Las autonomías, nido de parásitos y de ladrones. Editorial "El Diestro"



Pues hete aquí que en siglo I d. J. C. fue nada menos que Séneca quien estableció el siguiente principio irrefutable:

La justicia es buena por sí misma. Hacia ella no debe conducirnos ni el temor como tampoco la recompensa. No es justo quien pretende hacer con la justicia algo que va contra la misma justicia.

Y desde luego Séneca acertó de lleno cuando pronunció estas palabras; precisamente cuando el déspota Nerón había decidido pisotear y erradicar la justicia del Imperio Romano para satisfacer sus caprichos personales y avaricia.

Hoy no un Nerón sino una legión de déspotas son los que están pisoteando la justicia desde un monstruoso poliedro con tantas aristas y tan cortantes que al ciudadano ya no le queda más trabajo, sudor y sangre que derramar. No solo se castiga a quien ha trabajado o lleva trabajando honradamente toda su vida (pagando religiosamente sus impuestos) sino que se le persigue en el más allá. Una pavorosa caterva de legisladores que en vez de representarnos a los ciudadanos solo se representan a sí mismos a través de sus corruptos partidos dictan leyes a su antojo y capricho como hiciese Nerón atando a jueces y policías de forma que no puedan administrar justicia aunque quieran. Estas leyes animan a parásitos oportunistas desde que cualquiera pueda entrar impunemente en tu casa y te robe no ya lo que hay en la casa sino la casa entera, dejándote a ti desnudo en la calle, a que otros parásitos todavía peores te desvalijen después de muerto.

Desde los simples OKUPAS, a quienes la ley les permite toda clase de atropellos con tu propiedad y donde la policía y jueces se ven impotentes ante la obligación de defender al usurpador por encima de su legítimo propietario, hasta la persecución por parte del las Comunidades Autónomas (Autonosuyas), de ese mismo propietario después de muerto con un impuesto de sucesiones imposible de sumir por los herederos no existe mucha diferencia. Ambos son OKUPAS de la propiedad privada y ambos se aprovechan como parásitos del esfuerzo de quien la trabajó para conseguirla.

Unos okupan a sus víctimas en vida y otros tras la muerte. Te vas a comprar o trabajar y cuando vuelves alguien se te ha metido en casa y ya no puedes entrar porque la ley se la ha regalado al usurpador que te lo ha robado todo: continente y contenido. Y el ciudadano testigo de semejante monstruosidad respira cuando ve estos casos en tv y piensa…, esta vez no me ha tocado a mí… Pero al que le ha tocado le han robado su vida, su trabajo, su esfuerzo y si recupera algo se encuentra que ni el caballo de Atila hubiese logrado tanto destrozo y desolación en su propiedad y su alma.

Cuando el OKUPA abandona tu hogar ya no es hogar, ya es algo destruido, roto, sucio y violado. Y el OKUPA se va de rositas riéndose de los destrozos causados en el piso y por la suciedad dejada por todas partes. Sabe que la ley le protege y le garantiza plena impunidad, porque en caso contrario no se atreverían a hacerlo. El OKUPA hace bien en pisotear la propiedad privada porque la lección que nos están dando las leyes es bien clara: no trabajes, roba, vive del cuento; métete donde quieras que la justicia te protege. Pero, ¡ay del ciudadano honrado, probo y trabajador! Ese quedará mil veces maldito y pisoteado por una Ley que caerá con todo su peso sobre él: esa ley que protege a toda la escala que va desde el OKUPA hasta el más corrupto de los políticos. Para eso dictaron los políticos las leyes; para proteger a los suyos y a los de su calaña disfrazándolo todo de corrección política. Bienvenidos al nuevo socialismo trasformado en socialdemocracia, esa nueva forma de socialismo después de su fracaso en todos los experimentos históricos que abordó y que hizo sufrir a la humanidad durante el siglo pasado creando pobreza, miseria moral, miseria económica y miles de millones de muertos. Bienvenidos al populismo.

