Erin Pizzey: “Las feministas han convertido la violencia domestica en una gran industria”



Erin Pizzey
Erin Pizzey nació en 1939. En 1971, fundó el primer refugio para mujeres nacional e internacionalmente reconocido, en Chiswick, una zona de los alrededores de Londres (Reino Unido). Su organización se expandió y pasó a incluir muchas casas y una organización en crecimiento, que hoy en día se conoce en Reino Unido como “Refuge". Poco después de fundar su organización, empezó a ser objetivo de protestas públicas y de amenazas de muerte.



Tras haber sido una figura clave del movimiento feminista de la década de 1970, y tras haberse convertido en una de las principales críticas de estas organizaciones, terminó por huir de Inglaterra con sus hijos, después de que los insultos, las intimidaciones y las agresiones culminaran con la muerte de su perro por un disparo. A pesar de todo, Erin Pizzey nunca ha dejado de lado su trabajo defendiendo a las víctimas de la violencia doméstica, y finalmente regresó al Reino Unido.



Autora de varios ensayos, sus libros más conocidos son “Grita más bajo o lo oirán los vecinos” o “El terrorista emocional y la propensión a la violencia” (ninguno de sus textos está traducido al español), y ha sido una de las responsables de que la violencia doméstica se haya convertido, a nivel mundial, en una cuestión de máxima visibilidad.



Pero Erin Pizzey, pionera en la defensa de las mujeres maltratadas por sus parejas masculinas, también ha sido pionera en otra cuestión: en denunciar que la violencia doméstica no tiene sexo y en decir alto y claro que este tipo de violencia también suele ejercerse en sentido inverso, de la mujer al hombre. Nuevamente, esta afirmación le ha costado múltiples amenazas, campañas de boicot e insultos públicos.



Lo que sigue a continuación son algunas de las opiniones más relevantes de Erin Pizzey, recogidas por el escritor Dean Esmay en una larga conversación que mantuvo hace algunos meses con la activista británica.



“Siempre he intentado contar la verdad sobre los inicios (del movimiento feminista). Yo fui una de las pocas personas de Inglaterra que se involucró con el movimiento de las mujeres, y lo que vi allí… supe perfectamente que iba a ser extremadamente destructivo. Y empecé a plantarles cara en estas grandes reuniones colectivas… Es interesante el hecho de que había muchas mujeres estadounidenses que venían con instrucciones de enseñar a las británicas a ser feministas radicales. Es un grupo que da bastante miedo, y me gritaron mucho, en parte porque dije que muchas mujeres como yo, casadas, con o sin hijos, estábamos más que contentas de tener la opción de quedarnos en casa. Bueno… a finales de aquel año… me llevó diez años que se publicara mi libro (“Grita más bajo o lo oirán los vecinos”), lo rechazaron todas las editoriales grandes de este país (Gran Bretaña). Y finalmente, Peter Owen, una pequeña editorial muy buena, acordó publicarlo. Y han hecho un trabajo magnífico. Y no es más que la pura verdad sobre lo que ocurría detrás del movimiento… del movimiento feminista”.



“Desde un comienzo, lo que vi que sucedía en estos grandes colectivos (feministas) era, básicamente, marxismo. Estábamos organizadas en grupos en nuestros propios hogares y nos decían que debíamos celebrar sesiones de concienciación. Y recuerdo a la mujer que vino a nuestra sesión de concienciación; cuando terminó, dije: “Esto no tiene nada que ver con la mujer, esto es marxismo. ¿Se supone que tenemos que trabajar a tiempo completo y dejar a nuestros hijos a cargo del Estado (como ocurría con el gobierno comunista), ¿y a esto lo llamamos liberación? No tardaron mucho en expulsarme, y abrí un centro comunitario para madres y niños. Y entonces supe, una vez llegaron las donaciones, una vez la prensa se hizo eco del asunto, porque mi refugio en ese momento estaba lleno, supe perfectamente que se aproximaba el sonido de las botas feministas, que venían a secuestrar toda la industria de la violencia doméstica y a convertirla en una industria millonaria. Y es lo que han hecho”.



