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La doble vara de medir: de Guernica a Cabra y otras muchas cosas, por @AntoniodlTL




No deja de sorprenderme -por más que la evidencia sea palmaria y se repita cada día con más crudeza- cómo, en estos últimos treinta y ocho años, se ha venido imponiendo, en la calle en general y en los medios de comunicación y representantes políticos en particular, el efecto de “lluvia fina” que citaba Aznar  en una de sus intervenciones -en referencia a sus políticas-, aunque en el sentido contrario al que él pretendía cuando lo dijo, desgraciadamente. Me refiero a cómo ha calado en nuestra sociedad el terrible juicio de la “doble vara de medir” cuando nos toca valorar hechos, frases o comportamientos, dependiendo de dónde vengan o quién los diga o tenga.

Empezando por lo último -por ahora-, vemos la impunidad con que se pasea estos días por Madrid -y me temo que en los próximos  por otras ciudades de España- el “Tramabús” fletado por Podemos con las figuras de los que ellos consideran corruptos aunque ni siquiera estén imputados algunos de los “retratados” -aparcando donde se le ocurre, prohibido o no- y la que se armó hace un par de meses con el autobús de la Organización Hazte Oír con dos frases que reflejaban una obviedad anatómica, pero que la progresía  interpretaba como ofensivas para un colectivo, afortunadamente, minoritario. Y la Sra. Carmena ni está ni se la espera. ¿Veremos querellas? Motivos… “haylos”.



En el primer caso es una forma de “libertad de expresión” -en el sentido “progre”, claro- y en el segundo era un atentado que hería la “sensibilidad” de algunos colectivos y había que cortarlo de inmediato, prohibir la circulación del vehículo, apartarlo en un recóndito lugar y no fue a la hoguera -promotores incluidos- de puro milagro.

Vimos algo parecido en la agresión en Alsasua a dos guardias civiles y a sus parejas por un grupo de salvajes abertzales -con los que, por cierto, se fotografió muy “solidariamente” el líder del partido que saca a la calle ese autobús con la imagen de políticos, empresarios y periodistas que no son de su cuerda-, que algunos han vendido como una “provocación” de las víctimas por sentarse en una terraza y, seguramente, “mirarlos mal” cuando pasaban por allí con ánimo de “hacer amigos”.

No fue distinta tampoco la valoración de la brutal agresión del concejal de Podemos, Andrés Bódalo, a un exTeniente de Alcalde del PSOE en Jódar (Jaén) durante una protesta de jornaleros en 2012, también responsable, al parecer, de agredir a una mujer embarazada en el asalto a una heladería y otras “lindezas” más, que lo llevaron, por fin, a la cárcel, donde su líder tampoco ha tenido reparo en visitarlo y que fue calificado por su partido de “preso político”.

O lo que vemos en Venezuela, donde, esta vez, sí un preso político, se mantiene en prisión -en contra de toda lógica-, mientras el inefable Rodríguez se niega repetidamente a reconocerlo como tal ni los secuaces españoles del dictador venezolano, que aquí fletan el mencionado “tramabús” -mejor sería llamarlo “odiobus”, como ya se dice en algún medio-, se manifiesten para su liberación.

Lo seguimos viendo en las declaraciones del tal Ramón Vera -se hace llamar “Cassandra”-, que se ha hecho “viral” -como se dice ahora- por sus zafios “chistes” sobre el atentado terrorista llevado a cabo -materialmente- por ETA y que acabó con la vida del Almirante Carrero Blanco en 1973 y en frases como: “Qué mal hizo ETA dejando a tanto hijo de puta (sic) vivo” -en referencia a los no asesinados, claro- u “Ojalá el IRA hubiera conseguido matar a Margaret Thatcher”, pruebas, sin duda, de la “libertad de expresión”.

O qué decir del escrache que sufrió en su domicilio la actual Vicepresidente del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, junto a su hijo pequeño y su abuela, llevado a cabo por unas doscientas personas -Jorge Verstrynge incluido- con comentarios del carismático líder de la coleta del tenor de “Los escraches son un mecanismos democrático para que los responsables de las crisis sientan una mínima parte de sus consecuencias” y cuya causa fue archivada por una juez “digital” de “puñetas ideológicas” -Isabel Valldecabres-, con el irrefutable “argumento” de que “esa violencia  psicológica es una expresión democrática”, mientras consideraba como “acoso brutal”  la manifestación de unos cuantos antiabortistas contra la sin par -gracias a Dios- Bibiana Aído en su pueblo. Podemos concluir que, “si lo sufre el PSOE o Podemos -incluso Ciudadanos, me atrevería a adelantar- es acoso, si lo sufre el PP es democracia”. La “batalla de las ideas”  que en España ganan siempre los mismos aunque sea sin argumentos.

Podemos recordar también la diferente reacción de los partidos de izquierdas ante el vertido del Prestige en las costas gallegas, en 2002 -gobernaba el Partido Popular- y los de la Bahía de Algeciras en 2007 o 2008 (entre otros) -gobernaba el PSOE, en España y en Andalucía-. Negligencia del Gobierno el primero y “accidentes” inevitables los otros, como no podía ser de otra manera.

