POLÍTICA

[Política][bleft]

SOCIEDAD

[Sociedad][bsummary]

FIRMAS INVITADAS

[Firmas%20invitadas][twocolumns]

#DiaInternacionalDeLaMujer Las mujeres inventaron la manifestación, el comentario de El Diestro


No es difícil hacer diana en el corazón de los ciudadanos con cierto tipo de discursos si nos dicen lo que queremos escuchar: sólo es necesario aplicar un poco de sensatez, psicología barata y sentido común; y si se quiere, utilizar material de campo de primera mano. El problema es separar el polvo de la paja y pensar si todo lo que prometen es o no realizable. Si al final nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino es que el discurso lo está pronunciando un populista y quiere que creamos en puras utopías. Donde no valen utopías que valgan es cuando hay que pagar el recibo de la luz, el agua, la contribución y resulta que no llegamos. O cuando los ciudadanos vamos a la plaza de abastos con nuestro carrito o cesta de la compra. Pues de esas plazas vamos a hablar.


Hubo un tiempo no muy lejano cuando en la plaza de abastecimiento es donde solían estar las mujeres, realizando el milagro de la multiplicación de los panes y los peces para aprovisionar la mesa de los suyos; allí es donde ellas hablan no de lo divino y lo humano, sino de lo concreto y lo real. De la supervivencia del día a día, que es lo importante; y lo que ningún político ni se imagina. Las plazas o la salida de misa los domingos fueron crisoles de ideas revolucionarias porque eran puntos de encuentros. Este tipo de encuentros tuvieron mucha trascendencia en los albores de la Revolución Francesa. Así un multitudinario grupo de mujeres fueron calentando el ambiente entre ellas y decidieron partir hacia el Palacio de Versalles desde el mercado de París. Con ese acto espontáneo inauguraron la primera “manifestación” de la historia. Hasta entonces, los hombres, cuando querían hacer la revolución se dedicaban a enrocarse levantando barricadas en las calles. A nadie se le hubiese jamás ocurrido salirse de esas barreras defensivas con los soldados apuntando enfrente, pero las mujeres saltaron esas barricadas y no permitieron que sus hombres fuesen con ellas, para rabieta y oprobio de ellos, que se quedaron en sus barricadas con los niños en brazo sin saber qué hacer. La acción de las mujeres cogió por sorpresa no solo a los hombres que defendían las barricadas sino a los oficiales de los soldados apostados enfrente o defendiendo el camino al palacio de los reyes en Versalles. Así que sin saber qué hacer los soldados las dejaron pasar y ellas llegaron sin oposición al palacio. Es que estoy viendo las caras que se les debió quedar, a ellos y a los soldados que vigilaban los caminos hacia el palacio. Son, en fin, esas mujeres de París en pie de guerra (por eso, los hombres no se atrevieron ni a rechistar) las que hartas de que sus hombres no hicieran nada y solo se dedicaran a hablar, y de que el rey Luis XVI tampoco hiciese nada y sólo se dedicara a hablar, ni la Convención hiciese nada y sólo se dedicara a hablar, ni nadie les arreglase los problemas de falta de abastecimiento de pan y alimentos, las que partiendo del gran mercado de París, y sin líderes ni nada y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, tuvieron los redaños de ir en una multitudinaria columna, por primera vez en la historia, al mismísimo Palacio de Versalles; entrar hasta la cámara de la reina María Antonieta, coger a S.M por las orejas y obligar a toda la familia real a abandonar el palacio de Versalles para dejarse conducir hasta las Tullerías. Si el Rey se alojaba en París, las restricciones que impedían el acceso de alimentos hasta París, esperaban ellas, también cesarían. Todo ello ocurrió en plena etapa de gestación de la Revolución Francesa. Aquellas mujeres actuaron con una inocencia conmovedora porque ante "el gran hambre" que azotaba despiadadamente París, y a falta de pan, creyeron que si había pan para el Rey Luís XVI alojado en las Tullerías de París, habría pan para sus humildes mesas también; que es lo que a ellas les preocupaba. Y allí cerquita y controlados les obligaron a permanecer para gozo de algunos y susto de muchos en la Convención. Claro, que sin quererlo, las mujeres consiguieron también que la Corte en pleno, con gran canguelo, huyeran como conejos a esconderse y dejaran al pobre rey más solo que la una. Esa fue un demostración de fuerza  sin precedentes por parte de las mujeres.

No hay comentarios: