El acoso a Mel Capitán y el ataque al Circo de Portugal: paremos ya el terrorismo animalista




SE SUICIDA UNA CONOCIDA BLOGUERA Y CAZADORA ACOSADA POR LOS ANIMALISTAS

Anteayer se conoció la noticia del suicidio de Mel Capitán, una conocida cazadora y bloguera con decenas de miles de seguidores en Facebook y sometida a un brutal acoso por los animalistas.

Copian las técnicas de acoso y amedrentamiento de la mafia etarra

Lo que ha venido sufriendo Mel por el mero hecho de sentir pasión por la caza y dedicarse a eso legalmente se parece mucho a la campaña de amedrentamiento llevada a cabo por los etarras en el País Vasco. El pasado 4 de mayo Mel denunciaba al diario Heraldo de Aragón lo siguiente:“Hace dos semanas publicaron la ubicación de mi trabajo -prefiere no revelar cuál es- y pidieron que fuese despedida; a los pocos días, tres personas de una plataforma animalista se presentaron allí para hablar con mis jefes y seguir presionando”. Eso es un acto claro de acoso, y el acoso es un delito castigado con “pena de prisión de seis meses a tres años o con multa de 12 a 24 meses, según la gravedad de la coacción o de los medios empleados”, según lo tipifica el Art. 172 del Código Penal.

“Te vamos a callar con una bala en la frente”, le advirtieron

Pero la campaña de amedrentamiento contra Mel no se limitó al acoso. Fanáticos animalistas le han escrito multitud de injurias, calumnias e incluso amenazas de muerte como “te vamos a callar con una bala en la frente”, “espero que alguien te dé una paliza que te deje cuatro meses en coma“ o “somos muchos los que deseamos que no vivas”. Estas atrocidades ni siquiera han cesado tras conocerse su fallecimiento: su página de Facebook ha estado recibiendo asquerosos comentarios de animalistas celebrando su muerte estas últimas horas. La paradoja es que los autores de esos miserables comentarios se creen mejores personas por declararse amantes de los animales, cuando en realidad demuestran ser lo más perverso y despreciable de la humanidad.

Grave ataque de la mafia animalista a un circo en Galicia

Hace un mes tuvimos en Galicia una muestra de lo que son capaces de hacer esos fanáticos animalistas para imponer sus ideas a los demás: varios ecoterroristas asaltaron el Circo de Portugal en Silleda (Pontevedra), llamando “torturadores” a sus empleados y agrediéndoles con barras metálicas. A raíz de esta agresión, uno de los empleados del circo tuvo que ser hospitalizado con heridas graves. Esta foto, publicada por Jara y Sedal, muestra la herida causada por uno de los ecoterroristas a uno de los empleados del circo:



Los circos denuncian amenazas de muerte, insultos y destrozos

Desde la asociación Circos Reunidos han denunciado la ola de violencia que están sufriendo: “Nos enfrentamos a diario a agresiones, amenazas de muerte, insultos y destrozo de las instalaciones por parte de las asociaciones animalistas“. Como ya he venido denunciado desde aquí, los cazadores, los circos y los toreros no son los únicos colectivos que vienen sufriendo el odio de esos fanáticos: también han puesto en su punto de mira a científicos, pescadores y ganaderos, y de acuerdo con sus últimas consignas, pronto irán también a por los que comen carne y beben leche, ya que los animalistas más radicales consideran que hacer eso es un “asesinato”.

Quieren que el ser humano sea la única especie que tenga prohibido cazar


Lo curioso es que los animalistas pretenden que el ser humano sea la única especie capaz para ello que tenga prohibida la caza. Lo que demuestra eso no es amor por los animales, sino un profundo odio por su propia especie humana. Un odio que deberían hacérselo mirar, sobre todo por su afán de obligarnos a todos a compartirlo. La naturaleza no es una película de Disney: es despiadada, y en ella hay multitud de especies que cazan a otras -a menudo más débiles- para subsistir. Es ley de vida. Sin embargo, no he visto a ningún animalista amenazando o agrediendo a un gato por cazar ratones o a un águila por cazar conejos. Los seres humanos somos la única especie que tiene que cambiar sus costumbres para que esos fanáticos se sientan felices. ¿Y a qué precio? Si la humanidad siguiese al pie de la letra las patrañas de esa banda de fanáticos estaría condenándose a sí misma al hambre y a la extinción, porque no, amigos, no es posible que la humanidad sobreviva prescindiendo de la ganadería, de la pesca y de la caza y limitándose a comer vegetales en plan jipi vegano. Pero además, la humanidad ni siquiera debería replantearse sus libertades para complacer a unos extremistas. Si uno quiere cazar legalmente es muy libre de hacerlo: no se tiene que justificar ante ningún ecofanático. Si el movimiento ecofanático pretende impedir por la fuerza el ejercicio de las libertades ajenas, el Estado deberá impedírselo con todo el peso de la ley, sin descartar la posible ilegalización de las organizaciones que apoyen, alienten o justifiquen ese tipo de prácticas mafiosas. No se puede tolerar ninguna forma de terrorismo, ni a quienes lo practican, ni a quienes lo apoyan


Fuente http://www.outono.net/elentir/2017/07/21/el-acoso-a-mel-capitan-y-el-ataque-al-circo-de-portugal-paremos-ya-el-terrorismo-animalista/

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