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El váter, el invento que nos convirtió en reyes

Si existe un elemento del día a día al que le debemos más de un alivio ese es, sin ninguna duda, el váter. Imaginaos qué sería de nosotros si no contásemos con Roca para mantener esas conversaciones tan satisfactorias a las que todos recurrimos cada dos por tres. Pero, ¿os habéis parado a pensar alguna vez cómo solucionaban ese pequeño problemilla nuestros antepasados? Efectivamente, el hacer desaparecer los excrementos ha sido uno de los quebraderos de cabeza que más ha acompañado al hombre a lo largo de la Historia. A continuación os descubriremos el amplio mundo del retrete, mucho más antiguo de lo que os podáis imaginar.

La historia del retrete antes de que fuese “inodoro”



El primer retrete de la Historia, perteneciente a la civilización de Harappa. 2.500 a.C.

Hace 4000 años, sí habéis leído bien, 4000 años, los habitantes de Oriente Próximo pensaron en la posibilidad de crear un elemento en el que pudiesen sentarse cómodamente y así resultase más sencillo esto de poder realizar las “necesidades mayores”. Eran gente un tanto comodona según parece, así que no se conformaban con ir debajo de una árbol como se había hecho hasta entonces… Y puestos a posar el trasero y yéndonos a lo más básico, no es difícil imaginar que la letrina más antigua del mundo, la cual se encuentra en Pakistán (1), consiste en una construcción de piedra bastante primitiva con un agujero por dónde expulsar los residuos y que conectaba a una canalización. Así de sencillo y básico… ¡y nadie lo había pensado antes!

Tras ésta, otras grandes civilizaciones de la Edad Antigua recurrieron a soluciones similares.

Los egipcios, por un lado, lejos de conformarse con un solo tipo de retrete, crearon dos. Uno parecido al anterior, también de piedra caliza, y otro más lujoso (pero menos cómodo sin duda) de madera con una morfología parecida a un taburete.


Letrinas romanas.

Los romanos, por otro lado, no se quedaron atrás y convirtieron esto de aliviar sus necesidades mayores en un acto público como otros muchos quehaceres diarios de esta civilización, ¿nunca se os había ocurrido compartir ese momento que actualmente vivimos con tanto recelo? Quizás aliviarse en equipo amenice el proceso… Por si fuese poco construir letrinas públicas y comunitarias, sumaron a éstas un espacio en el que lavarse y nada más y nada menos que con un paño sujeto a un palo que enjuagaban en un pequeño estanque o fuente comunitaria… Ehh sí, comunitaria… ¡menudo boicot a la higiene personal!

Durante el período comprendido entre los siglos V y XV, los retretes quedaron en el olvido y cualquier rinconcillo venía bien para aliviar las necesidades -eso de salir a la calle era como jugar al buscaminas en persona, ¡a ver quién se llevaba el regalo más grande!-.

Será durante la Edad Moderna cuando la obsesión por el mantenimiento de la higiene y la salud desemboque en lasprimeras normas escritas que tienen que ver con el baño y con la realización de excreciones en público, menos mal que por aquel entonces quien escribió estas normas fue considerado y, teniendo en cuenta que el proceso de evacuación es de por sí todo un arte, velaron por la intimidad y la concentración de la persona que se encontrase en sus quehaceres: “si pasas junto a una persona que se está aliviando, debes hacer como si no la hubieras visto… es descortés saludar a alguien mientras está orinando o defecando” (2). 

Del tatarabuelo del váter a nuestro amigo íntimo Roca



El retrete de Sir John Harrington. 1589.

Fue el sobrino de la reina Isabel I, Sir John Harrington, el que preocupándose por la deposición de heces de su tía y de él mismo, fabrique dos inodoros, los dos primeros de la historia (3). Este retrete consistía en una gran caja de madera con un orificio en la superficie que comunicaba con una taza de hierro o porcelana. Harrington intentó conseguir la patente para estandarizar la fabricación de su producto pero la reina se la negó (¡la muy egoísta solo lo quería para ella!).

