Caridad, relato breve de Miguel Camuñas


 
Miguel Camuñas.- Pedía a Dios el ermitaño, desde su recóndito retiro, alguien con quien poder hablar, lo ansiaba sobre todas las cosas en la vida.

Habituado al ayuno, se alimentaba solamente de un pan que le traía un águila cetrera cada mañana.


Una noche tormentosa llegó a la ermita un cazador buscando refugio, venía malherido, exhausto. El ermitaño esforzado en ampararle, decidió alimentar al desvalido con el pan reservado para su cena. Al amanecer, mientras dormía, revisó sus pertenencias y en el zurrón descubrió con estupor el cuerpo sin vida del águila que le abastecía.

Reanimose el cazador y el anciano solicitó ansioso su conversación, fracasado afán, porqué el viajero era sordomudo. A pesar de ello, el ermitaño agradeció a Dios permitirle ejercer la caridad, y el ballestero continuó su camino. Pronto, el fantasma del hambre invadió la ermita, oración y paciencia apenas persistían. Entonces, otra presencia humana, sorprendió al eremita atendiendo sus plegarias. Era el panadero al que el águila robaba el pan, había contratado al cazador para matarla pero, tras conocer su ejemplar comportamiento, prometió al ermitaño traerle personalmente un pan y charlar con él, cada día.


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