Cuando España dijo #yosoyMiguelÁngelBlanco






Lo que van a leer y ver aquí trata del 20º aniversario del secuestro y asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco. Pero no debe leerse como una crónica con la excusa de la efeméride, sino como una pieza sentimental que pretende reavivar la conmoción experimentada por millones de españoles en aquellos cinco días entre el 10 y el 14 de julio de 1997 en los que un joven inocente fue asesinado por los terroristas de ETA y una sociedad entera se levantó contra sus verdugos. Lo conocimos como 'espíritu de Ermua'.

Sin embargo, es ineludible empezar por los hechos de los que germinó. El asesinato de Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en Ermua (Bizkaia), fue una acción desesperada de una ETA frustrada por sus últimos fracasos mientras presionaba al Estado para lograr el acercamiento de los terroristas presos a las cárceles vascas.

La Guardia Civil liberó el 1 de julio de 1997 al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, que estuvo año y medio secuestrado en un zulo en Mondragón. Tras su rescate, comentó: "No sabéis como son los terroristas, seguro que ahora matan a alguien". Días después, se produjo el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco.

El 10 de julio tres etarras del comando Donosti -entre ellos, Francisco Javier García Gaztelu, Txapote, uno de sus asesinos más despiadados- secuestraron a este miembro de Nuevas Generaciones del PP con la amenaza de matarlo en 48 horas si el Gobierno de José María Aznar no acercaba a todos los presos al País Vasco. Un chantaje imposible de asumir y ante el que además no había tiempo material de respuesta.

Cumplido el plazo, en la tarde del sábado 12 de julio llevaron al rehén a un descampado del término municipal de Lasarte, le sacaron del maletero en el que estuvo encerrado dos días, le pusieron de rodillas en el suelo, con las manos atadas a la espalda, y Txapote le descerrajó dos disparos en la cabeza. No acabó ahí la agonía del joven, puesto que fue encontrado con vida y fue hospitalizado en un último intento desesperado de salvar su vida. Murió en la madrugada del domingo en la clínica Nuestra Señora de Aranzazu en San Sebastián.

Portadas de El País, ABC y El Mundo del 13 de julio de 1997


Miguel Ángel Blanco Garrido tenía 29 años y era concejal desde hacía solo dos. Nació en Ermua, hijo de dos orensanos, un albañil y una ama de casa. Licenciado en Económicas y trabajaba en una consultora. Fue secuestrado por ETA cuando iba a trabajar y porque era una víctima propicia, fácil de atrapar por lo corriente de sus costumbres. Tenía una novia desde los 20 años y pensaba casarse con ella apenas dos meses después.

No hacen faltas más datos. Están en las hemerotecas y en las videotecas, están en Wikipedia. Pero la Wikipedia no da para explicar qué significaron aquellos cinco días. Lo que hizo ETA con Miguel Ángel Blanco fue matarlo despacio ante una ciudadanía espantada que lo vivió como "un asesinato a cámara lenta", según lo describió el periodista José Luis Barbería en El País en el décimo aniversario del secuestro en el reportaje "El día que todos fuimos Miguel Ángel Blanco", cuyo título actualizamos aquí.

En 1997 ETA mataría a otras 12 personas. Miguel Ángel Blanco era la víctima 791 de las 858 que causó la banda terrorista. No fue el único concejal asesinado, ni el primer secuestrado que los etarras asesinaban; ni siquiera fue el primer vecino de Ermua víctima de ETA. Sin embargo, el ultimátum de los terroristas generó en esta pequeña población obrera una respuesta popular sin precedentes.



Recordamos la rebelión Cívica de Ermua tras el secuestro de Miguel Ángel Blanco


Como recordaba hace unos días el filósofo Fernando Savater, "las víctimas de ETA simbolizan la víctima que en el País Vasco fue la democracia". Sin embargo, más que ningún otro de los crímenes de ETA, España vivió la muerte de Miguel Ángel Blanco como la de alguien cercano, casi de la familia. "El hijo de todos", lo llamó el periodista Miguel Ángel Mellado, recogiendo unas palabras de la madre del concejal con las que tituló en 2016 un libro sobre la "vida y asesinato del mártir que venció a ETA".

