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Qué votan, cómo, las listas... Guía para no perderse en la guerra de Vistalegre II

El futuro de Podemos se decidirá en un proceso congresual que se prolongará más allá de Vistalegre. Estas son las claves para abordar la asamblea ciudadana y el futuro del partido.




La asamblea ciudadana de Vistalegre II, el congreso de Podemos, ha condicionado la vida interna del partido durante los dos últimos meses. Los acontecimientos se han precipitado a pasos acelerados desde que Pablo Iglesias propuso como fecha para su celebración los días 10 y 11 de febrero. Una sucesión de capítulos y titulares alimentados por traiciones, conspiraciones, renuncias, cruce de acusaciones, puñaladas, máquina del fango y, sobre todo, tensión, mucha tensión. Aun siguiendo la secuencia de los hechos, es fácil perderse ante tanta saturación informativa y giros de guion, e incluso acabar desviando el foco de atención de lo que está en juego. He aquí una guía con las principales claves para intentar descifrar este proceso interno y no morir en el intento.
El carácter extraordinario del congreso

Las asambleas ciudadanas, según recogen los estatutos, se convocan de manera ordinaria cada tres años. Un plazo que se cumpliría el próximo mes de noviembre, pero Pablo Iglesias decidió adelantarla, con el aval del consejo ciudadano, celebrando así una asamblea extraordinaria para saldar unas diferencias en el seno de la ejecutiva que venían manifestándose tras el 20-D y que se acrecentaron después del 26-J.

La división interna que venía produciéndose de forma soterrada se comenzó a visibilizar públicamente, se extendió desde Madrid al resto de territorios y la única vía de escape para reconducir el proyecto era renovar sus órganos y decidir su hoja de ruta en un congreso. El argumento compartido por todos los sectores fue que, una vez superado el ciclo de elecciones, la denominada “máquina de guerra electoral” debía ser enterrada para readaptar la estrategia al nuevo contexto político. De ahí que el entorno de Iglesias se refiera a Vistalegre II como un congreso de refundación y los errejonistas lo definan como un congreso constituyente.

Quién se enfrenta a quién y cómo

Las principales candidaturas que miden sus fuerzas son las lideradas por Pablo Iglesias, con un proyecto denominado 'Podemos para todas', y por Íñigo Errejón, que encabeza el equipo 'Recuperar la ilusión'. Ambos son los números uno de sus respectivas listas para el consejo ciudadano estatal (CCE), el máximo órgano de decisión entre asambleas. Se elegirán 62 representantes, más otros cuatro a propuesta de los círculos.

En la consulta sobre el sistema electoral de Vistalegre II celebrada entre las bases el pasado mes de diciembre, los resultados fueron muy ajustados: la propuesta de Iglesias recibió el 41,57% de los sufragios y la de Errejón el 39,12%. Los anticapitalistas son el tercer sector en liza, que recabó un 10,5% de los apoyos en dicha consulta. Existen otras dos listas minoritarias y parciales, alejadas del epicentro del poder en Madrid, que se denominan 'Lista blanca' y 'Podemos en equipo'.

Los más de 450.000 inscritos en la formación podrán ejercer su derecho a voto, de forma telemática, entre los días 4 y 11 de febrero hasta las 14:00 horas. Los cuatro representantes de los círculos se votarán de manera presencial, durante el desarrollo del congreso presencial, o con voto por correo para aquellos miembros de estas estructuras del partido que no puedan acudir al cónclave que se celebrará en el Palacio de Vistalegre de Madrid.

¿Y la secretaría general?

El número dos del partido ha rechazado presentar su candidatura a la secretaría general, que se voto por separado. Pablo Iglesias opta a la reelección, pero la novedad es que además de su candidatura a la secretaría general se ha presentado también para conseguir un asiento en el CCE. Por dos motivos. El primero, porque pretende dimitir si finalmente se impone el proyecto de Errejón, con lo cual se asegura al menos un asiento en la ejecutiva. El segundo, para evitar una guerra asimétrica, pues ha enmarcado el cónclave, tras el fracaso de las negociaciones para llegar a un pacto, como una lucha “entre dos equipos, dos ideas y dos liderazgos”. O Iglesias o Errejón. La polarización es máxima.



Las votaciones para el CCE serán las más determinantes, aunque a Iglesias le ha salido otro rival para la secretaría general. Se trata del diputado andaluz Juan Moreno Yagüe, quien ha admitido que su pretensión no es otra que visibilizar sus ideas políticas y sus propuestas. Tanto los votos que obtenga esta candidatura independiente como la abstención que pueda producirse en la elección de la secretaría general servirán como termómetro para medir el porcentaje de rechazo interno al liderazgo de Iglesias, puesto que los errejonistas aseguran que no lo cuestionan y abogan porque sea Iglesias el máximo dirigente. Otra cuestión será si le dan su apoyo, se abstienen u optan por Moreno Yagüe. Los 'anticapis' sí pedirán 'a priori' el voto para Iglesias, aunque la coordinadora andaluza Teresa Rodríguez dio su aval al diputado andaluz para que pudiese presentarse.


Qué distintas ideas políticas se votan

El debate de los nombres, una vez más, oculta el debate de las ideas. Lo que verdaderamente está en juego es la línea política que seguirá la formación durante los próximos tres años, si bien las diferentes posturas están asociadas a las listas. De hecho, la posibilidad de votar o no por separado documentos y candidaturas fue el germen de la disputa entre oficialistas y errejonistas que desembocó en la consulta de diciembre.

