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El liberal Emmanuel Macron y la ultraderechista Marine Le Pen disputarán una segunda vuelta inédita



Los franceses han firmado una votación histórica y han redibujado por completo el mapa político: por primera vez han dejado fuera de la segunda vuelta a los dos grandes partidos que se han alternado en el poder durante la Quinta República y serán el joven liberal Emmanuel Macron o la ultraderechista Marine Le Pen los candidatos a convertirse en el próximo presidente de Francia el próximo 7 de mayo. Dos propuestas antagónicas para el futuro de Francia y de Europa.

Las encuestas no se han equivocado esta vez. Macron, con su recién creada formación En Marche, ha aprobado con éxito su primera prueba ante las urnas y se ha convertido en la primera fuerza con 23,8% de los votos, seguido de Le Pen, con un 21,4%. El candidato más europeísta ante la líder más temida en Bruselas.

El conservador François Fillon, que hace unos meses era el favorito para llegar al Elíseo, ha pagado su imputación en el caso de corrupción por los supuestos empleos ficticios de su mujer y sus hijos, y ha quedado en tercera posición con un 19,9% de votos, mientras que Benoit Hamon ha profundizado la deriva del socialismo en toda Europa con el peor resultado de su historia, un insignificante 6,3%. Absortos en su profunda derrota, ambos han pedido el voto para Macron.

El izquierdista Jean Luc Mélenchon, en cuarto lugar con un 19,6%, ha reconocido no haber obtenido el resultado que esperaba y consultará a las bases sobre el posible apoyo a uno de los candidatos. Ninguno del resto de los once postulantes ha superado el 2% de los sufragios.

Nunca antes unas elecciones en la historia reciente de Francia se habían presentado tan abiertas y con tanto voto indeciso, pero al final los ciudadanos han optado por confiar su voto a los candidatos que se han presentado como alternativos al establishment con programas radicalmente distintos.



Los franceses sabían que no iba a ser una jornada electoral típica


El europeísmo frente a la ruptura con Bruselas

Macron puede pecar de inexperiencia, pero no es exactamente un outsider, ya que procede del corazón mismo del sistema: exbanquero y exministro de Finanzas con Hollande, a sus 39 años firma una carrera fulgurante. En apenas un año En Marche, a medio camino entre partido y movimiento ciudadano, ha sido la fuerza más votada en su primera prueba ante las urnas. Defiende mantener el déficit por debajo del 3%, recuperar el motor franco-alemán, relanzar el proyecto europeo, recortar el gasto público, bajar las cifras del paro, y promete no tocar, al menos de momento, ni la jornada laboral de 35 horas ni la edad de jubilación.

En un discurso presidencialista, Macron ha llamado a la unidad. "En un año hemos cambiado la cara de la política francesa. El desafío es romper con un sistema que no supo responder a los problemas de Francia. (...). Prometo ser el presidente de los patriotas ante la amenaza de los nacionalismos (...). No hay varias Francias, hay una única Francia, en una Europa que protege", ha afirmado, entre la euforia de sus fieles que, reunidos en el Palacio de Congresos de la Puerta de Versalles de París, le han jaleado con gritos de "¡Vamos a ganar!" y "Macron presidente".

El candidato centrista también se ha reivindicado como un político "preparado" para ser el próximo presidente de Francia, sacudiéndose así de encima la que quizás es su principal debilidad. Y según los sondeos, así será. El candidato socioliberal, con un 60% de intención de voto, parte con una holgada ventaja ante su rival, quien desde su feudo de Hénin-Beaumont, en el deprimido norte del país, no ha suavizado ni una pizca su mensaje esta noche. 


Macron: "El pueblo francés ha decidido ponerme en primer lugar en la primera vuelta de las elecciones"

La líder de la extrema derecha ha llamado a "liberar al pueblo francés", ya que, a su juicio, "está en juego la supervivencia de Francia", y ha advertido de que "el gran desafío en estas elecciones es la globalización salvaje".

Le Pen encarna la propuesta más radical y consuma el ascenso de la ultraderecha. La líder eurófoba no sólo ha reeditado el logro conseguido por su padre en 2002, sino que ha roto el techo de votos del Frente Nacional con un lavado de cara que, no obstante, conserva el mismo espíritu. Bajo el lema En el nombre del pueblo, Le Pen ha prometido frenar la inmigración, salir del euro y matar a la Unión Europea, dirigiéndose a los trabajadores acuciados por la crisis y enfadados con los partidos tradicionales. Un discurso proteccionista y euroescéptico que entronca con las victorias de Donald Trump y el Brexit, mientras que su cruzada contra la inmigración ha encontrado eco en la alarma por los atentados yihadistas.


Le Pen aspira a ser la primera presidenta de Francia

Castigo a los partidos tradicionales

Estas elecciones son las primeras celebradas en Francia bajo estado de emergencia, con 50.000 gendarmes y 7.000 militares desplegados en todo el territorio. La participación ha rondado el 78% y los ciudadanos han podido votar con total normalidad, aunque conmocionados aún por el ataque que hace tres días acabó con la vida de un policía en el corazón de París.

El terrorismo, la inmigración la crisis y los efectos de la globalización han abonado un panorama de descontento que ha llevado a los franceses a dar la espalda a los líderes que les han gobernado durante las últimas décadas. La amplitud del desastre del bipartidismo es profunda. En 2002, el peor resultado conjunto hasta ahora, sus candidatos recibieron el respaldo del 36% de los votantes. En esta ocasión ronda el 25 %. El fracaso en ambos casos es doloroso, pero sus casos son diferentes.

El ex primer ministro Fillon ha perdido todo su crédito embarrado en los escándalos de corrupción. El adalid de la austeridad se vio preso de sus propias contradicciones señalado por malversación de fondos públicos. El líder de Los Republicanos ha afirmado esta noche que su candidatura tuvo "obstáculos demasiado numerosos y demasiado crueles" y que "algún día la verdad se conocerá sobre estas elecciones". Al tiempo que se ha atribuido la responsabilidad de la derrota, un guante que recibieron con gusto los barones del partido, que se han apresurado a justificar que en esta primera ronda "perdió el candidato pero no la derecha".



François Fillon: "No hay otra elección que votar contra la extrema derecha, votaré a favor de Emmanuel Macron"

Más sombrío aparece el panorama de los socialistas, desgarrado entre los que se habían echado en brazos de Macron durante la campaña, representantes del ala más liberal del partido (entre ellos el ex primer ministro Manuel Valls), y los que apoyaron las ideas más izquierdistas de Hamon, que sin embargo no ha logrado que sus propuestas pesaran en la campaña. Así, ha visto cómo los votantes se le escurrían a derecha, con Macron, y a izquierda, con Jean-Luc Mélenchon, que roza el 20% de los votos. Hamon ha reconocido una "derrota histórica" y ha pedido frenar a la candidata ultraderechista, al igual que ha hecho Fillon.


Benoît Hamon: "Hago un llamamiento para que podamos derrotar al Frente Nacional votando a Macron"

La izquierda se queda fuera de la segunda vuelta

Mélenchon, por el momento, no se ha sumado a ese cordón sanitario para evitar que Le Pen llegue al Elíseo y ha dicho que sus seguidores podrán votar en conciencia. El líder de la izquierda alternativa ha reconocido que el resultado no es el que esperaba. "Los mediácratas (sic) y los oligarcas están jubilosos. Nada es tan bello para ellos como una segunda vuelta entre dos candidatos que quieren prolongar las instituciones actuales, que no expresan ninguna conciencia ecológica y que piensan tomarla con los logros sociales más elementales", ha manifestado en una declaración ante sus fieles.

La final Le Pen-Macron abre además la incógnita sobre qué mayoría parlamentaria dispondrá el próximo presidente. Gane quien gane, no está claro que sus partidos tengan el tirón suficiente para conseguir los diputados necesarios para gobernar en las elecciones legislativas que se celebrarán el 11 y el 18 de junio. Los Republicanos aspiran a obtener un buen resultado en la Asamblea Nacional e imponer al ganador de las presidenciales una cohabitación que les permita poner en práctica el programa de rigor presupuestario con el que concurrieron a estas elecciones.

Entre las reacciones internacionales, las primeras y más contundentes han llegado desde Bruselas y Berlín en forma de apoyo al europeísta Macron de cara a una segunda vuelta que será también un plebiscito sobre la Unión Europea. Y es que dentro de dos semanas, los franceses terminarán por decidir si el seísmo de esta noche se queda en un temblor sin más consecuencias o si sacude los cimientos del proyecto europeo.

http://www.rtve.es/noticias/20170423/emmanuel-macron-marine-pen-se-enfrentaran-segunda-vuelta-inedita/1529500.shtml

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