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¿Sabes quién era Juanelo Turriano?




  
 
Ingeniero español, nacido en Cremona (Italia) en 1500 y muerto en Toledo en 1585.

Entró en relación con Carlos I en 1530, cuando éste fue coronado emperador en Bolonia. Regalaron entonces al monarca el famoso astrarium o reloj astronómico que Giovanni de Donde había construido en 1364. El aparato estaba estropeado y varios mecánicos no consiguieron repararlo. Turriano, consultado también con este motivo, opinó que era una tarea irrealizable pero ofreció construir otro nuevo. Aceptado el ofrecimiento por Carlos I, "tardó, como él me ha dicho -afirma el cronista Ambrosio de Morales- en imaginarlo veinte años enteros, y de la gran vehemencia y embebecimiento del considerar, enfermó dos veces", mientras que la construcción la terminó en tres años. "Tiene el reloj todo -sigue diciendo Morales- mil y ochocientas rudas sin otras muchas cosos de hierro y latón... Preguntóle el emperador qué había de escribir en el reloj, él respondió que esto: Ianelius Turrianus Cremonensis horologiorum architectus. Parando él aquí, añadió Su Majestad: facile princeps." Esta anécdota recogida por el cronista refleja el gran apreció que Carlos I tuvo por Turriano, quien continuó a su servicio hasta la muerte del monarca en Yuste. Le acompañó a su retiro en dicho monasterio, donde el soberano acudía diariamente a su taller para ayudarle en la construcción de sus máquinas e instrumentos. En 1558, Turriano continuó al servicio de Felipe II, y pasó de su primitivo cargo de "relojero" a ostentar el título de "matemático mayor".

Turriano desarrolló una sobresaliente actividad en relación con muy diversos "ingenios" y "artificios". Construyó relojes y autómatas, uno de los cuales parece que se conserva en el Kunsthistorisches Museum de Viena. Este aspecto de su obra impresionó vivamente la imaginación popular y, durante mucho tiempo, la tradición habló de su "hombre de palo", autómata que, según Ponz, desde su casa en Toledo "iba a la del arzobispo donde tomaba la ración de pan y carne, haciendo varias cortesías al ir y al volver". Inventó también varias máquinas, entre ellas "un molino de hierro tan pequeño que se pude llevar en la manga y muele más de dos celemines de trigo al día, moviéndose él a sí mismo". En su diseño y construcción participó personalmente Carlos I durante sus últimos días en Yuste, y al emperador le ilusionaba la importancia que tendría su aplicación al abastecimiento de las tropas en plena campaña. En la conocida obra de Ramelli Le diverse et artificiose machine (1588) figura un molino de este tipo, que probablemente es el de Turriano, o al menos inspirado en él.

El aspecto más importante de la actividad de Turriano fue, sin embargo, la ingeniería hidráulica. Participó en empresas como el canal de Colmenar o el gran pantano de Tibi y, sobre todo, construyó el "artificio" para elevar el agua del Tajo a la ciudad de Toledo, sin duda la más famosa obra de ingeniería de la centuria. Hizo previamente "su modelo en pequeñita forma" y acabó la construcción de un primer "artificio" a mediados de 1569. Cinco años más tarde firmó un nuevo convenio para elevar mayor caudal de agua, terminando un segundo "artificio" en 1581. Morales describe la máquina en los siguientes términos: "La suma de ella es engoznar unos maderos pequeños en cruz por en medio y por los extremos... estando todo así encadenado, al moverse los dos primeros maderos junto al río se mueven todos los demás." La energía necesaria procedía de una rueda de paletas movida por la corriente del río. Se calcula que fue capaz de elevar durante casi un siglo 16.000 litros de agua diarios desde una distancia de 600 metros a una altura de casi cien.

Poco antes de iniciar sus trabajos para el "artificio" toledano, Turriano terminó, al parecer, el tratado que lleva el título de Los veynte y un libros de los ingenios y máquinas de Juanelo, desde que Juan Gómez de Mora, arquitecto mayor de Felipe III y Felipe IV, ordenó el manuscrito a mediados del siglo XVII. Se trata de cinco volúmenes en folio, con más de novecientas páginas, que incluyen muchos centenares de dibujos de elevada calidad técnica y artística y sus explicaciones en un castellano entrecortado y lleno de italianismo. Su tema central es la ingeniería hidráulica, pero en torno al mismo se tratan otras muchas materias. Los dos primeros volúmenes se ocupan de las técnicas para hallar agua, de los betunes y cementos utilizados en las conducciones, de los acueductos, de las fuentes, cisternas y aljibes, etc.