“La mayoría (de las mujeres) no sabe nada en absoluto sobre los inicios del movimiento (feminista). Y lo que digo, sencillamente, es que los inicios del movimiento femenino se produjeron hace mucho, cuando muchas mujeres luchaban por los derechos de la gente, de los estadounidenses, para acabar con el ‘apartheid’ que tenía lugar en ese momento. Cuando terminaron de manifestarse por el movimiento de los derechos civiles (y hay una historia entera sobre eso que puedes leer), volvieron y decidieron que las mujeres de izquierdas querían tener su propio movimiento. Así que el objetivo, en vez de ser el capitalismo, porque todos los movimientos de izquierdas estaban en contra del capitalismo, se cambió al patriarcado. Todo era culpa de los hombres, del poder que los hombres tienen sobre las mujeres. Y la segunda parte del argumento era que todas las mujeres son víctimas de la violencia de los hombres, que se debe al patriarcado. Y eso es una patraña. Porque sabemos, y toda la gente de este mundillo lo sabe, que tanto el hombre como la mujer pueden ser violentos en una relación de pareja. Y eso se ha demostrado en absolutamente todos los estudios del mundo occidental. Todo este tiempo, 40 años, hemos vivido una gran mentira propagada por estas feministas, que básicamente han creado una enorme industria millonaria en todo el mundo, y les han cerrado la puerta en las narices a los hombres. Ningún hombre puede trabajar en un refugio; ningún hombre puede formar parte de una junta; los chicos de menos de 12 años a menudo no pueden entrar en el refugio. Las madres tienen que tomar una decisión muy difícil sobre qué hacer”.



“Las estadísticas británicas muestran que la violencia doméstica se reparte casi equitativamente entre hombres y mujeres. Da igual lo mucho que lo digas o que lo señales. Goebbels dijo que si cuentas una mentira el tiempo suficiente, puedes lavarle el cerebro a toda una comunidad. Y eso es lo que ha pasado”.



“Dos personas de mi junta directiva, o más bien tres o cuatro, eran millonarias. Y eran muy protectoras con las mujeres. Y cuando les muestras el hecho de que los hombres necesitan la misma protección, cierran herméticamente el bolsillo. Y lo que hice, como no podía mantener abierta la casa ya que ninguno teníamos dinero, fue que una mujer muy amable creó tiendas benéficas. Las llamamos Men’s Aid, y empleaban a un hombre para que fuese a visitar a todos los hombres que querían hablar con nosotros”.



“Hice un viaje de seis semanas por todo Canadá con la senadora Anne Cools. Y había varios grupos masculinos magníficos (había uno en Windsor que era maravilloso), que estaban luchando para poder continuar. Y mientras viajábamos y hablábamos con los grupos de hombres, nos dimos cuenta de lo terriblemente peligroso que es; es como si en todo el Gobierno y el sistema judicial se hubieran infiltrado feministas muy radicales, con el objetivo de ir a por los hombres. Hablé con gente por todo Canadá. Sabes que mi madre era canadiense y que yo soy medio canadiense, y me dolió, la verdad. En Toronto yo era una niña, y lo que sentí cuando pasamos por allí fue auténtico miedo. Recuerdo que estaba trabajando con Anne en el Senado, entré en el ascensor y había un hombre encogido en una esquina del ascensor. Y cuando salí le pregunté a Anne a qué demonios venía aquello. Y me dijo: ‘Los hombres tienen miedo. Sencillamente, no saben cuándo les van a acusar de acosar sexualmente a alguien’”.



“Lo único que puedo decir es… para empezar, cuando las relaciones salen mal, probablemente lo más devastador que puede pasar es que la mujer suele quedarse con los niños, y el hombre se ve de repente expulsado de la familia. Y se le deja fuera. La ley lo deja fuera. Y creo que lo más trágico es que en este momento, nadie escucha. Pero sí que entiendo lo que has dicho sobre que la situación está mejorando, porque creo que tu análisis es correcto. Y creo que llegará un momento crítico en el que la verdad sobre todo esto saldrá a la luz, y lo único que podemos hacer, los que realizamos este trabajo, es seguir y seguir trabajando. Y espero que en lo que me queda de vida veamos refugios, compasión y cuidados para todo el mundo, especialmente para los niños, porque se trata de un problema generacional. Y si no salvamos a los niños de esta generación, crearemos otra generación de violencia y de personas desesperadas”.



“Algunas mujeres y algunos hombres se autolesionan voluntariamente. No se trata de algo exclusivo de las mujeres ni de los hombres; es lo que aprendes durante la infancia. Muchas de esas mujeres con las que trabajo tienen graves trastornos de la personalidad. Igual que los hombres. Y cualquier persona que se relacione con ellos, incluso por accidente, va a verse afectada… son un huracán. Porque la pareja tarda un tiempo en darse cuenta de dónde se ha metido”.



“Lo habéis hecho desde el principio de los tiempos. La mujer ha evolucionado para alimentar y cuidar a sus hijos y el ambiente familiar. Por eso es la que recoge la comida, la recolectora, pero no ara los campos. Los hombres han salido y han traído el bacon a casa, carne de oso o lo que sea. Lo que no es sano es… En un mundo ideal, una madre y un padre bajo un mismo techo con su hijo es la mejor forma de educarlo: cuidado por los dos progenitores. Es verdad que otras personas pueden cuidar al niño, pero el vínculo biológico entre la madre y el padre es lo mejor que puedes ofrecerle a tu hijo”.

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