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Las siete plagas que extinguirán a la clase media. Editorial "El Diestro"


Desde una perspectiva histórica los cambios pueden ser clasificadas como catástrofes o como sencillos “cambios” dependiendo de su tiempo de duración. Si en la naturaleza la acción tiene lugar en poco tiempo estamos ante lo que podríamos llamar un fenómeno catastrófico. Si pequeñas alteraciones ocurren poco a poco con el suficiente tiempo no las percibimos hasta el resultado final de la evolución. Un corrimiento de tierras a causa de lluvias torrenciales es un fenómeno catastrófico que transcurre en un relativo corto periodo de tiempo y puede destruir viviendas o llevarse también vidas por delante. En cambio, la escorrentía superficial del agua de lluvia puede ser reconducida mediante conducciones porque la aportación de agua de lluvia a lo largo de cinco años no representa peligro. Supongamos que el volumen de agua caído hubiese sido aproximadamente el mismo en ambos casos.

En los cambios sociales ocurre lo mismo. Podemos diferenciar las alteraciones también en función del periodo de duración de las mismas y de su intensidad. Hechos históricos dramáticos como las revoluciones aportan cambios intensos en relativos cortos periodos de tiempo. Como ejemplo,  tendríamos la Revolución Francesa. En cambio, el Renacimiento fue un cambio sociocultural que duró varios siglos hasta que llegó a toda Europa partiendo de las Ciudades Estado de lo que ahora constituye Italia.

Esta introducción solo tiene el objetivo de fijar nuestra atención en dos variables: la variable tiempo, la variable cambio; y cómo nos afecta la curva resultante. Pondremos toda nuestra atención en analizar la serie de cambios sociales que han tenido lugar a lo largo de los últimos treinta años, y que irremediablemente condenan a la clase media a su aniquilación total.

No vamos a analizar por cuestiones de espacio y tiempo el fenómeno histórico por el que a partir de las ruinas de una guerra civil una clase social fue capaz de constituirse en España en clase media. Tan solo señalaremos que la clase media se desarrolló durante el denostado periodo histórico del Franquismo y parte de la Transición. Es decir, en el periodo histórico anterior al acoso y derribo de la clase media.

Los cambios sociales que detallaremos a continuación no constituyen una revolución porque no han tenido lugar en un corto periodo de tiempo; y en cambio, sí han ocurrido poco a poco…, hasta que nos los hemos encontrado como hechos consumados. En cambio, sí se hubiesen intentado llevar a cabo en un corto periodo de tiempo esa clase media lo hubiese percibido como una agresión insoportable y se hubieran producido revueltas intensas o incluso una guerra civil.

Debemos plantearnos con cierta perspectiva histórica si es casualidad o bien fruto de una una planeada ingeniería social el hecho de que el segmento de la clase media sea castigado periódicamente por oleadas de embates cuya acción acabará inevitablemente por aniquilarla. Y en ambos casos qué medidas debe tomar la sociedad civil para evitar ese genocidio social.

El hecho inalienable es que el acoso, derrumbe y asfixia de la clase media mediante hondonadas periódicas totalmente localizables son las siguientes:

Crisis cíclicas de los precios del petróleo y de otros productos como el café, el aceite, etc.

Lucha de clases entre clase media y migraciones masivas cuyas políticas de inserción desastrosa provocan la imposibilidad de integración de los inmigrantes. Ello incide en aspectos como la sanidad, la seguridad, la vivienda, las ayudas sociales, etc. Esa lucha se da entre la clase media y clases más bajas, pero nunca se producen entre la clase media y las clases más altas.

Asfixia de la clase media ante la impunidad de la delincuencia, cuyos derechos ante las leyes prevalecen sobre los derechos de las víctimas. Es bien sabido que España es el paraíso de ladrones y carteristas. Eso crea un efecto llamada de delincuentes  que a veces se limitan a venir a España a delinquir y después se van a sus paises a disfrutar de su botín. No es la clase media la que se beneficia de esa impunidad sino la delincuencia. Ningún representante de la clase media ha legislado esas atroces leyes destinadas a la protección de la delincuencia.

Indefensión de los jóvenes ante la ley del menor donde la impunidad es aprovechada por bandas de organizadas de delincuentes con el fin de ser utilizados como carne de cañón para que perpetúen robos. El menor también se encuentra indefenso ante las agresiones de otros menores que pueden incluso llegar a arrebatarles la vida, robarles, o aplicarles conductas matonistas casi con impunidad.

Indefensión de la clase media ante las leyes, cuyo peso recae sobre ellos como una losa. No ocurre así con las clases cuyo segmento está o bien por encima o por debajo de la clase media. Como ejemplo el caso del carterista ratero que sale en libertad tal como ha entrado riéndose de la justicia como el caso de políticos y sindicalistas saqueando las Cajas de Ahorros, los ERE, los Pujol...

Crisis económicas cíclicas cuyo mayor peso cae, de nuevo, sobre esa clase media que es la que no recibe ningún tipo de ayuda social. El segmento alto por encima de la clase media no necesita esas ayudas y el segmento más bajo queda cubierto con ayudas sociales, especialmente si pertenecen al segmento de la inmigración.

“Que te ayude un familiar” suele ser la única respuesta que reciben de las asistentas sociales cualquier persona de la clase media ante un mal momento económico causado por la crisis. Es bien sabido que la familia es el único apoyo para una clase media que se encuentra sola ante el peligro. Ejemplo de ello ha sido el uso de las pensiones y ahorros de los abuelos para ayudar a los hijos que se quedaron en paro y en la calle durante la última crisis general a la que se unió la crisis que provocó Zapatero.

Indefensión laboral aceptando unos sueldos ridículos que antes se hubiesen considerado inaceptables. Ahora un mileurista que tiene trabajo es considerado un privilegiado cuando hace años se le hubiera considerado un paria.

Mantener a una casta política parasitaria que se multiplica por diecisiete que son el número de Comunidades Autónomas, con un gasto político insoportable y sin que el ciudadano tenga representación alguna que vele por sus intereses. Con partidos políticos y sindictos incrustados en el Estado y con una ausencia absoluta de división de poderes.

Y podríamos seguir con la lista, como el control de la clase media con las nuevas tecnologías, pero ya se habrán hecho una idea: unos cambios que se han realizado a lo largo de los últimos treinta años hasta que la cosa parece no tener remedio, porque las siete plagas ya los tenemos encima. Siete plagas que se entrelazan y forman una verdadera tela de araña sobre la clase media hasta que la araña la devore. Creo que entre todas las plagas ya habrán reconocido a la araña que ha tejido su tela durante esos años. Y el hecho de aceptar que “las cosas son así” es la piedra angular por la que la clase media está condenada a la extinción total. Solo quedarán dos segmentos: clase alta y baja. Piensen en ello. La araña solo quiere que existan dos clases sociales. Unos muy arriba y otros muy abajo.

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