Con riesgo de caer en los reduccionismos o la caricatura, las principales diferencias entre los documentos de Iglesias y Errejón son si priorizar la lucha en la calle o hacerlo en las instituciones, promover un programa centrado en medidas rupturistas o por el contrario mantener una línea reformista, mantener autonomía institucional con respecto al PSOE o servir de muleta frente al PP, junto a todo lo que se deriva de estos ejes estratégicos: practicar la desobediencia institucional o buscar la normalidad, ser más o menos hostiles, alimentar el conflicto como herramienta del cambio o evitarlo por miedo a perder apoyos en el centro ideológico.

En lo organizativo, las diferencias son menores, si bien los errejonistas ponen en el punto de mira la capacidad de Iglesias para convocar consultas a las bases, mientras que los pablistas hacen lo propio con la estrategia de Errejón reacia a impulsar la unidad popular. En definitiva, la apuesta de Iglesias pasa por girar más hacia la radicalización y la de su número dos hacia la moderación del proyecto, tendiendo puentes con los socialistas.

El sector anticapitalista mantiene intactos los principios políticos y organizativos que ya defendió en el congreso fundacional. Iglesias se ha acercado más a su línea, pero han optado por presentar sus propias propuestas y candidatos con el objetivo de poder visibilizar sus ideas sin las concesiones propias del consenso. Así pues, ponen sobre la mesa un ambicioso proyecto de transformación social, sin huir de reivindicaciones menos transversales como la auditoría ciudadana de la deuda, las colectivizaciones o “gestión colectiva de los bienes comunes”, la renta básica universal, el impulso a un proceso constituyente que supere el 'régimen del 78', la creación de un bloque social y político contrahegemónico... Todo ello volviendo a “colocar en el centro” la lucha de clases.

Qué ocurrirá después: pactos o retiradas

El verdadero partido se producirá después del congreso presencial. Sin mayorías aplastantes para ningún sector, como todo parece indicar, los distintos equipos deberán negociar 'a posteriori' en función de las cuotas que consigan en el consejo ciudadano estatal. Si se impone el sector de Iglesias, aunque sea por la mínima, se mantendrá al frente de la secretaría general, tratará de buscar acuerdos con los 'anticapis', que se convertirían en la llavepara darle la mayoría en el órgano, y trataría de forzar una dirección integradora, según ha reiterado en diversas ocasiones. El eurodiputado de anticapis, Miguel Urbán, asumirá al menos una secretaría, relacionada con su trabajo en la Eurocámara, los errejonistas conservarían varias de las que ya tienen e Íñigo Errejón mantendría sus responsabilidades.


Si se impone el sector de Errejón, aunque sea por la mínima, Iglesias abandonaría la secretaría política y se pondría a disposición del equipo ganador. El número dos no ha desvelado sus intenciones sobre la composición de su ejecutiva —actualmente controla la mayor parte de las secretarías y áreas del consejo ciudadano—, pero tendría que convocar nuevas elecciones para la secretaría general. En este caso estaría abocado a presentarse para liderar el proyecto formalmente. Todo estaría abierto.

Si Errejón se impone por la mínima, la dirección sería más líquida, puesto que mantiene notables diferencias con los 'anticapis' en lo político y en lo estratégico, pero tiene más coincidencias en cuestiones organizativas. El sector liderado por Urbán, una vez más, sería la llave para desequilibrar las votaciones hacia uno u otro sector.

La creciente polarización interna y la ruptura total entre Iglesias y Errejón, tanto en lo político como en lo afectivo, no anticipan posibilidades de reconciliación en el horizonte. Las renuncias o incluso las escisiones no son descartables. Esta misma semana daba un paso atrás Carolina Bescansa, junto con el responsable económico Nacho Álvarez, aunque en el caso de la diputada con la intención de convertirse en mediadora para los pactos posteriores a Vistalegre II en el seno del CCE. Asimismo, el también fundador del partido y exsecretario geneal en Madrid, Luis Alegre, se daba de baja de la formación.

El fantasma de la escisión se dejará sentir más durante la campaña, puesto que ya se están colocando mensajes referentes a las hipotéticas purgas o, en palabras del diputado errejonista en la Asamblea de Madrid, Eduardo Rubiño,“rodillos” que supuestamente pasarían contra ellos los pablistas. Las 'broncas' en público tampoco vaticinan demasiadas posibilidades de entendimiento. Los antecedentes de los relevos producidos en Madrid, siguiendo las lógicas organizativas según las cuales los líderes se rodean de sus equipos de confianza, también apuntan hacia esta dirección. Todo está en el aire, pero el hecho de que la mayoría de dirigentes enfrentados cuentan con cargos públicos, al menos hasta 2019 en el caso de los municipales y autonómicos, y hasta el 2020 en el de los estatales, reduce las posibilidades de escisión.

¿Y durante el congreso presencial?

La cita del próximo fin de semana se convertirá en una mera escenificación de la participación democrática, pues las urnas estarán ya cerradas a excepción de las destinadas a elegir representantes de los círculos y a una batería de resoluciones políticas. La formación intentará asimismo buscar la polarización con el PP y presentarse como alternativa, motivo por el que se hizo coincidir la fecha del congreso con el de los populares, según remarcó en su momento el secretario general. Una gala televisada en la que incluso se ha barajado no proporcionar los resultados de las elecciones al CCE ante la posibilidad de que algún desencuentro rompa la 'magia'. El partido de ida se disputa esta semana y el de vuelta tras conocerse los resultados, momento en el que se desarrollarán las negociaciones para el reparto del poder interno en base a los nuevos equilibrios.

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