POLÍTICA

[Política][bleft]

SOCIEDAD

[Sociedad][bsummary]

FIRMAS INVITADAS

[Firmas%20invitadas][twocolumns]

Caravaggio, un macarra entre pinceles




Retrato de Caravaggio, por Ottavio Leoni en 1621.

Caravaggio (1) ha sido el macarra de la historia del arte, el niño malo del Barroco. Pero igualmente ha sido un genio de la pintura. Como artista fue un maestro del claroscuro (2). Fue capaz de crear unas atmósferas increíbles en sus cuadros, unas texturas híperrealistas… Actualmente, nadie pone en duda su talento, aunque en su época tuvo muchos problemas con la cuestión del “decoro”, lo que le llevó a tener que repetir varias veces algunas pinturas. (3) Eso sí, hay que decir que los mecenas que confiaban en él lo hacían ciegamente.

Aunque a veces se diga que tras su muerte fue olvidado, eso no es del todo cierto. Durante todo el siglo XVII se habló de él en los tratados, fuera para bien o para mal. “Ha sido tan diligente e ingenioso imitador de la naturaleza, que donde los demás pintores suelen prometer él ha hecho” (4). Pero también le pusieron a caer de un burro, “único monstruo de la naturaleza” o “comenzó la imitación de cosas viles, buscando las fealdades y deformidades” (5). Pero su figura no fue realmente rescatada hasta el s. XX (6).

Un lado más oscuro que claro…

Eso como artista. Como persona… A eso nos vamos a dedicar hoy, a ver quién era en realidad Caravaggio, más allá de sus pinceles. Porque, aparte de lo meramente pictórico, lo único que hay documentado son archivos judiciales de su actividad delictiva.

Estamos hartos de ver biografías sobre él, siempre poniendo encima de la mesa la misma idea: era un macarra. Y, bueno, es verdad que lo era. Se vio envuelto en infinidad de revueltas allá por donde iba y, por lo que se ve, tenía especial aptitud para crearse enemigos. Esto y su mal genio le han hecho pasar a la posteridad como una persona muy difícil de tratar, aunque personalmente es lo que hace que me caiga mejor.
Con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero…


También pintaba cosas cuquis, como este Amor victorioso, de 1602. Fuente

Desde su juventud en Milán tuvo problemas de comportamiento (a lo mejor se rebeló porque su padre murió cuando él tenía sólo 5 años). Lo que nos queda escrito es que tuvo que huir de la ciudad por peleas que incluso pudieron causar alguna muerte. (7)

Cuando llegó a Roma se instaló en el barrio de los artistas (8), un lugar peligroso donde, además, los “piques” estaban a la orden del día. Durante sus años allí, Caravaggio se metió en todos los berenjenales posibles: le pillaron tirando piedras a la casa de su patrona y cantando canciones obscenas bajo su ventana (9), se mofó de un rival con insultos sexuales gráficos (no puedo especificar cuáles), mandó literalmente a tomar por culo a un oficial por pedir que le mostrase la licencia de la espada…


Un asunto de alcachofas

Y la historia que a mí más me gusta: le lanzó un plato de alcachofas a la cara a un camarero. Aquí, lo que sucedió fue que el camarero le sirvió un plato de alcachofas, el pintor preguntó si estaban hechas en aceite o mantequilla y al camarero no se le ocurrió otra cosa que oler una de ellas. Esto ofendió soberanamente a Caravaggio, que le lanzó el plato a la cara. «Jodido cabrón, me parece que me estás tomando por un vulgar provinciano” dijo. (10) El camarero, herido, salió corriendo y le denunció.

Varias cosas hay que decir sobre esto. Lo primero es que “jodido cabrón” era una expresión que al parecer el pintor usaba mucho. Lo segundo es que las alcachofas son un tema complicado, eso nadie puede negarlo. Aparte de demostrar mucha mala leche, Caravaggio se ofendió al poner en duda, según él, su estatus social. Él tenía un sentido de la nobleza muy profundo y muy arraigado. Pero estas manías de grandeza tenemos que verlas en su contexto. El código de honor en la Italia del siglo XVII era algo intocable, y el insulto o la falta de respeto no podían quedar nunca impunes. Como buen noble, Caravaggio era un gran espadachín y no tenían reparos en sacar a relucir su espada.

Corre, Caravaggio, corre

Fue precisamente su espada la que le hizo huir de Roma. Durante un partido de pallacorda (11) mató, quién sabe si por accidente, a Ranuccio Tomassoni, jefe de una banda. Se le denunció y los esbirros de Tomassoni juraron vengarse, así que Caravaggio no tuvo más remedio que huir.

Después de unos meses en Nápoles y Sicilia, se fue a Malta, donde fue nombrado caballero de la Orden de Malta. De hecho, una de sus obras más valoradas es La decapitación de San Juan Bautista, y está allí mismo, en la Concatedral de San Juan en La Valleta.

Volvió a Nápoles a causa de una pelea que provocó también su expulsión de la Orden. Y allí, como no podía ser de otro modo, unos desconocidos le asaltaron por la calle y le dejaron la cara irreconocible. Pero una vez curado e indultado, cogió un barco para volver a Roma. Murió en Porto Ercole, antes de llegar a su destino. Su muerte fue anunciada en los Avvisi de Roma (12). Todos dan por hecho que fue por fiebres debido a un ataque de malaria en la zona, pero lo cierto es que su cuerpo no se encontró.


La decapitación de San Juan Bautista, de 1608.

Su muerte ha sido un misterio que ha alimentado teorías de todo tipo, tantas como biografías hay sobre él. ¿Qué fue un tipo peculiar, podríamos decir? Pues sí. Pero bueno, es que todo el que no es políticamente correcto suele ser criticado socialmente. ¡Ni que hubiera que ser perfecto para ser bueno! Y eso es algo indiscutible en Caravaggio. Era como era, difícil, admitámoslo, pero estaba bien orgulloso de ello. Y eso mismo, aparte de su talento pictórico obviamente, también hace que ahora sea una figura imprescindible en la Historia del Arte.


Fuente http://khronos.es/caravaggio-macarra-entre-pinceles/

No hay comentarios: