La URSS también produjo escasez de cómic





Hablar de cualquier forma de arte en la URSS, ignorando la carga del pensamiento único impuesto por la fuerza, es un ejercicio imposible y moralmente reprobable. La URSS fue un fallido experimento de ingeniería social que se apropió, a través de la violencia, de los medios de producción físicos y materiales, e hizo desaparecer a los intelectuales que no comulgaban con la dictadura del proletariado —esos que en el 1984 de Orwell acababan "vaporizados".

Siguiendo los postulados de Karl Marx y de Vladimir Lenin, los soviéticos tenían la intención de transformar la sociedad y crear un nuevo hombre socialista, en contraposición al voraz e insaciable burgués capitalista. El resultado fue desastroso y sangriento. El comunismo se aplicó como mandaron sus teóricos, y sus calamitosos resultados obedecieron a la ejecución de una idea abyecta. No fue mal aplicado, que no te engañen.

Para erigirse como una alternativa a Occidente, los soviéticos minaron, defenestraron y adulteraron una de las cosas que han hecho grande al mundo libre: la libertad de creación y pensamiento. La URSS ponía todo al servicio del partido y del politburó —supuestos representantes de un pueblo desprovisto de toda soberanía popular— y la prensa libre y los productos artísticos de influencia occidental fueron barridos y criminalizados desde sus inicios. Uno de los iconos de la cultura popular occidental, los cómics, ahora en voga y responsables de una industria que mueve miles de millones de dólares al año, nunca pudieron despegar en la URSS. Y, a día de hoy, en la Rusia de Putin siguen siendo un producto marginal.



Komiks: Comic Art in Russia

Para saber qué pasó con los cómics en la URSS tenemos pocas fuentes fiables. A este respecto, destaca el libro de José Alaniz, investigador en la Universidad de Washington, Komiks, Comic Art in Russia, que resume la trayectoria de los cómics en el último siglo ruso. Alaniz sostiene que "ha habido varias formas de cómics en Rusia desde hace más de un siglo, pero ardieron en los veranos de la libertad relativa, y se congelaron en los duros inviernos del desdén oficial". Es decir: la industria nunca pudo despegar por falta de libertades y de interés, en palabras de Alaniz.


Sin embargo, pese a que en la URSS el cómic era visto como un instrumento de la decadencia occidental, sí hubo ciertas formas de arte gráfico que tuvieron un éxito reseñable —y dado el entorno político, podríamos incluso calificarlo como un éxito heroico.

Las primeras viñetas de la era soviética las encontramos en la revista satírica Kokodril -en alusión al cuento de Dostoievski El Cocodrilo-, fundada en 1922. Pese a reírse de ciertos hábitos de la burocracia soviética, se dedicó a ridiculizar el sistema capitalista y a grupos étnicos y religiosos que estaban en contra de la URSS. De Kokodril saldrían grandes ilustradores de la propaganda soviética como los Kuriniksy o Yuliy Ganf.

Más tarde, vino el primer magazine de historietas ruso de la era moderna : el Sverchyok (El Grillo). Estaba subtitulado como Dibujos graciosos para niños y sólo publicó cinco números durante 1937. El director del magazine, Nikolay Oleynikov, y el dibujante principal, Bronislav Malakhovsky, fueron arrestados por cargos de espionaje (las acusaciones fueron fabricadas-, condenados y ejecutados). Eran los años de la Gran Purga, la que, a decir de Martin Amis en su imprescindible Koba el Temible, dejó una "risa" en Occidente.

En este sentido, Misha Zaslavskiy (guionista y editor de cómics en la actualidad) señala que los artistas que alumbraron los principios del cómic ruso fueron perseguidos no por los cómics, sino por ser artistas. El arte, y el cómic lo es, no tiene por qué disentir de la ideología política dominante para serlo. Es cierto: el arte al servicio del mal también es arte, y los dibujantes de Kokrodil y demás ilustradores soviéticos son ejemplos de ello, también Leni Riefenstahl. No obstante, ese artista con pulsión interior y nata para expresarse cuando hacerlo no está permitido fue pisoteado por la bota soviética.


La era post Stalin

Posteriormente, en 1956, tras la muerte de Stalin, nace la publicación del magazine Vesyolye Kartinki (Los dibujos alegres) y en el mismo año ve la luz también la historia gráfica más popular de la era soviética, Petya Ryzhik, (Petya, la pelirroja) del famoso dibujante ruso Ivan Semyonov.


Poco después, comenzó a proliferar un producto que contenía historietas en forma de viñetas: los negativos de películas, que el público disfrutaba como diapositivas, las cuales devendrían en las animaciones del estudio Soyuzmultfilm. Es en esta época cuando surge uno de los autores gráficos más famosos de la era soviética, Yevgeny Migunov, que elaboró negativos e historietas para Los dibujos alegres, trabajó para Kokrodil y para Soyuzmultfilm, y también ilustró novelas como Alisa
Selezneva de Kir Bulychov.



En 1971, en Checoslovaquia, país bajo la órbita soviética, surgió la primera superheroína rusa: Octobriana (en referencia a la Revolución de Octubre). Peter Sadecky, su autor, declaró en un principio que fue un cómic creado por un grupo de artistas disidentes rusos llamados PPP (Pornografía Política Progresista). La historia de Sadecky resultó ser mentira: Sadecky convenció a los artistas checos Bohumil Konečný y Zdeněk Burian para crear juntos un cómic llamado Amazona, con el objetivo de vendérselo a un supuesto comprador interesado. Pero Sadecky huyó a Occidente con la obra, cambió el nombre de Amazona por Octobriana, le puso una estrella roja, e inventó la historia de la autoría. Así, la primera superheroína rusa del cómic fue creada ad hoc en Occidente.
El primer estudio

Hasta la llegada de la Perestroika no fue posible desarrollar la industria del cómic en Rusia. En 1988, antes de la caída del muro de Berlín, comienza su andadura el primer estudio, el KOM, que lanzó sus primeras series de historietas Bovik y Barik. Del KOM sale también la obra de Ilya Sachenkov, Los chicos, un cómic que critica la existencia de clases sociales en una supuesta sociedad sin clases. Alaniz, pesimista, subraya en su libro que el fracaso de los cómics en Rusia no se debía a los soviéticos, sino a los rusos, y que éstos siguen odiando los cómics. Quizás sea cierta la aversión de los rusos a las viñetas, pero más cierto es que una industria como los cómics se nutre principalmente de debates políticos y filosóficos, prohibidos por Moscú.

Mientras los cómics fueron objeto de adoración en Occidente, en Rusia fueron vistos como pseudo literatura burguesa, y por ello fueron relegados al ostracismo. Más allá de la propaganda roja, los cómics han sido una forma de expresión libre que viene entreteniendo y haciendo soñar a generaciones enteras desde aquella primera viñeta de Famous Funnies # 1.

La opresión a la libertad de pensamiento de la URSS tiene un ejemplo en la triste historia de los cómics en Rusia.


http://diart4all.blogspot.com.es/2017/04/la-urss-tambien-produjo-escasez-de-comic.html
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