La crisis de la Restauración

Generación del 98
Iniciado el siglo, por tanto, determinados grupos sociales e instituciones buscan una solución a la crisis del sistema. Los intelectuales, agrupados en torno a la Generación del 98, emprenden una reflexión sobre el futuro de España. Algunos, como Joaquín Costa, señalan el origen del problema: la oligarquía y el caciquismo, graves lacras que deben superarse regenerando el país con fomento e instrucción. Las clases industriales catalanas y vascas, muy afectadas por la definitiva pérdida de las colonias y escépticas ante el futuro de España, se repliegan en la exaltación de su propia identidad. Los excluidos, obreros y jornaleros, piden participar y se afanan en fortalecer sus organizaciones.
Es el momento en el que surgen y se refuerzan los sindicatos y partidos socialistas, entre los que destacan la UGT y el Partido Socialista Obrero Español de Pablo Iglesias, y el movimiento anarquista. La Iglesia, que al calor del poder supo recuperar su posición privilegiada, es atacada desde distintos frentes: el Partido Liberal, en su deseo de marcar las diferencias con los conservadores, regresa a sus fueros anticlericales; socialistas y anarquistas la atacan como defensora de los intereses de la burguesía y portadora de sus principios; intelectuales como Galdós o Blasco Ibáñez critican su condición de rémora para el progreso. Los militares, en fin, humillados tras el desastre de las colonias y criticados por buena parte de la sociedad, reclaman el protagonismo perdido. Alejados en su momento del poder gracias a la habilidad de Cánovas, que a la vista de lo ocurrido hasta entonces consideró conveniente apartarlos, poco a poco consiguen, aumentando su presión, hacerse notar en la política nacional. La ocupación del norte de Marruecos, donde la Conferencia de Algeciras había favorecido en 1906 la presencia española, es la ocasión propicia para resarcirse de las deshonras y ofensas sufridas.

La Semana Trágica de Barcelona
Aunque el turno electoral sigue su curso, siendo Francisco Silvela y Antonio Maura los líderes más destacados por los conservadores, y José Canalejas y el conde de Romanones por los liberales, los Gobiernos son más breves y la situación política se hace más compleja e inestable. La ocupación de Marruecos, alentada por un Maura deseoso de recuperar el prestigio internacional, tendrá mayores dificultades de las inicialmente previstas. La cólera popular se desata en 1909, en la denominada Semana Trágica de Barcelona, al ser movilizados los reservistas tras una grave derrota en el Barranco del Lobo, en Marruecos. Los mismos sectores que empujan a la presencia colonial apoyándose en un exaltado discurso patriótico compran la exclusión del servicio militar para sus hijos. A la guerra son enviadas las clases humildes que no poseen recursos pero que, llegado este momento, tienen mayor capacidad movilizadora que nunca. La Semana Trágica, en la que se unen reivindicaciones de sociedades obreras y estallidos de feroz anticlericalismo, culmina con la intervención del ejército y un centenar de muertos. El posterior fusilamiento del anarquista Francisco Ferrer Guardia, chivo expiatorio sometido a un irregular proceso, trae consigo lo único que faltaba, el descrédito internacional.      historiaespana.es

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