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El hijo de Pablo Escobar: "Mi padre trabajaba para la CIA"

Juan Pablo Escobar se encuentra en España para presentar su último libro, en el que revela las vinculaciones internacionales del cartel de Medellín



Pablo Emilio Escobar y su hijo, Juan Pablo Escobar, en los alrededores de la Casa Blanca.


Cuando apenas tenía 16 años, tuvo que enfrentarse a la encrucijada más grande de su vida. Su padre acababa de ser acribillado a balazos y el joven Juan Pablo Escobar amenazó a Colombia entera: “Yo solo los voy a matar a esos hijueputas”. Tan solo diez minutos duró el deseo de venganza. Llamó a los medios para retractarse, para dejar claro que sus declaraciones habían sido fruto del dolor. Tenía todas las papeletas para continuar la espiral de violencia que comenzó su padre: la contienda con el cartel de Cali, las bombas, los secuestros, los asesinatos de policías… Pero hoy, 23 años después de la muerte del narcotraficante más sanguinario, la promesa de Juan Pablo permanece intacta.

El hijo de Escobar acude a la entrevista de negro, como acostumbra, como si siguiese de luto por las miles de muertes. Habla pausado, y su tono permanece plano cuando explica los horrores que cometió su padre, el zar de la cocaína, el patrón, el rey de Medellín. Tuvo que cambiarse el nombre –a Juan Sebastián Marroquín– para entrar en Argentina, donde ahora vive, y tras años de silencio, comenzó a escribir.

Juan Pablo se encuentra en España para presentar su último libro ‘Pablo Escobar: lo que mi padre nunca me contó’ (Ed. Península), en el que recorre el complejo entramado de vinculaciones internacionales que tuvo el cartel de Medellín con el lado supuestamente bueno de la historia. Sus páginas sorprenden con revelaciones no exentas de polémica, como que su progenitor trabajaba para la CIA y que con la cocaína financiaban la lucha contra el comunismo en Centroamérica.

PREGUNTA. Aquellos 10 minutos marcaron un antes y un después en su vida. ¿Qué pasó por su mente?

RESPUESTA. Me di cuenta de que la venganza no me traería de vuelta a mi padre, que no tendría ningún propósito. Fue un momento revelador, en el que pude perdonar de manera exprés todos esos odios contra mí y a la vez abandonar definitivamente la idea de continuar la violencia. Eran tan oscuros, tan crueles esos pensamientos que me hicieron revivir con claridad la misma sensación de vacío de la que yo me quejaba; puede que fuéramos millonarios, pero vivir escondidos, huyendo, sin disfrutar, nos hacía sentir pobres, muy pobres. Para qué tener una mansión si nadie te está esperando. Al final decidí ser fiel a lo que siempre defendí: la paz. No hay más que ver las grabaciones de mi padre cuando se entregaba en la cárcel de La Catedral y hacía mención de su hijo pacifista de 14 años, es decir, yo.
(Ed. Península)

P. Escogió el camino recto.

R. Fíjate, qué paradoja, que hoy, 23 años después de su muerte, vivo amenazado por no haberme convertido en el Pablo Escobar 2.0. Curiosamente, me tratan de cobarde, cuando en realidad se necesita más valentía para no ser bandido, pudiendo serlo.

P. ¿Es difícil repudiar cada día al criminal convertido en mito?

R. Sí. Para mí y para todo el mundo. Está de moda: ahora hay más fans de Pablo Escobar que nunca. La gente habla de él, quiere ser como él y incluso resolver las cosas a su estilo. Te sorprendería la cantidad de comentarios que recibo en redes sociales de gente que me dice: “Aquí hace falta un Escobar que acabe con todos los políticos como hacía tu papá”, “tu padre es un berraco”, ¿qué puedo hacer para convertirme en él?”, y así todo, blablabla. Hablan con un desconocimiento atroz de la historia y sus consecuencias. Las series de televisión han inculcado una versión que no es real, una versión glorificada, y hacen mucho daño. No me opongo a que se cuenten las historias, pero sí a que se glorifique la actividad y a que se contribuya a la confusión.

'El patrón del mal' y 'Narcos' encubren a los grandes corruptos de Colombia y Estados Unidos. Son una oda a la corrupción

P. Visto así...¿considera a la ficción 'Narcos' irresponsable?

R. Totalmente. Les di la posibilidad de acceder a los archivos familiares sin restricciones y lo hice antes de que filmaran la primera temporada. Decidieron que yo como hijo no sabía nada y prefirieron comprarle la versión a la DEA, que sabía algunas cosas de mi padre, pero nunca se tomaron un café con él, y yo me tomé bastantes.

P. ¿Qué esconden estas series de ficción?

R. En 'El patrón del mal' no ves a ningún político demasiado corrupto o a ninguna institución democrática al servicio de Escobar, cuando lo estaban. En 'Narcos', todavía menos. Es evidente que el encubrimiento es hacia los grandes corruptos de Colombia y Estados Unidos. Estas series son una oda a la corrupción. La idea es representarlo lo más malvado y atractivo posible, y así no nos fijaremos en los malos que lo ayudaron a ser tan malo.

Foto: Miguel Sola

P. ¿Le preparó su padre para seguir sus pasos?

R. Mi padre me entrenó, sí, pero para defenderme de sus propios bandidos, porque él sabía que estaba criando cuervos y que, una vez él no estuviera, vendrían a sacarnos los ojos, como lo están queriendo hacer ahora públicamente. Si 23 años de intachable comportamiento no alcanzan para convencer a los incrédulos de que yo no soy un criminal, no sé qué otra cosa puedo hacer para persuadirles. Tendré que inmolarme para que me crean. A mí me tienen sin cuidado los dichos de los supuestos bandidos ahora convertidos en youtubers -se refiere a John Jairo Velásquez, alias Popeye- que están mal utilizando la historia de mi padre para alabar a la violencia.