El primer retrete moderno, con el que no solo se conseguía realizar las necesidades mayores sino también librarse de ella, fue creado por un relojero londinense (4). El gran invento de este hombre no fue la taza o el asiento, como hasta ahora se había hecho, sino… ¡la tubería! Efectivamente, el relojero colocó una válvula en la taza donde caían los deshechos a través de una tubería en forma de “S”, la cual es conocida con el nombre de sifón. Con este nuevo invento se consiguió limpiar el agua y aliviar el olor, de ahí el nombre actual de dicho aparato: inodoro (sin olor).

Sin embargo, el invento de la tubería se hallaba incompleto… ¿Caéis en lo que le faltaba para que la limpieza del agua fuese totalmente satisfactoria? ¡Así es! La cisterna (5); una simple válvula a manivela que se convirtió en todo un éxito y en la salvación de la humanidad. A partir de este momento se desarrolló imparablemente la industria del Water-Closet, denominada así por el agua que se mantiene encerrada en la cisterna -y desde ese momento la pregunta ¿has tirado de la cisterna? se connvirtió en “trending topic”-.



El invento del sifón de Alexander Cummings.

El siguiente gran acontecimiento de cambio que vivirá el váter vendrá de la mano de dos ingleses. El primero de ellos conseguirá que el inodoro deje de ser un elemento de “señoritos”, dando paso a la estandarización de su uso, pero ¿cómo logrará esto? Pues de una manera muy sencilla: creando el “váter funcional”. La diferencia entre este nuevo váter y los anteriores residía en dos aspectos, el primero consistía en convertir el inodoro en una sola pieza y el segundo en emplear la porcelana que para estos momentos era el material más económico en relación calidad-precio. Con estos dos cambios se conseguía un váter como nos gusta, con lastres “B”: Bueno, bonito y barato. Y, una vez más, como no podía ser de otra manera, será la reina inglesa del momento,Victoria de Inglaterra, la primera en disfrutar de su uso.

El segundo inglés que aportó algo a la modernización del váter se convirtió en el primer gran empresario del inodoro o por así decirlo en el “rey del trono más ambicionado del mundo“, ¿y cómo lo hizo? Pues como se sigue haciendo hoy día en todos los sectores de venta: inventándose nuevos detallitos que hiciesen de sus váteres los más atractivos del mercado, ejemplo de estas patentes fue el “flotante”(6).

A partir de entonces, y sobre todo tras la Primera Guerra Mundial, el váter comenzará a formar parte de todos los hogares, haciendo de los baños la pieza estrella en las casas particulares durante el “bum inmobiliario”.

Para terminar, y quizás lo más curioso de esta primera etapa de Roca (7), es que asignará nombres femeninos a sus series… No es por desmoralizar pero si te llamas Cristina, Marta, Irene o Raquel, entre muchos otros nombres, que sepas que no hace tanto tiempo miles de familias españolas pasaban intensos ratos de desahogo con, al fin y al cabo, vuestras tocayas.
Nuestro amigo Roca

Hay que recalcar que el retrete es antiquísimo, eso de sentarnos y pensar en las musarañas tranquilamente mientras aliviamos tensiones viene desde hace mucho, mucho tiempo; y nuestra aportación actual no reside en éste sino en el ¡agua! No nos olvidemos nunca de la gran función del sifón y la cisterna.

Además, apuntaros el dato de que, si alguno está pensando en realizar una nueva aportación a este maravilloso invento debe decidirse cuanto antes… recordemos que para que triunfe parece ser necesario presentárselo a la reina británica del momento y la actual tiene ya ¡90 años!

Por último, a partir de ahora, cuando nos sentemos en nuestro trono particular, no olvidemos el gran favor que nos hace y los años de historia que lo acontecen… ¡Valoremos el váter como se merece!


Fuente http://khronos.es/el-invento-del-vater/

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