El juicio de Mas demuestra que España no existía antes de la Constitución, Editorial de El Diestro

Edición de El Diestro
Si alguien entiende algo de este juicio a Arturo Mas, Irene Rigau y Juana Ortega, que levante el dedo y nos lo explique. Está visto que el valiente Mas solo se crece cuando se ve arropado por la masa, como ha demostrado con su fanfarronería circense ante los micrófonos y antes de presentarse ante el tribunal, durante esa especie de recorrido procesionario de Semana Santa que realizó con estaciones, paradas y saetas incluidas. Todo un circo “espontáneo” de penitentes; porque espontáneamente aparecieron los autocares que llevaron de paseo a Barcelona a toda esa gente que le arropó, espontáneamente se pagaron y organizaron esos autocares con dinero espontáneo, espontáneamente tuvieron un día “espontáneo de fiesta” los funcionarios que formaron parte del acto, voluntariamente o no; y espontáneamente los asistentes y penitentes concurrieron a formar parte de una calculada escenificación, que para el circo sí que hay dinero en Cataluña. Entre los asistentes, seguramente, muchos estómagos agradecidos por el temor de perder sus chollos si no hacían acto de presencia en la procesión penitente con Mas como maestro de ceremonias.


Después, aparece Arturo Mas, con su brillante armadura, tarde y mal en el juzgado para ser tratado por la justicia con un mimo exquisito; ya que no quiero imaginar qué le pasaría a cualquier españolito si llegara tarde a su juicio y má ante un tribunal de semejante importancia. Pues bien, aparece Mas junto a sus dos acompañantes; y la imagen que captan los periódicos del trio de acusados vale mas que mil palabras. Al final, vemos a los tres sentados en el banquillo de los acusados como tres mininos; pero, ¿acusados de qué? He ahí la cuestión.

Primero, deberíamos hablar de las palabras que los doctrinarios catalanes se han inventado para esconder sus maldades. Son palabras que los ideólogos secesionistas se han sacado de la chistera para confundir al personal no nombrando las cosas tal como de verdad son, muy al uso de cualquier socialdemocracia que se precie: palabras tales como "problema catalán, proceso, soberanismo o desconexión"; así que vamos a exponer parte de este nudo gordiano que los secesionistas le han montado a la justicia en connivencia con la cobardía de los políticos y del gobierno. Y lo defino como un nudo gordiano porque todos sabemos de qué forma Alejandro Magno resolvió el enigma del nudo  cortándolo de un tajo con su espada: se acabó el nudo que nadie sabía deshacer.

En primer lugar, la primera confusión la plantean los secesionistas con el término soberanismo; porque, ¿un soberanismo de qué? Lo más apropiado sería que en vez de soberanismo le llamaran sedición y santas pascuas. Es decir, cuando nos hablen de soberanismo sabremos que se refieren a una sedición, que parece ser que por estas tierras de España no constituye delito alguno. En segundo lugar, ¿por qué le llaman proceso cuando simplemente pueden llamarlo secesión? La Generalidad, que forma parte del Estado Español pagada por el Estado quiere separarse del Estado como si a un iceberg le desgajaran un buen trozo. En definitiva, un trozo del Estado quiere desgajarse y ya está. Así que lo del “proceso” no viene a cuento para nada. Cuando nos hablen de proceso sabremos que se refieren a secesión, y punto.

Después, hay otra cuestión con el soberanismo ¿Pero es que vivimos en la Edad Media? ¿Será que Mas en su calenturienta imaginación, o algo, el muy campeón se cree soberano de algún cortijo? Entonces supongo que los soberanistas quieren coronar a un mesías; o dicho sea, coronar a un Mas, un Pujol o a quien sea para que reine en la finca. Pero es que además, el dislate, que no hay por donde cogerlo, implicaría la existencia de soberanistas; pero que tampoco son soberanistas porque se les ha pasado el arroz con la Edad Media, Así que ¿no deberíamos llamarlos sedicionistas? Y los sedicionistas, en el momento en que lo son, dejan de pertenecer a la sociedad civil para convertirse en sociedad política. Así que no es verdad el mito de que el procés está apoyado por la sociedad civil porque no son sociedad civil, son una organización política.

