niño Aylan, el pequeño refugiado que se ahogó y cuya foto se convirtió en viral.
Pues en este caso yo sí estoy de acuerdo en que esas imágenes se deben compartir por una razón muy sencilla, para que permanezcan en el cerebro de tanta gente que hay que tiende a blanquear ciertos actos terroristas y que en un par de días se habrá olvidado de lo sucedido. Y eso está ocurriendo sorprendéntemente y por desgracia en un país como España, tan duramente golpeado por el terrorismo durante muchos años. A día de hoy el terrorismo de ETA, por ejemplo, está siendo blanqueado por mucha gente que intenta que nos olvidemos de las víctimas y de las tragedias que estos actos provocaron en sus familiares. Cuerpos de hombres, mujeres y niños a los que los terroristas dejaron salvájemente mutilados y destrozados con sus actos.

Cuando esas imágenes se ocultan, cuando no existen, pareciera como si los muertos se difuminaran en la memoria y no existieran o, como mucho, pensáramos que esas muertes se hubieran producido de forma natural, cuando no ha sido así. No es cuestión de lo que busque o deje de buscar el terrorista, es cuestión de las propias taras de la sociedad actual, que se ha acostumbrado ya a escuchar hablar de un número de muertes determinada pero que incomprensiblemente permanece impasible cuando no ve con sus propios ojos las consecuencias reales de estas salvajadas.
Los gatitos de las redes sociales son el soma del que hablaba Huxley en su libro "Un mundo feliz". El soma de la felicidad eterna pero completamente artificial. El soma de la indiferencia ante la desgracia ajena y sobre todo el soma de la terrible realidad en la que vive instalada nuestra sociedad actual, tan adelantada en tecnología pero tan retrasada en humanidad, ese soma del "ojos que no ven, corazón que no siente".

1 comentario:

  1. Amo los gatitos pues tengo dos, pero amo mi vida pues tengo una y creo que es conveniente poner las imágenes de lo que pasó como bien dices. Y por ponerlas me denunciaron ante Facebook que me oculto el vídeo de ellas. ¡Esa libertad tenemos!

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