POLÍTICA

[Política][bleft]

SOCIEDAD

[Sociedad][bsummary]

FIRMAS INVITADAS

[Firmas%20invitadas][twocolumns]

LA INQUINA DE MONTORO CONTRA LAS GRANDES EMPRESAS



HACE TIEMPO QUE EL MINISTRO CRISTÓBAL MONTORO HA EMPRENDIDO UNA OBSCENA CAMPAÑA CONTRA LAS GRANDES EMPRESAS, ACUSÁNDOLAS DE PAGAR POCOS IMPUESTOS.COMO HACE ESTA IMPUTACIÓN A SABIENDAS DE QUE ES FALSA, LA ÚNICA CONCLUSIÓN POSIBLE ES QUE QUIERE DESTRUIR CUALQUIER POSIBILIDAD DE QUE LAS COMPAÑÍAS SE OPONGAN A UNA MAYOR PRESIÓN FISCAL, QUE ES LO QUE NECESITA PARA CUADRAR EL DÉFICIT. ES UN JUEGO SUCIO INDIGNO DE UN GOBIERNO QUE DEBERÍA TENER LA DEFENSA DEL MUNDO DE LOS NEGOCIOS POR BANDERA.


La fiscalidad de las grandes empresas ha sido una fuente inagotable de controversia a lo largo de la Gran Recesión que hemos sufrido e incluso en este tramo de la recuperación. Prácticamente desde que se hizo cargo de la cartera de Hacienda, el ministro Montoro ha venido reiterando que tan solo pagan el 7% de lo que ganan, y que esto es una vergüenza que conviene reparar.

Aunque sea falso. Quizá la novedad es que ahora especifica que este nivel de tributación corresponde a los grupos empresariales, y no a la etérea categoría de "grandes empresas" que solía repetir durante la crisis. Sea de una u otra manera, la cifra que pregona el ministro no se corresponde con la realidad. Él lo sabe (que es lo peor) y, como tal, su uso es demagógico. Le hace un flaco servicio al país cuando esgrime ese bajo porcentaje de fiscalidad y no indica que es el resultado de la aplicación por parte de las grandes empresas de una serie de deducciones y de ajustes a los que tienen derecho y que obedecen, fundamentalmente, a dos principios: no pagar por las pérdidas y no pagar dos veces por lo mismo, es decir, evitar la doble imposición. Al escamotear esta información, Montoro fomenta los bajos instintos en contra de los empresarios. Un error.

El ajuste más significativo que practican los grandes grupos empresariales, igual que hacen las pymes, es minorar los beneficios presentes con las pérdidas de ejercicios pasados (las denominadas bases imponibles negativas). Aplicar un impuesto anualmente es una manera de facilitar la gestión y recaudación del mismo, pero considerar que una empresa en un año no tiene nada que ver con esa misma empresa el año anterior es absurdo, puesto que su situación financiera y su capacidad económica no comienzan cada 1 de enero. Si no se compensan las pérdidas pasadas con los beneficios presentes, o se limita dicha compensación, como ha estado haciendo el ministro de Hacienda cada vez que ha modificado el impuesto, se hace pagar a la empresa por unos beneficios irreales: se sobrevaloran las ganancias y se infravaloran las pérdidas, resultando en una sobreimposición.

Otro de los ajustes que practican las grandes compañías es la exención de los beneficios que ya tributaron en el extranjero. Dado que a efectos fiscales se computan los ingresos totales (obtenidos tanto en España como fuera) es necesario excluir lo que ya se ingresó en otras haciendas, porque de lo contrario se estaría pagando dos veces por el mismo concepto. Esta clase de consolidación es muy significativa en el caso de las compañías internacionalizadas, con el resultado de que aparentan tener privilegios y pagar pocos impuestos, cuando la realidad es que ya pagaron los correspondientes en los países en los que operan. Y otro tanto sucede con los ajustes que se aplican específicamente los grupos para evitar que, al sumar los resultados de todas las empresas integrantes, no se tribute dos veces por lo mismo.


Esta clase de circunstancias explican que la tributación por el impuesto de sociedades )cuya complejidad, por cierto, no ha querido aliviar el actual Gobierno), pueda dar lugar a cifras irreales, que no obedecen a lo que realmente pagan las empresas. De hecho, como algunos pocos analistas han calculado (y más recientemente ha puesto de manifiesto el informe elaborado por la CEOE "Impuestos y Empresas. Análisis de la tributación empresarial"), tras considerar estos ajustes, la tributación efectiva de las grandes empresas y las pymes es similar: las primeras pagan de media un 19,2%, las del Ibex un 21% (incluyendo el resto de tributos pagados fuera), y las pymes un 22%. Cifras muy diferentes al mantra esgrimido por el ministro Montoro sobre el escaso cumplimiento fiscal de las grandes compañías, que tiene un tufo similar al que podría esperarse de Podemos.

¿Y por qué se embarca el Gobierno en una estrategia que debería estar tan alejada de sus postulados ideológicos? Tristemente, el mito de la baja tributación empresarial ha servido para justificar subidas de impuestos a las grandes empresas que no solo han perjudicado a estas sino a sus trabajadores, a las pymes que les venden bienes o prestan servicios, a otros proveedores y a los accionistas. Incrementar el coste fiscal supone destruir actividad económica, porque se traduce siempre en menos pedidos, menos fondos para subir sueldos o para contratar, menos innovación, productos más caros, menos competitividad y menos beneficios para consumir y reinvertir. Como dijo Bastiat en el siglo XIX, rescatar la lucha de clases y demonizar a quienes son creadoras de empleo y riqueza nos hace un flaco favor a todos.

No hay comentarios: