Hoy felicitamos a Juan Bautista de la Salle, fundador de los HH. de las EE. CC.; Peleusio, presbítero; Donato, Rufino, Aquilina, Calopio, Ciriaco, mártires; Epifanio, Estanislao, Perpetuo, Saturnino, obispos; Afraates, anacoreta; Tetelmo, Hegesipo, confesores; Alberto, abad; Herman o José de Steinfeld, Ursulina, Everardo, beatos.

Fuente: Archidiócesis de Madrid
Afraates, anacoreta (c. a. 280-c. a. 350)

Santos: Juan Bautista de la Salle, fundador de los HH. de las EE. CC.; Peleusio, presbítero; Donato, Rufino, Aquilina, Calopio, Ciriaco, mártires; Epifanio, Estanislao, Perpetuo, Saturnino, obispos; Afraates, anacoreta; Tetelmo, Hegesipo, confesores; Alberto, abad; Herman o José de Steinfeld, Ursulina, Everardo, beatos.
Este escritor cristiano, a caballo entre los siglos III y IV, tiene el atractivo de haber dejado a la posteridad la primera obra escrita en siríaco.

Se conoce muy poco de su vida, salvo lo que él mismo cuenta en sus escritos. Nació en el paganismo, se convirtió a la fe, lo bautizaron poniéndole el nombre de Santiago, y se hizo monje dentro del más riguroso ascetismo. Aunque no puede afirmarse con total certeza, muy probablemente llegó a ser obispo –se deduce de sus obras– y quizá del monasterio de San Mateo, en Mosul.

El «Sabio persa» fue autor de 23 tratados compuestos bajo el reinado del rey Sapor, que terminó persiguiendo cruentamente al cristianismo. Da unidad a su obra el hecho artificioso de comenzar cada opúsculo con una letra del alfabeto siríaco y siguiendo su orden. Trata temas teológicos, ascéticos, morales y disciplinares. En algunos de ellos se descubre un tono polémico y apologético contra las doctrinas gnósticas y judías. Esta cuasi síntesis de doctrina cristiana está pobremente escrita, sobre todo si se la compara con las obras de sus contemporáneos teólogos griegos y latinos; los conceptos están expresados en una terminología imprecisa, no libre de algunos errores doctrinales, y destacando especialmente la firmeza de la fe en la Trinidad, la divinidad de Jesucristo, la perpetua virginidad y maternidad divina de María y el primado de Pedro.

Afraates da la impresión de ser un hombre que vive intensamente la fe de la Iglesia que se ha entregado sin reservas a evangelizar su país, esforzándose por conseguir que los demás la vivan; es considerado como un gran maestro de vida espiritual.

Hay en sus escritos abundantes noticias sobre el origen del monacato oriental y en ellos aparece la organización de la comunidad cristiana primitiva de su país.
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