El tercer volumen es una completa exposición acerca de los molinos, especialmente hidráulicos, pero también de viento o movidos por animales, y detalla sus aplicaciones de todo tipo: fabricación de harina, azúcar y aceite, descascarillado del arroz, preparación de la pólvora, batanes, etc. Contiene también este volumen uno de los escasos estudios de la época sobre técnicas industriales químicas y textiles, como la obtención de ceras y almidón, sal, nitro y alumbre, o el lavado y el tintado de las lanas.

El tema de volumen cuarto es la construcción de puentes de todas clases, así como de la forma de cortar la madera y la piedra, fabricación de mortero y yeso y técnicas para manejar y transportar grandes pesos. El quino, por último, se ocupa de la construcción y defensa de los puertos, así como de algunos problemas relacionados con el trabajo y la inmersión debajo del agua.

Reti ha subrayado que los diseños de Turriano incluyen medidas y cálculos de rendimiento, en contraste con los proyectos imaginativos e irrealizables que ocupan buena aparte de la literatura técnica de la época, incluidos los célebre libros de Jacques Besson y Agostino Ramelli. Se refiere a "ingenios" y máquinas reales y no a pretendidos inventos nuevos y espectaculares, por lo que el tratado, en opinión de Reti, es "una revisión casi completa de las artes mecánicas conforme eran conocidas y practicadas en el siglo XVI... que ofrece numerosos detalles sobre operaciones técnicas acerca de las cuales no existe hoy ninguna otra información disponible". Ello no quiere decir que no incluya también aportaciones personales. Reti, que se ha interesado especialmente por las turbinas hidráulicas horizontales, destaca dos diseños suyos: el "molino de bomba", con una rueda de cinco o seis hojas helicoidales que funciona en el interior de un cilindro. Sus rendimientos eran semejantes o superiores a los mejores molinos de viento modernos. Reti afirma asimismo que "la cinemática práctica de Juanelo era más avanzada y racional que la de cualquiera de sus contemporáneos", y cita expresamente a Vanoccio Biringuccio, Georgius Agricola, Jacques Besson, Agostino Ramelli y Girolamo Cardano. Este último, por cierto, cita en De subtilitate (1550) a Turriano, como "hombre de gran ingenio en todas las cosas que se refieren a las máquinas".

El manuscrito de Turriano no fue publicado en su tiempo quizá porque muchos de los materiales que contenía, recogidos desde un puesto con el respaldo del poder real, fueron considerados confidenciales. A finales del siglo XVIII se proyectó una edición por recomendación del matemático y físico Benito Bails, que no llegó a aparecer. Tampoco se ha publicado la traducción inglesa anotada que Reti y el profesor británico Alex Keller anunciaron hace unos años, quizá por la dedicación del primero al estudio de los códices madrileños de Leonardo da Vinci durante la época inmediatamente anterior a su muerte. El análisis de la obra es realizado por J. A. García Diego, que ha publicado, entre otros trabajos, un estudio sobre su "libro" acerca de las presas. En él plantea la cuestión de si el autor fue realmente Turriano. Sus dudas parten del informe de Bails y se apoyan en diversos detalles del contenido del manuscrito que también llamaron la atención de Reti antes de su fallecimiento.

Aunque Turriano era un "mecánico" sin estudios académicos, se preciaban a tener una buena preparación científica, sobre todo en cosmografía y matemáticas. Colaboró en las observaciones de los eclipses de 1577 organizadas por Juan López de Velasco, y se ocupó de modo particular en las cuestiones relacionadas con el calendario. No solamente adaptó su astrarium a los nuevos cómputos, sino que fue uno de los numerosos científicos que en España contribuyeron a la reforma gregoriana. Juan de Herrera tenía en su biblioteca dos manuscritos suyos sobre el tema, titulado el primero Discurso sobre la nueva reformación del año, y el segundo redactado en italiano, así como otro acerca del astrolabio o "planisferio", que recientemente ha localizado García Diego.

Fuente: Texto extraído de Mcnbiografías...

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