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Pedro Sánchez perdido en el valle de los cebollinos


El Diestro.- Ya sabemos que nos toca lidiar con los más ignorantes: no hay más que ver el paisaje costumbrista político actual; y si a Pablo Iglesias le hemos dedicado unos cuantos artículos, Pedro Sánchez es otro vecino que vive en el mismo valle de los ignorantes. Todos somos ignorantes en mucho, pero un médico no puede ser un completo ignorante en medicina: no hay más que ver cómo una vez acabada la carrera habrán de permanecer estudiando y formándose toda su vida. Otro tanto le ocurre a un abogado o a un maestro o a un profesor, y así se da en todas las profesiones.  Pues si por sus acciones y palabras los conoceremos, parece ser que respecto a ciencia y filosofía política Pedro Sánchez carece de las nociones más elementales. Y que un político no tenga idea de filosofía política es como si un médico desconociera su profesión.  Y vaya por delante que aquella insigne Bibiana Aído, inventora de que la igualdad de la mujer consistía en cargarse limpiamente el masculino gramatical con aquello de “miembros y miembras” jamás hizo ni hará mella en mí. Y consulte y aplique cualquier “progre” el masculino gramatical, porque volver a las buenas costumbres es lo que procede aunque tenga que ir a consultar al oráculo de san Google.



Pues bien, en estos momentos (no, “a día de hoy”, olviden esa horrible expresión) al Sr. Pedro Sánchez, según acabo de informarme en uno de esos artículos de opinión jocosos que se recogen en una pequeña sección llamada “El Submarino”, en La Razón, a Pedro Sánchez no se le ocurrió mejor manera de buscar el voto de las bases del PSC que proclamar la “nación catalana”, con la chufla que eso provocó en redes sociales como Twitter y debió ocasionar en las mismas bases, tan alejadas de dislates nacionalistas. Hoy presenta candidatura a presidente del Gobierno arropado por su mujer y una enorme bandera de España y mañana hace lo propio aspirando a secretario general de su partido a la sombra de una estelada, que para postres es ilegal. Ni idea de historia de España, ni idea del fenómeno nacionalista, ni idea ciencia política, ni idea de nada. Puede que tu homónimo en ignorancia le acoja como conserje o barrendero en su partido, amigo Sánchez. Del ridículo del “no es no” le veo en primera página con una barretina con estrella en la cabezota.

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