P. ¿Qué tal han sentado tus libros en Colombia?

R. Netflix le ha dado un nuevo impulso a mi primer libro, que tiene ahora una segunda vida. En cambio, este segundo, como las revelaciones que hace son incómodas... Los medios se centran en entretener con la cantidad de animales que teníamos en la hacienda Nápoles (más de 1.500), que si comíamos en una vajilla de oro… y omiten a propósito que mi papá financió a por los menos dos campañas presidenciales, como la de Alfonso López. Te das cuenta de cómo los medios terminan siendo cómplices del 'establishment' y permanecen atornillados al poder.

P. Este nuevo libro revela que su padre trabajaba para la CIA.

R. En él se publica la fotografía que le costó la vida a Barry Seal, que no solo demostró que mi padre era un narcotraficante, sino con quién. ¿Qué estaba haciendo un agente de la CIA ahí? ¿Qué pintaba el funcionario del Gobierno sandinista? ¿Y qué hacían soldados nicaragüenses subiendo la droga a un avión que había sido propiedad de la CIA y que se lo había vendido a Escobar? Esos kilos aterrizaron en una base militar de Florida.

P. Y luego está la teoría de la familia Seal…

R. Un juez estadounidense denegó en tres ocasiones protección a Barry. La familia piensa que ese juez conspiró para desprotegerle a propósito y facilitar su posterior asesinato a manos de mi padre.

P. ¿Colaboraría su padre con la CIA aunque esta usase los fondos para combatir el comunismo en América Central?

R. Mi padre nunca se definió como comunista. En una entrevista con Yolanda Ruiz, mi padre dijo que no le gustaba que le encasillaran en ningún lado. Él apoyaba las buenas ideas, no de donde venían. La otra realidad que demuestra la fotografía es que nadie tiene ideología: todos son afines al dios dinero. Ahí estaban: la CIA queriendo juntar dinero para luchar contra los comunistas en América Central, los sandinistas recaudando dinero para defenderse y Escobar sirviéndoles a los dos.

Ni en sus más alegres y prósperos sueños Pablo Escobar mandaba la cantidad de droga que se mueve hoy en día

P. Usted habla de su padre como una parte del engranaje del gran negocio de las drogas. Cuando ya no era útil, le mataron. ¿No está representándolo como a una víctima?

R. En honor a la verdad hay que contar cómo mi padre llegó a obtener semejante cantidad de poder y dinero. Es, sin duda, gracias a las alianzas. Le mandó 92.000 kilos de cocaína a la DEA durante tres años y se embolsó 700 y pico millones de dólares, que le permitieron comprar voluntades, bandidos, financiar terrorismo y causas para su propio beneficio. Las palabras literales de mi padre fueron: "Terminamos trabajando con quienes nos perseguían". Más claro no canta un gallo. Esto mismo sucede hoy, 23 años después.

P. ¿Ha empeorado la guerra contra el narcotráfico en Colombia?

R. Compara cuántos kilos mandan los narcos hoy con los que mandaba Pablo Escobar. Ahora un cualquiera vende 4.000 y si le va bien, 30.000. Ni en sus más alegres y prósperos sueños mi padre mandaba la cantidad de droga que se mueve hoy en día. Y sigue habiendo un déficit de narcotraficantes y un superávit de consumidores. La realidad es que quienes han criticado a Colombia, son los que más droga mueven.

P. ¿Tiene solución?

R. Es una política internacional, prohibicionista y arcaica que viene de la década de los 30 y que aplicamos en el siglo XXI como si fuera la única vacuna. Cuando, en realidad, la verdadera arma para enfrentar el problema es la educación, no las ametralladoras.

P. ¿Y qué piensa sobre la legalización?

R. Prohibir es el mayor acto de irresponsabilidad del Estado. Con esto nos está diciendo: "Delincuentes, administren el negocio de las drogas, que yo no me quiero meter". Al declararlo ilegal, están garantizando la altísima rentabilidad del precio de las drogas. Y, con eso, se garantiza la financiación de la violencia. Es un círculo vicioso.
(Ed. Península)

P. El fin de ese círculo vicioso suele saldarse con sangre. Hay muchas teorías de cómo murió su padre...

R. Que si lo pisó un camión, que si le dispararon un misil desde EEUU... Todos dicen que lo mataron. Si le preguntas a la policía, fueron ellos. Si le preguntas a los gringos, fueron ellos. Si le preguntas a los Pepes, fueron los Pepes. Y esa última es la realidad. No es chisme. Mi padre se dejó encontrar a propósito. Nunca en su historia utilizó el teléfono tantas veces tanto tiempo como el 2 de diciembre de 1993, un hombre que toda la vida me educó para que yo jamás lo usara (porque era sinónimo de muerte). Ese fue el mayor acto de amor de mi padre: dejarse encontrar por sus enemigos, suicidarse antes de que le capturen y liberar así a su familia.

P. Ahora que eres padre, ¿cómo le explicarías quién fue su abuelo a tu hijo?

R. Todavía es pequeño, pero ya sabe quién es. No en su verdadera dimensión, pero en dos minutos le estaré contando todo lo que hizo bien y lo que hizo mal. Porque estoy seguro de que si viviera, le daría solo amor a mi hijo. Me parecería una gran injusticia hacia mi papá, que yo educara a mi hijo odiándolo a él. Estos libros son también para él, para las nuevas generaciones, para que no se repitan lo errores de mi padre.

Fuente El Confidencial

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