Esta tierra quemada tiene unos únicos responsables y son los que dictaron esas leyes que harían sonreír complacido al mismo Nerón. Una casta parasitaria que para conseguir sus objetivos solo tienen que esperar a que te mueras, y ese tránsito resulta inevitable afortunadamente, de momento, para todos. Con solo dejar correr el tiempo toda propiedad, toda riqueza, todo patrimonio pasará a sus manos hasta alcanzar un socialismo en estado puro con el Gran Hermano controlándolo todo: vidas, propiedades, haciendas, patrimonios, producción, mercados y sociedad. Será todo Estado porque los herederos se verán imposibilitados de pagar el coste de un impuesto que, a veces, excede el mismo valor de las propiedades. Todos moriremos y dejaremos nuestro esfuerzo a esa casta para que sigan, como Nerón, pisoteando la justicia. El sueño de Stalin, Hitler y Mussolini hecho realidad.

Las Comunidades Autónomas son la máquina mejor engrasada que poseen para crear miseria y poder de Estado. La casta parasitaria de las Comunidades Autónomas no dejan de ser OKUPAS, pero instalados en el Estado y desde allí ejercen el poder sin control alguno, invaden nuestra vida privada y nuestros hogares; y por supuesto, meten mano en nuestros bolsillos. Jamás en la historia de España lo privado estuvo tan agredido y se disfrutó de menos libertad. Jamás los españoles estuvieron tan ciegos creyéndose tan libres. La pesadilla socialista la tenemos encima y la han introducido poco a poco porque de hacerlo de golpe hubiese ardido Troya con los derechos que ya nos habíamos ganado hasta 1975, cuando se fue creando la clase media en España que hemos ido perdiendo desde la Transición. Y en esta España nuestra no solo tenemos una casta dedicada en cuerpo y alma al robo sistemático de la sociedad civil, sino que tenemos que multiplicarlo todo por 17, que son el número de Comunidades Autónomas que estamos manteniendo. Las castas parasitarias multiplicadas por 17 forman parte de ese poliedro monstruoso antes aludido con cada una de sus aristas cortantes. Un poliedro que va multiplicando sus aristas porque nuevas castas van añadiéndose a las antiguas con nuevos partidos que se suman a la orgía del sistema partitocrático.

Pero los medios ya nos están preparando para lo que va a ocurrir. A los OKUPAS los dejarán con sus derechos sobre la propiedad de los demás para que puedan arrasar a su gusto. A los gerifaltes de las Comunidades no les van a tocar ni un pelo, o mejor dicho; ellos no se van a tocar ni un pelo. Y si por casualidad derogasen el impuesto de sucesiones o lo ajustasen a límites razonables ya están avisando a través de sus medios de que ellos no van a renunciar a ningún gasto político; que ellos piensan seguir con su tren de vida Así que aumentarán los impuestos para que nada cambie porque de rebajar las comunidades, quitarlas y reducir así el gasto político nos podemos ir olvidando. Es decir, como no te van a robar después de muerto te robarán en vida con más saña. Y lo triste es que puede que sigan igual en ambas cosas.

Los hechos son los que son, no los que nos gustaría que fuesen: cuando no te quede sangre me tendrás que pagar en carne, como pretendía en el Mercader de Venecia el avaro Shylock para cobrarse una deuda. Qué bien retrató Shakespeare la naturaleza humana. Cómo se dieron cuenta los filósofos que nos avisaban de que al poder no se le podía dejar desbocado porque Nerón nunca murió y resucitaría de sus cenizas siempre que le diesen la oportunidad. "No es justo quien pretende hacer con la justicia algo que va contra la misma justicia", decía Séneca; pero eso no es algo que preocupe a nadie porque si preocupase no podrían hacerlo. Cabe la posibilidad de que ni siquiera muchos sean conscientes de ello.


























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