Malditos sean los médicos que traicionan el juramento hipocrático al rechazar las donaciones de Amancio Ortega, por @LagartijaSoy


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LagartijaSoy.- Mientras en algunas comunidades, políticos y sanitarios sectarios, irracionales e insensibles siguen rechazando las donaciones de Amancio Ortega, médicos de hospitales a lo largo de nuestro país, reconocen el gran valor de las mismas y el positivo aporte que tienen esas ayudas en la lucha contra el cáncer. Porque hay luchas en las que todo esfuerzo es poco y ninguna ayuda es desdeñable. 


Así, médicos del servicio de oncología de un hospital salmantino, reconocen que "Se ganarán más batallas al cáncer (...) con las máquinas de Amancio Ortega" El jefe de Oncología Radioterápica en el Complejo Asistencial de Salamanca, Luis Alberto Pérez Romasanta, asegura que "rechazarlo es algo ridículo". Gracias a la donación de la Fundación Amancio Ortega el hospital charro contará con medios adecuados para situarse en la primera línea de la lucha contra el cáncer. El proyecto incluye la sustitución a corto plazo de dos aceleradores lineales, y la actualización inmediata de los equipos actuales, junto con tres mamógrafos y un sistema de radioterapia intraoperatoria móvil. Los millones se materializarán en unidades de tratamiento, y esto redundará en mejorar los resultados frente al cáncer. Continúa, el doctor Pérez Romasanta que no puede "entender que alguien critique una aportación que es beneficiosa para todos: para los pacientes, para el sistema sanitario y para los propios profesionales"

El Sacyl ha firmado un convenio con la Fundación de Amancio Ortega con la finalidad de renovar equipos de radioterapia que entraban en su periodo de obsolescencia. Se va a utilizar la contribución de esta Fundación, en total 18 millones de euros, para renovar equipos en los hospitales de León, Valladolid, Zamora y Salamanca. 

En unas declaraciones a un medio local, preguntando acerca de la polémica que la donación ha generado en toda España, el doctor opina que todo ello es "Un absurdo, polemizar sobre donaciones, incluso desde la perspectiva de los defensores de la Sanidad Pública, entre los que me incluyo, es ridículo. Me parece absurdo rechazar ayudas económicas que vengan de entidades privadas. Seríamos una excepción en el mundo occidental. ¿No le parece absurdo tener cáncer y no aceptar las ayudas que presta la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), que es una entidad privada? La Sanidad Pública nunca van a alcanzar el 100% de las necesidades sanitarias y sociales de los pacientes con cáncer, por lo que cualquier contribución es bienvenida".

Y continúa: "El paciente siempre es lo primero y si el sistema sanitario no alcanza a cubrir determinadas necesidades, lógicamente cualquier donación sería bienvenida. Anteponer una determinada concepción política a las necesidades del paciente sería un totalitarismo con el que saldrían perjudicados los pacientes. Entre la gente que critica las donaciones hay prejuicios políticos y una mentalidad estrecha, poco coherente con lo que sucede en los países de nuestro entorno. Por supuesto, al Gobierno y al Sistema Sanitario hay que exigirle que estén siempre pendientes de las necesidades sanitarias y no permitan que el equipamiento tecnológico de sus centros quede obsoleto". 


Por suerte, aún existen en España profesionales despolitizados, cuyo único pensamiento es cumplir con el juramento hipocrático.


Manuscrito bizantino del siglo XI en el que está escrito el Juramento hipocrático en forma de cruz. Biblioteca Vaticana.

Juramento hipocrático de la Convención de Ginebra (1948):

En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad.
Conservaré a mis maestros el respeto y el reconocimiento del que son acreedores.
Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones.
Respetaré el secreto de quien haya confiado en mí.
Mantendré, en todas las medidas de mi medio, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica. Mis colegas serán mis hermanos.
No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase.
Tendré absoluto respeto por la vida humana.
Aun bajo amenazas, no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad.
Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor.

Queda claro que estos médicos que se muestran contrarios a las donaciones de Amancio Ortega, traicionan varios de los postulados que integran el juramento hipocrático:

No consagran su vida al servicio de la humanidad.
No desempeñan su labor con conciencia y dignidad.
La salud del enfermo no es la primera de sus preocupaciones.
Anteponen consideraciones políticas a la salud del enfermo.
Finalmente, todo ello se traduce en un desprecio por la vida humana.

¡Malditos sean!


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