Una huella en la memoria colectiva

El país entero vivió con horror las horas de espera, citado mediante un chantaje a ser testigo de un espectáculo sádico, entre la incredulidad ante la idea de que los terroristas cumplieran su amenaza y el creciente temor a un desenlace fatal que hora a hora parecía más inevitable. Fue un acontecimiento estremecedor, que se vivió en tensión, cronómetro en mano, como un evento televisivo, como un episodio de la serie 24. En todo el mundo, 25 millones de personas siguieron por televisión durante esos días la evolución de este acto terrorista, según la Fundación Miguel Ángel Blanco.

Portadas de Diario 16, La Vanguardia y El Periódico del 13 de julio de 1997


Todos los españoles con uso de razón en los años noventa recordamos dónde estábamos cuando se inauguraron los Juegos Olímpicos de Barcelona, el impacto del escabroso crimen de las niñas de Alcasser, devenido en deplorable hito de la telebasura, del mismo modo que recordamos dónde estábamos viendo el Telediario de las tres que nos mostró en directo el 11-S unos años después. Antes de eso, nuestra memoria se petrificó en el preciso momento de la tarde del 12 de julio en que conocimos pegados a la televisión o a la radio que ETA había cumplido su amenaza y Miguel Ángel Blanco había sido tiroteado a sangre fría.

Si este atentado terrorista hubiera ocurrido en los tiempos actuales, dominio del streaming, la cobertura 24 horas y los hilos en las redes sociales, habrían surgido junto a las espontáneas vigilias con velas que acompañaron las últimas horas del secuestro de Miguel Ángel montajes fotográficos, hashtags como #yosoyMiguelÁngelBlanco, o similares. Quizá el mismo "Te esperamos, Miguel" que se pintó en miles de carteles y pancartas en esas 48 horas.

Una vigilia con velas por Miguel Ángel Blanco en la madrugada del sábado 12 de julio


Con la misma indignación moral que sentimos ayer con el niño sirio Aylan, con la solidaridad transfronteriza del #JesuisCharlie y con la adhesiva viralidad del Ice Bucket Challenge. Quién sabe si de puro hipertrofiado por los medios su impacto también habría acabado siendo efímero, apagado por el siguiente trending topic. No fue el caso entonces; estuvo muy lejos de cualquier sospecha de postureo.

El espíritu de Ermua, inicio del declive de ETA

En aquella España analógica, lo que hicimos fue básicamente salir a las calles y a las plazas. Primero con lazos azules, después con las manos pintadas de blanco. Por millones, seis millones de personas, desde Ermua hasta 1.500 manifestaciones más por toda España.


Miles de personas se manifiestan en Ermua para pedir la libertad de Miguel Ángel Blanco

Sin un WhatsApp para convocar de inmediato a las multitudes, sin SMS con un 'pásalo'. Y nació el "espíritu de Ermua", una invocación emotiva, casi mística, sin duda catártica, con la que empezó el declive de ETA, al menos por el lado de la sociedad civil. La expresión de una repulsa que fue clave para que los sucesivos gobiernos adoptaran políticas de mayor firmeza frente a la banda y contribuyeran a su derrota posterior.

El espíritu de Ermua fue "una reacción social de rebeldía como nunca había habido contra el terrorismo, una salida masiva a la calle sin motivación ideológica, en defensa de los derechos básicos", contra la condena a muerte con cuenta atrás que ETA había decretado sobre un joven concejal. Fue la expresión de "un hartazgo que venía acumulándose desde mucho tiempo atrás" y que nunca se había exteriorizado, según explicaba a RNE Florencio Domínguez, redactor jefe de la Agencia de Noticias Vasco Press, que dirige actualmente la Fundación Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo.



1,5 millones de madrileños salieron a la calle para repudiar a ETA


"¡ETA, dispara, aquí tienes mi nuca!", gritaban multitudes con las manos entrelazadas detrás de la cabeza. "¡Asesinos, asesinos!", se clamaba contra los terroristas. Quienes lo vivieron recuerdan que las manifestaciones contra ETA pasaron de ser silenciosas a alzarse en proclamas contra los verdugos. "¡No son vascos, son asesinos!", se gritaba en Ermua. El País Vasco y después el resto del país rompieron a bocajarro su silencio.


