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Patxi López rescata al “fontanero” que allanará el pacto con Susana Díaz

La ambición política suele ser demasiado tentadora como para detenerse en minucias. El ex lehendakari aspira a salir en una lucrativa foto finish. Alguien va a quedar fuera de juego.


Entró como un vendaval en la carrera para liderar el PSOE. Lo hizo antes que nadie en el intento de transmitir armas para dar la batalla y, quizá, de sonar la flauta, hasta para ganarla. Era improbable que alcanzase la Secretaría General, pero Patxi López tenía un papel bonito: Reconvertir el sanchismo del “no es no”, además de una masa de anti-susanistas, al patxismo del “sí es sí”, e incluso lo interpretó bien… durante una semana. 

López corre el riesgo de encaminarse hacia la disolución como un azucarillo en el río revuelto socialista. El primer paso hacia esa disolución se lo ha dado el regreso de Pedro Sánchez. Como único candidato declarado, Patxi resultó alguien especial; con Pedro lanzado y, en espera de Susana Díaz, es el último de la fila. Las primarias hay que jugarlas, cierto, pero López arrastra además sobre sus anchas espaldas demasiados sambenitos difundidos hasta la saciedad por sus enemigos. 

Los suyos pesan cual losa y, a pesar de contar con un amplio reconocimiento en el PSOE, incluyen los de “traidor”, “maquinador” o “profesional del poder”. Y, por si faltase algo, en los círculos internos socialistas se sospecha que el recorrido del ex lehendakari viene marcado por la búsqueda de un reparto de cargos con la presidenta de la Junta de Andalucía. En el fondo, el talante conciliador de sus continuas llamadas a la “unidad” y la “integración” viene a reconocer esas intenciones.

Del desenlace de cada Congreso Federal debería estar en la esencia de los socialistas una rápida recomposición del partido. Cierto. Alfredo Pérez Rubalcaba se limitó a cerrarle el paso a su competidora Carme Chacón, pero en cambio José Luis Rodríguez Zapatero sí logró sumar a José Bono. Claro que el panorama de fractura interna estaba lejos de ser el actual. Sea como fuere, el tono de cada intervención de Patxi López deja en evidencia la disposición, después de las primarias, a convertirse en la muleta de Susana Díaz

A tal fin, entre los entendidos en los intríngulis socialistas se les llena la boca con el fichaje por Patxi del rubalcabista José Enrique Serrano. Considerado el negociador entre los negociadores, ex jefe de los “fontaneros” de todos los presidentes del Gobierno del PSOE, su discreción ha contribuido a agrandar su leyenda. Nadie le niega además en el partido que es una de las personas con más influencia entre dirigentes tan dispares como Rubalcaba o Sánchez

Entre las últimas misiones encomendadas a Serrano estuvo sondear al PP para saber si cabía la posibilidad de su abstención en la investidura de Pedro Sánchez como presidente. Ahora, José Enrique Serrano es señalado como un personaje clave en el plan de Patxi López de lograr cabida para él y los suyos – ¿incluyendo a los César Luena u Óscar López? - en una cúpula encabezada por Susana Díaz respetando la proporción del voto expresado por las bases. Será cuestión de tiempo comprobarlo.



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