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¿¡ Qué es eso de una utopía !?, por @Parnasillo

Los hombres de nuestros días tienen más elementos de juicio y visión científica para definir las coordenadas de una verdadera democracia que los de hace, digamos, dos siglos. Toda verdadera democracia requiere que los poderes legislativo y ejecutivo estén no solo separados sino enfrentados y vigilándose entre sí. También es posible buscar métodos para que el deseo del pueblo sea obligatoriamente recogido por los legisladores de forma que la sociedad civil esté representada; es decir, que el legislador esté presente físicamente por ese ciudadano y no haga lo que le dé la gana, sino lo que el ciudadano quiere. Por otra parte, tenemos el poder judicial que políticamente es casi nulo: todo tal como apuntaba Montesquieu. Esas son las reglas de la democracia formal con las que queremos jugar: reglas ocultadas por los medios a los ciudadanos de Europa. Esas normas no son ideológicas sino que su finalidad es alcanzar la mayor felicidad posible para la mayor cantidad de ciudadanos posibles.

Las normas de la democracia formal permiten objetivos prácticos y no quimeras. El método se autoregula ya que es también el mismo ciudadano quien se da cuenta que la ha pifiado y no volverá a proponer lo que sea que haya propuesto: tendrá más cuidado con los deseos porque los deseos se consiguen. Así, en una democracia formal todos vamos aprendiendo poco a poco sobre lo que deseamos y el precio a pagar es duro ya qque existe una corresponsabilidad con los políticos que con otros sistemas de gobiernos no existen. En democracia lo que deseas es que lo consigues y puedes salir trasquilado. Esa es una responsabilidad con la que tendremos que lidiar y de ahí el miedo a la libertad: sanidad para todo el que llegue de fuera y por la cara..., por ejemplo. Bueno..., vale; pero luego, al pagar la factura de otro que jamás ha puesto ni piensa poner un céntimo, no te quejes...

Las quimeras quedan para las ideologías como las de Podemos y secesionistas; los que quieren meter refugiados a casa nostra, es decir, en nuestra casa. Esos buenistas jamás dicen a casa meva; es decir, en mi casa. Un pobre idealista está condenado de antemano a arrastrar una vida de frustración: toda una cadena perpetua sin permisos domiciliarios. El motivo es evidente; las ideologías no dejan de ser utopías: es decir, lugares que no existen en este universo. Las ideologías no se pueden alcanzar nunca y el idealista anda siempre perdido y enfadado con el mundo.

A pesar de la coincidencia con la idea del ciudadano perfecto gracias a la ciudad perfecta de la República de Platón, fue Santo Tomás Moro quien planteó, por primera vez, el concepto de u-topos, es decir; en ningún lugar. El autor de Utopía, Tomás Moro, fue ministro del rey Enrique VIII de Inglaterra y ejecutado por este soberano al no doblegarse ante los deseos del monarca que ordenó la escisión con la Iglesia Católica. Enrique impulsó una reforma religiosa para dar vía libre a sus apetitos carnales y de poder (ver 1ª temporada Los Tudor, serie de TV).

El rey Enrique pasó de ser nombrado Defensor de la Fe Católica por el Papa León X (1521) a quedar excomulgado y considerado hereje por el Papa Pablo III, al nombrarse a sí mismo Jefe Supremo de la Iglesia Anglicana y romper con Roma. Tomás Moro no aceptó el cambio de fe que su monarca le imponía y fue ejecutado por ello; y más tarde, santificado por el sacrificio que hizo por su fe.

Lo que intenta describir Tomas Moro en su Utopía es la ciudad y la sociedad perfecta. Una novelita escrita en latín (la lengua franca del s XVI) que empieza en forma epistolar intercambiando correspondencia con un tal Giles. Giles y More son personajes reales que entran dentro de la trama novelesca a través de las cartas que se intercambian y donde se nombra, como si fuese real, al personaje ficticio de Hythloday. Hythloday guía a Moro en su viaje turístico por la isla de Utopía. El mismo nombre de Hythloday significa vendedor de cuentos sin sentido. Hythloday le trae buenas noticias a Moro sobre una isla donde existe una sociedad ideal que es la que se describe en Utopía. Aunque el nombre de la isla no existe y el lugar mucho menos (Utopia=ningún lugar), Hythloday es muy dogmático en sus opiniones: pasa del sentido común al ridículo con una facilidad sorprendente y todo lo de Utopía le parece bien; esté cargado de sentido común o sea el más completo de los disparates, que de todo hay. Incluso hay ocasiones en las que se contradice. Juzguen Vds. con este pequeño extracto:

"La Ciudad se compone de familias basadas en el parentesco. Las mujeres, al casarse, van a la casa de sus maridos, formando parte de la nueva familia. Los hijos y los nietos varones viven en la familia bajo el gobierno y la obediencia del más anciano, y cuando la edad y los achaques lo exigen, le sucede el que le sigue en edad.

