Los políticos europeos no temen a Trump, temen la verdad, el editorial de El Diestro

Ventajas de Internet ─estoy escuchando el discurso de Trump en el CEPAC (Conferencia de Acción Política Conservadora) y lo paro de vez en cuando para escribir las impresiones que estoy recibiendo. Es como estar en la sala con un mando que congela el tiempo y te deja tomar apuntes a tus anchas─. Trump aparece totalmente distendido haciendo gala de su sentido del humor. Sí, porque ningún otro medio os comentará que Trump tiene un sentido espontáneo del humor. Nadie me negará que para encontrar un punto de humor improvisado hay que tener inteligencia. Así que no, Trump no es ningún bobo, aunque le intenten dar esa cornada ciertos medios humillados por haber fallado en sus sesudos análisis de previsión durante la reciente campaña electoral. Pecaríamos de ingenuos si no admitiéramos que en esa conferencia del partido conservador Trump está entre los suyos: está en casa ─entre los conservadores; es decir, lo que aquí vienen a denominarse liberales, mientras que el partido liberal equivaldría por estas latitudes a “progres” de la ceja. De ahí que la troupe de los Óscar se comporte como se comportan con respecto a Trump: parece ser que en todas partes cuecen habas─.

Pues bien, en este punto Trump le pide a un público totalmente entregado ─aplaudiendo por algo que acaba de decir, con la naturalidad de quien se encuentra en casa, y rompe toda barrera de protocolo…─ “¡Ah, venga ya! Sentaos todos”… pausa… se van sentando todos… Que los de la prensa luego dirán que no levanté al público ni en una sola ovación. Evidentemente, el público volvió a levantarse aplaudiendo a rabiar. Pero ese público no se levanta porque le hayan apretado un botoncito que haya activado un resorte. Ese público se levanta porque están empachados de mentiras. Y esa pequeña maldad contra los medios denuncia la responsabilidad de los mismos como corresponsables de la corrupción de los políticos y del sistema.

Trump le ha dicho a los ciudadanos no lo que debería ser, sino lo que es. Básicamente algo tan de sentido común como que hay que poner fronteras, hay que vigilarlas y controlar qué entra ─mercancías─ y quienes entran ─inmigración─ porque ambas cosas tienen mucho que ver no solo con el empleo sino con la calidad de dicho empleo. Trump les ha dicho que piensa borrar del mapa al Estado Islámico porque tienen derecho a vivir tranquilos. Trump ha denunciado la corrupción en la CIA y el FBI ─algo que si lo hace Hollywood está bien hecho pero que si lo denuncia un político resulta una aberración.─ Trump les ha dicho que primero hay que atender a los de casa ─¡cielos!, la mayor herejía para la corrección política─. Y Trump les ha dicho “que los hombres y mujeres olvidados de América jamás volverían a ser olvidados”, es decir, la clase media de América, la que paga impuestos, la que intenta llegar a final de mes con su trabajo y no viviendo a cuerpo de rey por pertenecer a cierta raza o religión a costa del esfuerzo de la clase media. En definitiva, Trump les ha dicho la verdad que todo el mundo comenta en casa, pero que nadie se atreve a decir por miedo. Y ese gran pecado ─decir la verdad─ según A.G. Trevijano solo ha habido un personaje capaz de cometerlo en la historia de la humanidad y fue durante el Renacimiento. Aunque no he escuchado a Trevijano especificar quién fue el personaje que dijo “la verdad” en el periodo del Renacimiento, yo creo que nuestros lectores sí lo saben. El que se atrevió a decir cómo éramos y no como deberíamos ser fue el denostado Niccolo Maquiavelli. Sin él jamás se habría separado la política de la moral, es decir, la política hubiera continuado unida a la religión y jamás los grandes filósofos, pensadores y patriotas que le precedieron hubiesen llegado a inventar, ni mucho menos implantar la democracia representativa. La única democracia real en un estado moderno.








Y si las verdades que ha dicho Trump se refieren a cómo son las cosas y no cómo deberían ser resulta que ha acabado con la corrección política. Y sin corrección política la socialdemocracia se queda en lo que es ─apariencia, nada, floritura verbal sin contenido─. Sin corrección política esa pompa de jabón que se mantiene a base de mentira, dinero, leyes impuestas ilegalmente, y el poder deja de existir. Trump con unas simples palabras y un simple gesto despierta de la pesadilla de la corrección política la conciencia narcotizada del inconsciente colectivo─conciencia narcotizada mediante la retórica de las potentes correas transmisoras de los medios: Trump, sin percatarse de ello deja en paños menores al sistema con un simple gesto─. La prensa miente, la televisión miente, la radio miente, las revistas mienten… la desinformación del ciudadano es total: desde la cuna de la democracia ─EE. UU.─ hasta la cuna de la corrupción ─Europa─.








El binomio retórica – dialéctica nació en Grecia con la misma democracia, pero los discursos políticos han ido dando una coz tras otra a la verdad. El lenguaje utilizado en política ha sido una patada tras otra al verdadero significado de las palabras. Se han inventado palabras para poder mentir y han mentido hasta en el significado de las palabras ya existentes, y el público ya no sabe ni cómo llamar las cosas sin sentir miedo a ser amonestado, multado o encarcelado por la posibilidad de herir “sensibilidades ajenas”, pero no ha habido ninguna sensibilidad para que unas familias saqueen impunemente Cataluña, para que la justicia aplique unas leyes a unos y otras a otros, o ni siquiera aplique nada. Trump es una piedra echada en mitad de un estanque, y las hondas se esparcirán como ocurre en el agua. Ese es el miedo a Trump. El miedo a que la verdad les alcance y la clase media despierte inmune a nuestros indefectibles amigos pertenecientes al gremio: políticos y medios de comunicación.

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