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Las Batuecas y sus pueblos, paraísos reencontrados


El Parque Natural las Batuecas-Sierra de Francia son 32.000 hectáreas de extensos valles y bosques de rebollos, arces, acebos, robles… 213 especies de animales y algunos de los pueblos más bonitos de España. 

© Chema Rivas

Durante el siglo XVI surgió la leyenda que decía que se trataba un lugar desconocido  y que sus habitantes eran casi salvajes, ajenos a la sociedad y a sus costumbres y con un habla primitiva y propia. Este hecho sirvió como metáfora para equiparar estas tierras con las del Nuevo Mundo. Lope de Vega se hizo eco de este mito para escribir una de sus comedias, Las Batuecas del Duque de Alba. Desde entonces, fueron muchos los autores y artistas que se interesaron por esta región; Feijoo, George Barrow, Harzenbusch-con su obra Las batuecas, comedia de magia en 7 actos– o Larra,entre otros, también Sorolla viajó y pintó sobre estos paisajes y especial predilección fue la que dejaron estos parajes en Luis Buñuel, de quien se cuenta que estuvo a punto de retirarse a la calma de estos lugares y comprarse por 200.000 pesetas uno de los conventos de la zona para retirarse a vivir en paz. 
Fábulas al margen, fue el presbítero de la Alberca, Tomás Gonález de Manuel, quien en 1693 desmentía, indignado, el mito sobre el salvajismo con su obra Verdadera relación y manifiesto apologético de la antigüedad de Las batuecas y su descubrimiento. Lo que es históricamente cierto y contrastado es que estos valles fueron repoblados por orden del rey Alfonso IX, entre los siglos XII y XIII, tras ser expulsados los moriscos que los dominaban. Muchos de esos repobladores fueron de origen francés, por la relación con Raimundo de Borgoña, esposo de Doña Urraca. Esto explica la abundancia de nombres y apellidos franceses, y también en varios de los accidentes geográficos,por ejemplo,el río Francia, La Mesa del francés, y sobre todo  la Peña de Francia.
El 19 de mayo de 1434 se encontró en lo alto de la Peña de Francia, el segundo punto más alto de la región con 1727 metros sobre el nivel del mar, una figura de la Virgen de raza negra. Se trata de nuestra Señora de la Peña de Francia, patrona de Castilla y León. Este acontecimiento es descrito en el Quijote. Desde entonces el lugar tiene un gran tradición religiosa. En 1445 se comenzó la construcción del convento que rige su cima hoy en día y que otorga unas vista privilegiadas sobre el valle.

La Alberca. © Chema Rivas

Son 15 los municipios que forman esta región salmantina, fronteriza con las Hurdes cacereñas. Entre todos ellos destacan La Alberca y Mogarraz. Dos poblaciones que forman parte de los Pueblos más Bonitos de España y que son Patrimonio Histórico Nacional. Con una arquitectura singular, con influencias de elementos judaicos, islámicos y cristianos, representan la riqueza del encuentro de 3 culturas. Calles laberínticas,   casas con balcones, plazas de piedra, recovecos, son algunos de los elementos característicos de estas dos poblaciones enclavadas en medio de estos paisajes naturales de las Batuecas.
Especialmente significativa es la decoración de las casas de Mogarraz, donde las fachadas albergan retratos de los 388 habitantes que contaba la población en 1967.


Mogarraz

Todo este atractivo y patrimonio cultural esta enclavado en los frondosos y bellos parajes naturales de Las Batuecas, un patrimonio natural que alberga más de 20 sendas homologadas de muy distintas dificultades y longitudes, donde podemos recrearnos con cascadas, especialmente significativa la cascada del Chorro, pozas naturales de agua cristalina, restos arqueológicos del neolítico, y paisajes maravillosos llenos de vegetación y fauna autóctona.


Más allá de los paseos por la naturaleza, o por las calles de estas poblaciones, podremos degustar una exquisita y variada gastronomía que acompañará al visitante. Especialmente típicos son los dulces, la miel y sobre todo los embutidos de la zona, destacando el jamón de cerdo ibérico, chorizos, lomo, salchichón…
Un lugar lleno de encantos naturales, gastronómicos, históricos, arquitectónicos que convierten a estos valles y sus pueblos en un paraíso, perdidos o no durante siglos, reencontrados para el deleite del viajero. 

Fuente: Viajesylugares.com 

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