Para que no falte población en la Ciudad, y para que no aumente en demasía, tienen ordenado que ninguna de las 6.000 familias que integran la Ciudad pueda sustentar menos de diez menores ni más de 16. En cuanto a los adultos no hay ningún tope determinado.

Esto se logra pasando los niños que sobran de una familia a otra que les falten, para formar su cómputo. Si alguna vez se multiplican más de lo determinado y justo, con los que sobran se compensan las zonas despobladas de otras ciudades. Si en algún caso en toda la isla hay excesiva muchedumbre de moradores, hacen un padrón y en el continente fundan colonias sujetas a sus mismas leyes, convidando a los naturales de aquella tierra a que vivan en su compañía, si tienen gusto en ello". Extracto de Utopía

Tras estas pinceladas sobre el concepto de utopía, podemos contraponer las visiones de Hythloday a la realidad; que resultó ser, al fin y al cabo, la verdadera intención de Tomás Moro. Igual que Cervantes acaba con los libros de caballería con un libro de caballería, Tomás Moro acaba con las utopias con una novela de utopías.

Cuando pensamos en clave de ideología política podemos hablar sin fundamento lo primero que se nos ocurra, algo parecido a una conversación esporádica de bar. Pero cuando lo hacemos, es como querer construir un avión con lo primero que se nos ocurra. Desde aquellos duros principios de la aviación pasando por el primer vuelo de los hermanos Wright hasta llegar a la moderna ingeniería de vuelos supersónicos y espaciales hay un abismo. No podemos diseñar un avión diciendo cuatro tonterías en un bar, como tampoco se pueden dar con soluciones serias a los problemas políticos de la misma manera tal como hacen los demagogos y populistas. De ahí el peligro de Podemos o los nacionalistas. Podemos inventarnos lo que queramos, pero la realidad se impondrá y entonces siempre buscarán chivos expiatorios por sus errores.

Esa es la zanahoria que ponen muchos políticos ante la población en sus discursos; y por eso ya dijo uno de ellos que los programas electorales se hacían para no cumplirse. Gran verdad: son pura utopía, y si hay un tonto que se le ocurre llevar a cabo la utopía resulta al final en un auténtico desastre: se me ocurre regalarle un ordenador a cada niño, o un coche a cada ama de casa y un sueldo para que vayan a comprar. Porque ante toda propuesta utópica subyace una terrible tormenta: ¿quién la paga? Populismo y utopías van siempre de la mano, sobre todo en periodos electorales.

El esfuerzo de los grandes genios y pensadores que nos precedieron no puede quedar en saco roto. No partimos de cero. Por ello, el experimento de la primera democracia del mundo legisló sobre la obligatoriedad inexcusable de la escolarización para todos los niños de lo que serían después los Estados Unidos, incluso antes de su fundación. Por eso la instrucción, que no la educación (ese terreno es de la familia) es tan importante: para que no construyamos aviones en la barra de un bar. Para que no nos quedemos contemplando nubes esperando que nos resuelvan los problemas: eso es para tontos que crean en utopías. Para que no podamos ser fácilmente engañados por los poderosos: La República de Platón, Leviatán, el Principe, El Segundo Tratado de Locke, El Espiritu de las Leyes de Montesquieu, El Discurso de Rousseau, El Contrato Social, La Democracia en América de Tocqueville y cómo no: Utopía entre otros, deben ser de lectura obligatoria en Bachillerato y algo hay que explicarles a los chavales de la ESO. Por lo menos que lean y se comente algún pasaje bien escogido..., para evitar conversaciones utópicas y que no nos engañen. Para que tengamos suficiente bagaje intelectual con el que exigir algo muy sencillo con lo que hemos empezado el texto: una democracia formal

i El título fue concedido en reconocimiento al libro escrito por Enrique, Assertio Septem Sacramentorum (Defensa de los siete sacramentos), que defendía el carácter sacramental del matrimonio y la supremacía del Papa, que fue visto como una importante muestra de oposición importante a las primeras etapas de la Reforma Protestante, especialmente a las ideas de Martín Lutero.

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