Así que entérense insignes señores tertulianos y periodistas por si no lo saben, que la sociedad civil es aquella que no es política, ni militar ni religiosa. Así que el mito tan traído hasta en los medios nacionales sobre que existe un movimiento civil apoyando “el procés” es más falso que una moneda de madera. Todo lo contrario, se trata de un potente movimiento político dirigido por distintas organizaciones subvencionadas con dinero público que les da el Estado; y con ello formando parte del Estado. Por lo tanto, son organizaciones organizaciones estatales y no organizaciones culturales las que dan apoyo logístico y organizativo a la sedición.

Pero al engaño calculado con las palabras le sumamos las tomaduras descaradas de pelo, porque, ¿qué tontería es esa que le cuenta Mas al tribunal? con "el Tribunal Constitucional no me avisó de que estaba prohibido lo que hacía". Pero, ¿dónde la han regalado el título en derecho a Mas?, que no sabe algo tan elemental como que desconocer las leyes no te exime de su cumplimiento.

Pero el colmo, señores periodistas, es que le hagáis la ola a semejante cadena de dislates entrando al trapo con lo de los partidos constitucionalistas y no constitucionalistas. Ahora lo veremos.


Al principio nos hemos preguntado de qué estaban juzgando a estos señores, pues los están juzgando por haber trasgredido la Constitución; como si España fuese España porque lo dice la Constitución. Eso implicaría el absurdo planteamiento de que antes de 1978 España no existía, y fue la Constitución la fundadora de nuestra nación, olé. Así, los partidos que apoyan la Constitución serían partidos que apoyan la unión de España y los otros partidos quieren romperla. De ahí lo de partidos constitucionalistas y no constitucionalistas ¡Dios mío! Como deroguen la Constitución España dejaría de existir, siguiendo las tonterías que nos dicen ideólogos catalanes proclives a la secesión, toda esa ensalada de dislates admitida por los políticos y los medios de comunicación. Pues mira, eso que llaman el problema catalán, que solo significa problema para la casta catalana (que vive del  problema), y los estómagos agradecidos (que también viven del problema) quedaría resuelto con solo derogar la Constitución. España dejaría de existir y los españoles desapareceríamos como en el mundo de matrix. Y en esta locura, si seguimos intentando buscar un hilo de lógica en este embrollo acabaremos todos desquiciados, así que para centrarnos hemos de admitir que los juzgan por infringir artículos de la Constitución, y no por querer separarse de España como nación mediante la sedición y la traición a España. Y si queremos centrarnos ante tanta desinformación, no perdamos jamás de vista que España es nación por sus usos y costumbres, y que España no es un concepto discutido y discutible. Y nunca olvidemos que toda esta pantomima es para evitar la cruda realidad y el código penal. Y tampoco olvidemos los motivos por los que no se aplica: España no es una democracia, es una partitocracia y el poder no lo tiene un representante del pueblo sino que está diluido entre las distintas oligarquías (castas). Por eso necesitan consensos y por ello quien ejerce de presidente no puede tomar decisiones. En EE. UU. o Francia es impensable algo así porque el inmenso poder de un Presidente elegido por un sistema democrático de verdad es un elemento suficientemente disuasorio para que a nadie se le pase por la imaginación la traición a la nación. Si un gobernador de cualquier estado de USA se le ocurriera proponer separarse de la nación el Presidente tardaría cinco minutos en enviarle a la Guardia Nacional y arrestarlo. Después, ya veríamos cómo actuaría la justicia. Pero de momento, su nueva mansión sería una cárcel federal. Nosotros tenemos un código penal muy bonito, por cierto. Pero ciertas partes de ese Código Penal no dejarán de ser papel mojado mientras la justicia no sea igual para todos. A saber:
Artículo 545.

1. Los que hubieren inducido, sostenido o dirigido la sedición o aparecieren en ella como sus principales autores, serán castigados con la pena de prisión de ocho a diez años, y con la de diez a quince años, si fueran personas constituidas en autoridad. En ambos casos se impondrá, además, la inhabilitación absoluta por el mismo tiempo.

2. Fuera de estos casos, se impondrá la pena de cuatro a ocho años de prisión, y la de inhabilitación especial para empleo o cargo público por tiempo de cuatro a ocho años.

Artículo 548.

La provocación, la conspiración y la proposición para la sedición serán castigadas con las penas inferiores en uno o dos grados a las respectivamente previstas, salvo que llegue a tener efecto la sedición, en cuyo caso se castigará con la pena señalada en el primer apartado del artículo 545, y a sus autores se los considerará promotores.

Más claro, agua.





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