¿Es lógico que a los causantes del “asalto” -irrupción con la bandera de España por un ligero atropello al Sr. Homs en un acto nacionalista, ahora condenado por incumplimiento de sentencia del TC- de la librería Blanquerna cumplan condena de cuatro años de prisión y a la causante del asalto a una capilla, desnudándose y profiriendo amenazas -además de frases soeces- al sacerdote y fieles presentes sólo se le imponga una multa simbólica?


¿Y, que mientras a Rodrigo Rato se le aplicaba la “pena de telediario” -mano en la nuca incluida, sin estar esposado, para introducirlo en un coche policial-, a Narcis Serra, exVicepresidente del Gobierno de Felipe González, juzgado entonces e imputado ya por la quiebra de Caixa Cataluña -12.000 MM € de agujero- se le invite a la primera fila a un acto político del candidato del PSOE, Pedro Sánchez?

O, ¿por qué el revuelo sobre el ático de Ignacio González en Estepona -¡ojo!, que no digo que, si hay irregularidades en la compra, no se investiguen y si hubiera delito, no se condene- mientras se pasa de puntillas y se archiva por el TS el caso de los “DOS” áticos de lujo adosados de Bono en la misma ciudad, incluidos en un inmenso patrimonio inmobiliario -hípica incluida- de dudosa procedencia? Por cierto acaban de detener al mencionado Ignacio González -exPresidente (PP) de la Comunidad de Madrid- por presuntas irregularidades en la empresa pública Canal de Isabel II y, curiosamente, la actuación policial de esta mañana ha sido “televisada” en directo por La Sexta TV -rescatada de la quiebra por el PP, para más inri- y su altavoz Antena 3. Y los Pujol siguen libres.

Claro que no sólo es la izquierda la que tiene la “doble vara de medir”, como hemos visto al final de la primera  legislatura del PP, con  el Sr. Posadas presidiendo el Congreso, cuando el diputado de Amaiur, Sabino Cuadra, rompió desde el atril del ponente un ejemplar de la Constitución, sin respuesta alguna de la tercera autoridad del Estado, o en la actual, con la Sra. Pastor permitiendo toda clase de improperios y ordinarieces en boca de los diputados de Podemos y ERC mientras llama al orden al de su propio partido, Rafael Merino, por “no ajustarse a la pregunta que había formulado al titular de Interior, Juan Ignacio Zoido”, y le quita la palabra mientras él apelaba a su “libertad de expresión” que, en este caso, no se le supone.

¿Se enterará la derecha española -si al Gobierno actual se le puede tildar de derechas, claro- de que cuando se entrega a la izquierda la Justicia; la Universidad primero y la enseñanza pública, en general, a continuación; la Prensa -escrita, radio y TV- con escasísimas excepciones de poco alcance-; no se hace limpieza de las cloacas del Estado que se heredan; etc., etc., y se desaprovechan las  mayorías absolutas que el hartazgo de los ciudadanos le conceden, el enemigo no duerme y acaba por echarlos sin reparar en medios? 

Y dejo para el final lo que citaba en el título, invitando al lector a que consulte algunas fuentes -cito al final del artículo sólo tres de las muchas que pueden encontrarse- sobre una “mentira histórica”, muestra también de esa “doble vara de medir” que nos impone en su torticera forma de difundir la “memoria” histórica, unilateral y sectaria, que acabó por “dogmatizar” en Ley el lamentable Rodríguez y que don Mariano Rajoy no ha querido derogar como hiciera su antecesor con “lo que no le gustaba”, teniendo razones más que sobradas para hacerlo, pero no debía ser muy “políticamente correcto”, concepto muy en relación con el que da título a esta reflexión de hoy. Me refiero a la ponderación que se hace del bombardeo de Guernica (26. Abril. 1937) y del ocultismo respecto al de Cabra (7. Noviembre. 1938), cuando en ambos el número de muertos fue similar -superior al centenar-, sin decir que la ciudad vasca estaba en zona de guerra además de contar con fábricas militares mientras la cordobesa no reunía esos condicionantes que “justificaran” la barbarie y el bombardeo fue sobre “el mercado de abastos”, claro “objetivo militar” ocupado por ancianos, mujeres y niños. Pero el primero fue perpetrado por la aviación alemana que apoyaba al bando nacional, mientras que el segundo lo llevó a cabo la aviación soviética que apoyaba al Frente Popular republicano, que tenía derecho a todo. Ni -cosa importante para la “venta” de la “monstruosidad” del bando nacional- Cabra contó con un cuadro que la “inmortalizara”, como sí ocurrió con el famoso “Guernica” de Picasso, que nada tiene que ver con el citado bombardeo, pero que vino muy bien para extender la “salvaje” -al tiempo que “ilegítima” para la izquierda- actuación de las tropas de Franco y ese intensivo intento de ganarle la guerra al difunto General, iniciado ferozmente treinta años después de su muerte y sesenta y cinco tras haberla perdido, por un ignorante que ni vivió los hechos ni se ha preocupado de enterarse de la realidad de la Historia que originó aquella confrontación civil de 1936-39.

Es lo que hay, y ya veremos en qué termina esta irresponsable “doble vara de medir”, pero la cosa no apunta bien.

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