Informe semanal - Regreso a Ermua


Incluso los simpatizantes de ETA tuvieron que ser protegidos de manifestantes iracundos arremolinados frente a las sedes de Herri Batasuna. El mismo alcalde de Ermua tuvo que impedir que se prendiera fuego a la sede de HB en su municipio, recuerda Barbería en su reportaje.

Otro hito de aquellos días fue que los ertzainas, que tenían que cubrir sus rostros con pasamontañas para proteger su identidad, se los quitaron en un gesto de valentía ante la aclamación de sus vecinos, poniéndose al lado de quienes se enfrentaban sin armas a los terroristas y les reprochaban tener que defender la integridad física de los proetarras.




Se cumplen 15 años del secuestro de Miguel Ángel Blanco

Auge y crisis del espíritu de unidad

La sociedad se rearmó moralmente. Fue un punto de inflexión. Antes de acabar el año 1997 se creó la Fundación Miguel Ángel Blanco, en cuyo impulso participó RTVE, y surgió también el Foro de Ermua, creado por profesores y otros profesionales vascos, en pro de la unidad antiterrorista de los grandes partidos y de la disolución de ETA. Y la hermana de Miguel Ángel, Mari Mar Blanco, lleva años abanderando la defensa de la dignidad de las víctimas desde la Fundación Víctimas de Terrorismo, que preside, y como diputada del PP en el Congreso.


La hermana de Miguel Ángel Blanco, Mari Mar, y la novia de este.


Si siguen el hilo de esta historia, tal vez recuerden que el espíritu de Ermua no sopló mucho tiempo donde quiso su gente. La firma al año siguiente de los Acuerdos de Lizarra entre los partidos nacionalistas, incluido HB, provocó la contraposición de un bloque constitucionalista que quebró la unidad surgida de Ermua y trajo la decepción por la trayectoria de lo que había sido la petición espontánea de un pueblo por uno de los suyos. La brecha política se hizo más profunda años después entre PP y PSOE y afectó a las asociaciones civiles por las negociaciones con ETA.


El ministro del Interior, Jaime Mayor Oreja, ante el féretro de Miguel Ángel Blanco


Un relato fiel del terrorismo y contra la discordia


Ahora, dos décadas después de la muerte de Miguel Ángel Blanco, y una vez que ha cesado la actividad terrorista de ETA, persiste el eco sordo del dolor de las víctimas, cuyo sufrimiento no ha desaparecido con el anuncio del abandono de la violencia. Qué es ese dolor y cómo ha sido esa violencia explícita e implícita es difícil de transmitir a quien no lo ha vivido de forma directa y el tiempo lo hace más ajeno, más difuso.

Por eso, los representantes de las víctimas, como Florencio Domínguez, trabajan hoy por "llegar a los jóvenes" que no han tenido una vivencia directa de esta violencia para transmitirles la "amenaza" que supuso para los derechos humanos en España y que "saquen lecciones" de futuro, y aniversarios como este, o como el de la matanza de Hipercor, o el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, o la citada liberación de Ortega Lara, son ocasiones oportunas. Está en juego la construcción de un relato fidedigno que legar a las nuevas generaciones.

Pero, con los homenajes a Miguel Ángel Blanco vuelve también la discordia entre los demócratas. Este año, ha brotado en varios ayuntamientos importantes por algo tan en apariencia inocente como levantar un monolito o poner el nombre del concejal a una calle o un espacio municipal.

Que si homenajes particulares en lugar de un reconocimiento al conjunto de las víctimas del terrorismo, que si los partidos no deben apropiarse del dolor de las víctimas... Apenas hay aniversario de un asesinato etarra en el que no se eleven reproches al frentismo de los partidos. Por eso, en días como estos seguimos invocando el espíritu de Ermua.


Las manos blancas, icono del espíritu de Ermua                             Vía RTVE


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